Nuestras emociones pueden ser nuestra mayor fortaleza o nuestra peor debilidad. Todo depende de cómo las manejamos” 

Daniel Goleman

Las emociones tienen una gran importancia y utilidad en nuestras vidas, pero antes de sumergirnos en su función quiero lanzar una pregunta que a simple vista parece muy fácil responder, ¿Qué son las emociones? Si os digo que la emoción se define como un estado complejo multifactorial que se traduce en cambios físicos y psicológicos que a su vez influyen de manera importante en el pensamiento y la conducta de la persona, tal vez os quedéis como estabais, sin respuesta. Suavizaré la definición de tal forma que resulte más entendible, una emoción es un estado afectivo que experimentamos, una reacción subjetiva al ambiente que viene acompañada de cambios a nivel fisiológico, cognitivo y conductual, influidos por la experiencia. Por ejemplo, si vamos por la calle tranquilamente y aparece un perro de raza peligrosa que nos comienza a gruñir enseñando sus majestuosos dientes es casi seguro que experimentaremos miedo, esta emoción hará que nuestro organismo se active (nivel fisiológico), nuestro corazón se acelere y nuestra sangre comience a fluir más rápido hacia nuestras piernas, nuestra mente también se activa (nivel cognitivo) y pensaremos “me va a morder, tengo que hacer algo” y nuestra respuesta será echar a correr sin mirar atrás (nivel conductual).

EMOCIONES BÁSICAS

Las emociones básicas son como los colores primarios del arcoíris que al mezclarse genera una gama muy amplia de variados colores y matices dando lugar a emociones más complejas.

Alegría: Algunos la llaman júbilo, contento o gozo. La alegría es causada por un motivo placentero y, por eso, es sumamente agradable. A diferencia de la felicidad, la alegría es de corta duración. Sin embargo, uno puede tener muchísimos ratos alegres durante el día. Esta emoción nos invade de placer, nuestra energía aumenta haciendo que nos den unas ganas enormes de ponernos hacer cosas y nuestra manera de pensar es más positiva. La alegría se contagia fácilmente, nos hace sentirnos bien, porque parece que todo está en sintonía con la vida. Lo contrario de alegría es tristeza.

Tristeza: La tristeza es el velo que nos empaña la vida y la viste de gris, es la emoción de la perdida, de la pena y del daño. Hace que nuestra energía se desplome, perdemos hasta el apetito, nos volvemos más pesimistas y se nos quitan las ganas de hacer cosas que nos gustan. Nos sentimos tristes cuando nos decepcionan o perdemos algo que era importante para nosotros, la tristeza es parte de la compasión.

Enfado: También se le llama rabia, cólera o furia. La ira nos domina y se va casi sin que nos demos cuenta. Por lo general, puede adueñarse de nosotros en situaciones que consideremos injustas o que atentan contra nuestro bienestar. La ira es el producto de la diferencia entre un estado que se ha producido y otro que nos hubiera gustado que se hubiera producido en su lugar. Por otro lado, el estado de ánimo al que da paso habitualmente es al de la frustración.

Miedo: También conocido como temor, es la emoción del peligro y la amenaza. El miedo aparece cuando crees que vas a sufrir daño, crece muchísimo, se convierte en terror y entonces parece que vas a perder el control. El miedo tiene que ver con un instinto primario de supervivencia, sentimos miedo cuando creemos que nada va a salir bien. El miedo puede provocarnos tres respuestas, salir corriendo, atacar o paralizarnos. Nuestros ojos se agrandan para ver mejor, el corazón se acelera enviando más sangre a nuestras extremidades para prepararnos y poder huir.

Sorpresa: Es la emoción del sobresalto, es la más neutra de entre todas las emociones básicas, es de corta duración y antecede a otras emociones. Aparece cuando sucede algo que no esperábamos y desaparece con la misma rapidez con la que apareció.

Asco: Es el desagrado que nos causa algo que consideramos repugnante o desagradable. Resulta útil, pues nos mantiene alejados de sustancias que pueden hacernos daño, tiene función protectora. Subjetivamente, el asco ocasiona la necesidad de evitación o alejamiento de aquello que lo provoca. Si el estímulo es oloroso o gustativo aparecen sensaciones gastrointestinales desagradables, tales como náuseas, mareos.

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¿PARA QUE SIRVEN?

Todos experimentamos emociones a lo largo del día, pero ¿sabemos en realidad cual es la función de cada una de ellas? Todas las emociones tienen tres funciones que las convierten en útiles y beneficiosas.

