¿Que entendemos por trastornos de ansiedad?

 

Todos podemos sentir miedo, es una emoción que de forma natural los animales poseemos por aversión a lo que nos puede amenazar para sobrevivir, independientemente de la especie y del lugar del planeta donde nos encontremos; por ello se la considera una emoción básica y universal. Cuando se presenta, y su intensidad se corresponde con la intensidad y características de lo que nos amenaza el miedo nos servirá como mecanismo adaptativo, sin embargo, si al experimentarlo no hallamos esa correspondencia, se puede convertir en un verdadero trastorno para nuestra vida, es en estos casos cuando hablamos de ansiedad.

¿Cuáles son las bases de los trastornos de ansiedad?

 

Los trastornos de ansiedad son los que comparten características de miedo y ansiedad excesivos y persistentes:

  • El miedo tiene más que ver con una respuesta emocional a una amenaza inminente (real o imaginada), que activará nuestro sistema nervioso para defendernos o huir de ella, y desarrollaremos pensamientos de peligro inminente y comportamientos de huida.
  • La ansiedad sin embargo es una respuesta anticipatoria a una amenaza futura, que aún no se ha dado y que, quizás, no llegue a darse. Nos provoca tensión muscular, un estado alto de vigilancia en el que buscaremos cerciorarnos de la existencia de un peligro futuro, comportándonos cautelosos y evitativos.
  • Otro componente que suele acompañar a los trastornos de ansiedad (aunque también se pueden dar en otros trastornos) son los ataques de pánico, que aparece como un tipo de respuesta al miedo particularmente intenso.

¿Qué caracteriza a los trastornos de ansiedad?

 

  • Se distinguen del estrés, ansiedad o miedo puntual por ser duradero en el tiempo: hablamos de vivir durante seis o más meses (aunque en la infancia pueden ser períodos inferiores) con esas sensaciones intensas de amenaza inminente y futura.
  • Muchos de los trastornos de ansiedad se desarrollan en la infancia y tienden a persistir si no se tratan.
  • La persona sobreestima el peligro de las situaciones que teme.
  • Intentar huir o evitar las circunstancias que provocan síntomas y pensamientos de ansiedad, suele ser una estrategia usada frecuentemente para aliviar a corto plazo las sensaciones de malestar.
  • Cada trastorno de ansiedad se diagnostica por un profesional sólo cuando los síntomas fisiológicos que experimenta la persona no se pueden atribuir a efectos de sustancias o medicamentos, u otras afecciones médica

¿Qué trastornos de ansiedad existen?

 

Habiendo dado un repaso por las cuestiones generales que tienen en común, es el momento de dar unas breves pinceladas de cada uno de los trastornos de ansiedad que existen actualmente recogidos en el DSM-V, la última versión de uno de los manuales de referencia para todo profesional de la salud mental.

Tengamos en cuenta que los trastornos de ansiedad se diferencian entre sí según el tipo de objetos o situaciones que inducen al miedo, la ansiedad o conductas evitativas, y los pensamientos y creencias asociadas a ellos; así que atendiendo a esto tenemos los siguientes (si quieres saber más sobre un trastorno en concreto, haz click en el título, y te llevaremos al sitio correspondiente):

La persona que está pasando por este problema tiene miedo o ansiedad excesiva y constante a que las personas por las que sienten vinculados se separen de ella. Generan tal estado de ansiedad porque a menudo tienen presentes los posibles daños que pueden sufrir los más apegados (una enfermedad, un accidente…) o ellos mismos (perderse, ser raptados o atacados…), lo que les lleva a imaginarse situaciones en las que terminan separándose de ellos definitivamente y/o perdiéndoles.

La preocupación por el bienestar o la muerte de sus seres queridos es tan persistente que pueden tener pesadillas relacionadas con ello y síntomas físicos de angustia (dolor de cabeza o de estómago, náuseas, vómitos…). Por lo que muchos de ellos se resistirán a alejarse de casa o salir del entorno que encuentren seguro, rechazarán ir a sitios solos, incluso puede que deseen evitar dormir o permanecer en una habitación sin sus figuras de apoyo; y cuando se dé tal separación, continuamente querrán conocer el paradero de la persona ausente, y se pegarán como si fuesen su sombra y no se separarán de ella en cuanto les sea posible.

