Miedo y ansiedad siempre han estado ahí.

“El conocimiento es poder”, es algo que en Amadag repetimos insistentemente, y es que saber con propiedad que es lo que nos ocurre, poder ponerle nombre, etiquetar correctamente nuestras emociones, consideramos, es fundamental para que las personas puedan iniciar y mantener un correcto recorrido con sus problemáticas.

Hoy hablaremos sobre miedo y ansiedad. ¿Son lo mismo estos dos términos?

Aunque miedo y ansiedad son dos términos que “se dan la mano” éstos presentan diferencias.

En primer lugar, tenemos al miedo, una emoción primaria, es innata y nos acompaña sin que un aprendizaje previo haya tenido que existir, es decir, “viene de fábrica” y podemos darnos por contentos por contar con esta emoción que tan desagradable nos ha podido resultar en algunas ocasiones, sin el miedo, ni si quiera estaríamos aquí. El miedo ha permitido a los seres humanos contar con una herramienta de alerta ante el peligro. El sistema nervioso simpático se activa y prepara al organismo ante el peligro. Si no contásemos con esto, podríamos quedarnos quietos y contemplativos ante el ataque de un león. El miedo nos protege.

Por otra parte, tenemos a la ansiedad, otra emoción necesaria y adaptativa. Surge también ante situaciones que percibimos o interpretamos como peligrosas y moviliza a nuestro organismo para mantenerle alerta y prepararle para actuar ante un estímulo que interpretamos como amenazante o peligroso.

Como podemos ver, a simple vista, parecen términos sinónimos. Con tantas cosas en común que podemos descubrirnos utilizándolos indistintamente.

Entonces… ¿En que se diferencian el miedo y la ansiedad?

Aunque tanto el miedo como la ansiedad son fruto de valoraciones cognitivas, es decir, de la interpretación que realizamos cada uno de la información que recibimos (no todos tenemos miedo a las mismas cosas ni sentimos ansiedad ante los mismos estímulos), la ansiedad parece tener una causa mucho más subjetiva y difusa. La ansiedad es una emoción mucho más dirigida al futuro, más relacionada con la incertidumbre y con el futuro incierto al que nos enfrentamos. Por el contrario, el miedo es una emoción mucho más centrada en el presente, resultante del estímulo que se presenta. El miedo está ligado a estímulos concretos, la ansiedad no, o al menos no tiene por qué.

La ansiedad necesita del miedo para vivir, es causa y efecto de éste.

Estos dos términos se retroalimentan, y podemos verlo fácilmente en el funcionamiento de una fobia. El sujeto fóbico, tiene miedo a un determinado estímulo (por ejemplo, a hablar en público), cada vez que se enfrenta a él surge la ansiedad, la ansiedad le da miedo (pues sufre una serie de síntomas muy desagradables) y así el miedo vuelve a aumentar.

En terapia será fundamental trabajar estos dos términos como independientes, abordando lo que se esconde detrás de ellos, con el objetivo de romper la cadena que acabamos de mencionar.

Enfrentar a un paciente a un estímulo fóbico para superar su miedo, sin enseñar a manejar y entender la ansiedad, carecería de sentido, porque como hemos dicho, estos, aunque puedan parecernos iguales, tienen sus diferencias y, por tanto, como diferentes hemos de tratarlos.

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