  • Función adaptativa: Es quizás la función más importante ya que las emociones preparan al organismo para que lleve a cabo eficazmente una conducta exigida por el ambiente, movilizando la energía necesaria para ello, dirigiendo la conducta hacia un objetivo determinado.
  • Función social: Puesto que una de las funciones principales de las emociones es facilitar la aparición de las conductas apropiadas, la expresión de las emociones permite a los demás predecir el comportamiento asociado con las mismas, lo cual tiene un indudable valor en los procesos de relación interpersonal. Destacar varias funciones sociales de las emociones, como son las de facilitar la interacción social, controlar la conducta de los demás, permitir la comunicación de los estados afectivos, o promover la conducta prosocial.
  • Función motivacional: La relación entre emoción y motivación es íntima, ya que se trata de una experiencia presente en cualquier tipo de actividad que posee las dos principales características de la conducta motivada, dirección e intensidad. La emoción energiza la conducta motivada. Una conducta “cargada” emocionalmente se realiza de forma más vigorosa. La relación entre motivación y emoción no se limita al hecho de que en toda conducta motivada se produzcan reacciones emocionales, sino que una emoción puede determinar la aparición de la propia conducta motivada, dirigirla hacia determinado objetivo y hacer que se ejecute con intensidad. Podemos decir que toda conducta motivada produce una reacción emocional y a su vez la emoción facilita la aparición de unas conductas motivadas y no otras.

Veamos la importancia de la función adaptativa de cada una de las emociones básicas.

Alegría: Sirve para incrementar la capacidad de disfrutar de diferentes aspectos de la vida, de generar actitudes positivas tanto hacia uno mismo como hacia los demás, lo cual a su vez favorece la aparición del altruismo y la empatía; establece nexos de unión entre las personas y favorece las relaciones interpersonales; dota a la persona de sensaciones de vigorosidad, competencia, trascendencia y libertad; y favorece los procesos cognitivos, de aprendizaje y memoria, aumentando la curiosidad y la flexibilidad mental.

Tristeza: Una de las funciones esenciales de la tristeza tiene connotaciones sociales, de tal suerte que la expresión de dicha emoción es interpretada como una petición o demanda de ayuda a los otros miembros del grupo o de la sociedad. De esta forma, se incrementa la cohesión social y la unión entre los miembros del grupo, fomenta la conducta de ayuda o conducta altruista. Otra función importante de la tristeza tiene connotaciones personales, ya que, siendo la emoción más reflexiva que existe, permite que la persona haga introspección, realice un análisis personal acerca de su situación, su futuro y su vida en general. Dicha reflexión empuja al individuo a desatender ciertos estímulos del entorno que habrían sido relevantes en otra ocasión, y a centrarse en aquello que le afecta en ese momento. Es decir, la atención es dirigida hacia la eventual solución de su actual situación, realizando los ajustes necesarios para seguir llevando a cabo una vida adaptativa y saludable.

Enfado: Aunque no lo parezca la ira también tiene su función adaptativa en nuestras vidas. La ira nos energiza, nos provee de fuerza para acometer tareas que nos resultan difíciles, es la precursora de la autodefensa. Nos ayuda a defender nuestros derechos y puntos de vista ante los demás. Nos ayuda a resolver conflictos, expresar la ira de forma adecuada hace que nuestros sentimientos negativos se desvanezcan. Nos proporciona información sobre situaciones y personas, la ira como señal de alarma nos informa de situaciones injustas, amenazantes y frustrantes, y por tanto nos ayuda a buscar planes alternativos de acción para gestionar estas situaciones.

Miedo: La principal función del miedo se relaciona con la adaptación y la supervivencia. Nos proporciona protección, sirve para facilitar la aparición de respuestas de escape o evitación ante situaciones peligrosas, focaliza la atención casi exclusivamente en el estímulo temido facilitando que el organismo reaccione rápidamente ante el mismo y moviliza una gran cantidad de energía, lo que permitirá ejecutar respuestas de manera mucho más intensa y rápida. No obstante, también puede producirse una respuesta de bloqueo, probablemente como consecuencia de la incapacidad de la persona para encontrar y/o ejecutar una de las distintas conductas que podría llevar a cabo en ese momento. En este caso, la respuesta deja de ser adaptativa.

Sorpresa: Sirve para facilitar la aparición de la reacción emocional y comportamental apropiada ante situaciones nuevas, para lo cual, elimina la actividad residual en el sistema nervioso central que pueda interferir con la reacción apropiada ante las nuevas exigencias de la situación sorpresiva; también facilita la dirección de los procesos atencionales y dirige los procesos cognitivos a la situación novedosa.

Asco: Tiene como función esencial tratar de proteger al organismo de la ingestión de alimentos en malas condiciones; proteger de la ingestión de cualquier forma de alimento que pueda resultar desagradable, no placentera y perjudicial para la integridad de ese individuo. El asco ha ido evolucionando con la cultura y la sociedad y también puede encontrarse enraizada en todo aquello que supone una amenaza a los valores y pautas morales.

Hasta aquí el viaje por las emociones básicas y su funciones, próxima parada ¿Cómo gestionar de forma adecuada las emociones?

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