SOS tengo un ataque de pánico

Un ataque de pánico es episodio súbito e inesperado de miedo y ansiedad intenso, donde sentimos que el corazón y la respiración se aceleran, los músculos se tensan, sudamos, tenemos miedo a volvernos locos, perder el control e incluso a morir de forma repentina. Son síntomas propios de la respuesta de ansiedad, y se activan cuando interpretamos que una situación constituye una amenaza contra nuestra integridad física, psicológica o social.

Esta reacción física es natural, y en la mayoría de los casos no le daremos importancia. Sin embargo, en ocasiones, hay personas que desarrollan un intenso temor a volver a experimentar una crisis, generando en ellos unas emociones y conductas desadaptativas. Esto es lo que se suele denominar miedo al miedo, es decir, miedo a la propia respuesta de ansiedad asociada al miedo. En estos casos se considera que la persona sufre un trastorno de pánico.

Comprendiendo el esquema del ataque de pánico

Imaginaos que tenéis un examen muy importante al que enfrentaros, ante esta situación es complemente corriente que sintamos ansiedad, notemos que nuestro corazón se acelera, nos suden las manos y la respiración se agite, hasta aquí no hay problema. Pero… ¿Qué ocurre cuando focalizamos nuestra atención hacia las respuestas fisiológicas de ansiedad? Ya no notaremos que el corazón se nos acelera, sino que se nos sale del pecho, ya no notaremos que la respiración se acelera si no que nos cuesta respirar, y por consiguiente hiperventilaremos y al hacerlo sentiremos que nos mareamos, todo esto hará que nos asustemos tanto que entrará en juego el miedo intenso a perder el control e incluso morir. A esta atención focalizada en las respuestas fisiológicas (sin tener en cuenta lo que hay a nuestro alrededor) hay que sumarle que nuestra mente interpretará cualquiera de estos síntomas como señal de que algo terrible y catastrófico nos va a ocurrir.

Por lo que tenderemos a interpretarlo de forma negativa tal que: “Me voy a volver loco”, “Me estoy mareando y me voy a desmayar sin recibir ayuda” “Qué vergüenza que me esté pasando esto”, “Siento que me ahogo, no puedo respirar” “Me va dar un infarto”, “Me voy a morir”. Este tipo de pensamientos acciona en el organismo el sistema de alarma que hace que se intensifiquen los síntomas fisiológicos por lo que se entra en un círculo vicioso del que es difícil salir.

La atención a las sensaciones facilita que se produzcan nuevas crisis, ya que cuando captamos de nuevo las sensaciones temidas, tenderemos a repetir la interpretación catastrofista, y podrá reproducirse el círculo vicioso que da lugar a otra crisis. Esto ocurre porque después de experimentar un ataque de pánico, en nuestra mente ha quedado grabada una asociación, entre esas sensaciones y la evaluación catastrofista de las mismas: cada vez que notemos las sensaciones temidas con cierta intensidad, creeremos que estamos ante un “peligro inminente” y nuestra creencia de que estamos en peligro, lógicamente, hará que se ponga en marcha nuestro sistema de alarma: nuestro cuerpo y nuestra mente reaccionaran como si estuviesen ante un peligro real.

Al creer que las sensaciones que experimentamos en el ataque de pánico son peligrosas, dejaremos que esta creencia dirija nuestro comportamiento. Por tanto, intentaremos evitar esas sensaciones por cualquier medio y huir o escapar de ellas cuando aparezcan (acudiendo a urgencias, tomando medicación, yéndote a casa, etc.). Y quizá nos quedemos convencidos de que, si no hubiese sido por esos cuidados, nos habría ocurrido el desastre temido. Pero, como en realidad no había ningún peligro, todas esas conductas dirigidas a evitarlo, sólo tendrán como resultado el salvaguardar nuestras falsas interpretaciones catastrofistas, que son la raíz de todo el problema. Es decir, las conductas dirigidas a evitar el supuesto peligro, nos impiden comprobar que las sensaciones temidas no pueden producirte ningún daño. Lo cierto es que cuanto más dejemos que nuestras falsas creencias catastrofistas (pensamientos negativos) gobiernen nuestro comportamiento, más fuertes se harán esas creencias.

La percepción de un peligro (real o imaginado) activa un sistema automático de alarma, que tiene una función de supervivencia al preparar al organismo para la lucha o la huida. Pero, en ocasiones, esa misma reacción de alarma puede asustarnos porque genera sensaciones internas, que podemos malinterpretar como peligrosas, contribuyendo así a activar con mayor fuerza la reacción de alarma, a través del denominado círculo vicioso del pánico. Por tanto, como resume el cuadro siguiente, si al notar determinadas sensaciones, creemos que significan que nos está pasando algo peligroso, reaccionaremos con el mismo temor y ansiedad como si fuese cierto:

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Para romper este círculo que se retroalimenta una y otra vez, lo mejor que podemos hacer es ponernos en manos de un profesional cualificado. El objetivo del tratamiento psicológico con respecto a la ansiedad es aprender a controlarla para mantenerla en unos niveles deseables, pero teniendo claro que no pretendemos eliminarla por completo ya que, además de ser imposible, tampoco sería conveniente, porque experimentar cierto grado de ansiedad es útil y necesario. Por lo que se refiere al ataque de pánico, el objetivo no será que perdamos nuestra capacidad de reaccionar con pánico, si nos encontramos algún día ante una situación realmente amenazadora. El objetivo del tratamiento es que dejemos de hacer falsas interpretaciones de peligro, para que no se active nuestro sistema de alarma-pánico cuando no te hallamos en situación de peligro real.

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