A pesar de que se desarrolle mayoritariamente en la infancia (podríamos estar hablando de ansiedad por separación si esto sucede durante más de un mes), también se da en la edad adulta.

 

2 Miedo a hablar en público. (Pánico escénico)

En estos casos generalmente las personas poseen unas habilidades lingüísticas normales, pero cuando se encuentran con personas que no forman parte de su círculo más íntimo y tienen que interaccionar con ellos, no inician el diálogo o no responden a los demás. Suelen ser extremadamente tímidos, y aunque desean contactar con los demás, tienen un miedo atroz a ser humillados o aislados; por lo que las situaciones sociales les genera una gran carga de ansiedad que les bloquea e impide una comunicación satisfactoria, reaccionando a veces con irritabilidad o negativismo.

Suele conllevar importantes consecuencias en los ámbitos académico o laboral, o bien altera la comunicación social informal habitual. Pese a ello, a veces hacen uso de lenguaje no verbal (gruñidos, señalan, escriben…) para comunicarse, o desean participar en encuentros sociales, siempre y cuando sepan de antemano que no van a tener que intervenir.

La persona desarrolla un miedo desproporcionado y persistente en el tiempo hacia objetos o situaciones específicas, como a ciertos animales, entornos naturales, sangre / inyecciones / heridas, a las alturas, volar, vomitar o atragantarse, etc. Los niños pueden expresar su ansiedad a través de llantos, rabietas, quedarse paralizados o aferrarse, mientras que los adultos pueden desarrollar una crisis de pánico.

Aunque suelen reconocer que sus reacciones son más intensas del peligro real que conllevarían, como tienden a sobreestimar el peligro, en la práctica sienten miedo. Un miedo que suele variar de intensidad según la distancia o proximidad al objeto o situación determinada, llegando a sentir síntomas de ansiedad de forma inmediata si se le presenta o creen que puede darse la ocasión.

Para intentar no sentir estas experiencias desagradables llevarán a cabo intencionadamente comportamientos destinados a prevenir o minimizar el contacto, lo que hace que terminen evitando pasar por lugares concretos como puentes o parques, rechacen trabajos relacionados con viajar en avión, se nieguen a ir al médico o disminuyan su ingesta diaria de alimentos, entre muchos otros posibles, pudiendo en algunos casos deteriorarse enormemente su calidad de vida.

La fobia social, se caracteriza por ser un miedo muy intenso, en respuesta a las situaciones sociales, en las cuales se ha de interaccionar con los otros.

Las situaciones que se temen se tienden a evitar, por lo que la fobia interfiere de forma muy grave en la vida de las personas. No estamos hablando de una simple timidez, que cualquiera de nosotros, puede experimentar en ciertas ocasiones, hablaríamos, quizás de una timidez extrema que impediría el transcurso cotidiano de la vida de la persona.

Uno de los trastornos de ansiedad más frecuentes. La persona experimenta recurrentes e inesperadas crisis de pánico, que se caracterizan por la aparición repentina de una oleada de miedo y malestar intensos que alcanza su nivel máximo en cuestión de minutos, acompañadas de síntomas físicos (como palpitaciones, sudor, temblor, escalofríos, sensación de ahogo o malestar abdominal entre otros) y pensamientos o interpretaciones de peligro (como miedo a morir, o miedo a perder el control o volverse loco). Las crisis de pánico pueden ser esperadas, en respuesta a objetos o situaciones típicamente temidas, o crisis inesperadas, que parecen ocurrir de la nada o sin razón aparente, incluso despertando de un sueño nocturno en estado de pánico.

Las personas que lo experimentan se muestran continuamente intranquilas por las consecuencias que puedan tener las crisis de pánico en sus vidas: temiendo que puedan ser anuncios de una enfermedad no encontrada (a pesar de las revisiones médicas) que pueda poner en peligro su vida, o creyendo que indican que uno se está volviendo loco, que se está perdiendo el control o que supone cierta debilidad emocional, sintiendo vergüenza o miedo a ser juzgados negativamente por los demás.

Estarán tan preocupadas por tener nuevas crisis de angustia que pueden cambiar de manera desadaptativa su comportamiento, restringiendo muchas de las actividades que antes eran habituales para intentar minimizar o evitar nuevos ataques de pánico: negándose a hacer actividades como ejercicio físico o acudir a situaciones desconocidas, reorganizando su vida diaria y actividades para asegurarse de que dispondrán de ayuda en todo momento por si acaso se repitiese… Las crisis de pánico pueden desarrollarse en cualquier trastorno de ansiedad, por lo que deberá ser un especialista el que determine si se trata únicamente de un trastorno de pánico o está asociado a otros.

La característica esencial de la agorafobia es que la persona vive un intenso miedo o ansiedad a exponerse (o ante la posibilidad de hacerlo) a dos o más de las situaciones que siguen: usar del transporte público (buses, trenes, barcos, aviones, etc.), estar en espacios abiertos (plazas, o parajes extensos por ejemplo), encontrarse en lugares cerrados (tiendas, teatros, cines…), estar de pie haciendo cola o un en una multitud, o encontrarse solos fuera de casa.

Temen encontrarse en estos contextos porque creen que pueden desarrollar síntomas similares a los de las crisis de pánico u otros síntomas que les incapaciten o humillen frente a los demás (como marearse, miedo a caerse, vomitar o desorientarse), valorando las circunstancias como lugares en los que sería difícil escapar o no podrían disponer de ayuda para hacer frente al pánico.

Así que paulatinamente irán concibiendo las distintas situaciones en las que se puedan encontrar como “seguras” o “inseguras”, decidiendo evitar estas últimas ya que casi siempre les inducen a la ansiedad, y si no las evitan, procuran prevenir o minimizar el impacto del miedo yendo acompañados de personas con las que tengan mayor sensación de seguridad. Lo que supone un arma de doble filo, porque cuando la evitación es desproporcionada puede llegar a ser tan grave que la persona se quede confinada en casa.

Las características principales del trastorno de ansiedad generalizada son una ansiedad constante y una preocupación excesiva sobre varios acontecimientos o actividades a menudo rutinarios en su vida, como las responsabilidades el trabajo, la salud suya o de las personas cercanas, las finanzas, o asuntos de menor importancia como tareas del hogar o llegar tarde a una cita, por ejemplo. Estas preocupaciones son desproporcionadas con respecto a la probabilidad o impacto real de las circunstancias anticipadas, y les resultan muy difícil de controlar, pudiendo incluso trasladar sus temores a objetos o cambiar su foco de unas situaciones a otras.

En el mundo de los trastornos de ansiedad, se considera que la ansiedad es generalizada cuando las preocupaciones son tan excesivas que terminan influyendo en el funcionamiento de la vida cotidiana de la persona; ésta no las percibe como manejables y no considera aplazarlas si surgen otros asuntos más urgentes, son más penetrantes y angustiosas, duran más y se pueden dar sin desencadenantes. Además, aunque la persona no lo asocie muchas veces con las preocupaciones y el malestar subjetivo que éstas le provocan, experimenta síntomas físicos, como inquietud o sensación de excitación o nerviosismo, fatiga fácil, dificultad para concentrarse o mente en blanco, irritabilidad, tensión muscular y alteraciones del sueño.

8. Trastorno de ansiedad inducido por sustancias/medicamentos

Aquí los ataques de ansiedad o pánico son predominantes y se consideran causados por los efectos de una sustancia, por ejemplos drogas de abuso, medicamento u otras sustancias tóxicas; está incluida la ansiedad debida a una intoxicación o retirada de sustancias o tratamientos médicos. La ansiedad se presenta durante o poco después de la intoxicación o abstinencia a la sustancia, y una vez interrumpido el tratamiento los síntomas de pánico van remitiendo a lo largo del primer mes.

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