Mucho se habla de el momento del pánico, miles de páginas, vídeos, testimonios hablando de cómo es experimentar un ataque pánico, pero… ¿Qué pasa con el día siguiente a un ataque de pánico? ¿Qué hacemos cuando la experiencia nos ha dejado tan aterrados que no conseguimos desprendernos del miedo a que pueda repetirse? ¿Qué pasa cuando ya sin pánico, el miedo sigue flotando en nuestras venas?

Nadie está preparado para ello, ninguno cree que hoy será el día y que en muchas ocasiones sin parecer venir a cuento, uno va a experimentarse a sí mismo en estado de miedo absoluto. El pánico no avisa, no sabemos que nos está sucediendo y tampoco cómo abordarlo. Muchas personas acaban lamentando el día en el que les sucedió: “Ojalá nunca hubiese ido a casa de esa amiga”, “Ojalá no hubiese cogido el tren ese día..”. Supongo que ante la incapacidad de poder aceptar que esa primera experiencia no dependía de nosotros y que la vida nos demuestra una vez más algo que tanto detestamos: no tenemos el control de muchas cosas.

Sabemos que es muy difícil dejar de pensar en los síntomas que uno ha experimentado, así como en todas las ideas catastróficas que han pasado por nuestra mente en cuestión de segundos. Son muchas las personas que nos preguntan ¿Cómo asimilamos el ataque de pánico? ¿Qué hacemos al día siguiente para digerir la experiencia vivida? Hoy hablamos de qué hacer al día siguiente de un ataque de pánico.

Ataque de pánico: el día siguiente

Tienes derecho a tener miedo

En primer lugar, has de saber que tienes derecho a tener miedo, has vivido una experiencia compleja y muy intensa emocionalmente, por lo que no es extraterrestre o extraño que te sientas asustado. Aceptar nuestras emociones, aunque estas nos supongan desagrado es un gran paso para dejar de sentir angustia y la preocupación y/o culpabilidad porque esto “no nos debería de estar sucediendo“.

Intentar controlar tu ansiedad no es buena idea

Sabemos que la crisis de ansiedad ha podido dejarte muy asustado y que en tu cabeza puede que se esté repitiendo como un mantra la idea de “esto no puede volver a pasar“, pero ésta idea solo puede propiciar que sigas experimentando crisis de ansiedad. Las crisis de ansiedad se alimentan del miedo, imponerme que se vayan es decirme que tengo mucho miedo, por lo tanto, ya tenemos los ingredientes para que comience la fiesta. Intentar controlar tu ansiedad no es una buena idea, sencillamente porque somos seres limitados y no tenemos la capacidad de controlar nuestras emociones de ese modo que idealizamos. Paradójicamente cuánto más nos decimos no, más miedo tenemos y peor lo pasamos. Seguro que con éste ejemplo puedes entender mejor a lo que nos referimos: ¿Recuerdas cuando eras pequeño y algún adulto prohibía de manera rotunda que te pudieras reír? ¿Qué es lo que pasaba? Ahí tienes la respuesta.

Lo peor que puede ocurrirte durante un ataque de pánico, es pánico y eso ya lo conoces, ya has pasado por esta experiencia otra vez, no es insoportable ni acaba contigo y esto no significa que no lo hayas pasado muy mal, pero recuerda que ya has descubierto todo lo que puedes descubrir. No existe el ataque de pánico definitivo, no existen ataques de pánico más grandes o más pequeños, hay miedo que alimentamos más o menos. Y te contaremos algo, el ataque de pánico que se vivencia de manera más dura, por norma general, siempre es el primero.

No te centres de manera obsesiva en lo que quieres evitar, sino en qué dirección quieres escoger. La vida no se trata de evitar que nos pasen cosas, sino más bien de decidir hacia dónde queremos ir. Cada vez que te sobrepones al pánico lo estás haciendo más pequeño.

Aprende a darle un sentido real a la experiencia que has vivido

Es posible que tengas la sensación de haber estado a punto de morir o de haber estado cerca de volverte loco, pero has de saber algo, esas, solo son interpretaciones que has dado a lo que estabas sintiendo. Tener miedo a volverte loco, no es estar volviéndote loco y tener miedo a morir no es haber estado a punto de morirte. No ha sido la muerte ni la locura mirándote a los ojos en lo que se ha basado tu vivencia, has sido tu imaginando lo que era o lo que te daba miedo que fuese. Los pensamientos son solo eso, pensamientos, al igual que ocurre con las sensaciones o síntomas. Su potencial es limitado, los pensamientos pueden hacerte pensar, solo eso, no tienen el poder de llevarte a ese lugar al que tanto temes. Con los síntomas ocurre lo mismo, son solo una respuesta adecuada de un organismo asustado, no son peligrosos.

La evitación de lugares o contextos puede derivar en una fobia

Al día siguiente a un ataque de pánico puede darse un fenómeno que en psicología se conoce como asociación. Es decir, nuestra mente asocia la experiencia del pánico con el contexto en el que se ha producido, dicho de una manera más sencilla, es posible que tengamos miedo a ir al sitio o a sitios que se parezcan al lugar donde se produjo el ataque de pánico. Has de saber, que ésta sería una de las conductas que deberíamos evitar realizar. Es relativamente sencillo que la evitación continuada de esos lugares o contextos, puedan derivar en la aparición de fobias. Es posible que tengas la sensación de querer salir huyendo de esos sitios con el fin de evitar tener un ataque de pánico y es posible también, que acabes diciendo “no puedo estar ahí, tengo que irme“. Es importante que sepas que sí que puedes, y que irte es una decisión, que, aunque sea muy legítima puede acabar engordando la bola. No existe una imposibilidad real de permanecer en un sitio que nos de miedo, el pánico no decide que nos vayamos, no es un dios que se introduce en nosotros para tomar decisiones por nosotros, siempre hay elección. Tener miedo y seguir adelante no es incompatible.

Trabaja tu respiración

La hiperventilación es un factor muy importante para que se produzcan ataques de pánico. Hablamos de aquella respiración que está por encima de las necesidades de nuestro cuerpo, es decir, cuando tenemos ansiedad nos atiborramos de oxígeno y aunque esto no es peligroso, propicia sintomatología, que, al ser mal interpretada, puede derivar en un ataque de pánico. Trabaja tu respiración y enfócate en ella como un lugar de anclaje al que regresar cuando tienes miedo.

Pide ayuda

Y, por último, ten en cuenta que el verdadero miedo es lo que está por venir no lo que está sucediendo. Se tiene más miedo a lo que se cree que va a pasar que a lo que está sucediendo. Y lo que va a pasar sencillamente, ya lo conoces, aunque tu mente asustada no pare contarte que llegará ese ataque de pánico que acabe contigo. Las crisis de ansiedad no acaban con nadie, aunque sabemos que, si condicionan la vida de muchas personas, por eso escribimos éste blog y recordamos que en caso de que la situación resulte compleja de abordar por uno mismo, es importante pedir ayuda. Equivocadamente muchas veces tenemos la percepción de que no necesitamos a nadie para salir adelante, o que si la necesitamos nos convertimos en individuos débiles, fracasados o dependientes. Lejos de esto, pedir ayuda y recurrir a profesionales es un acto de valentía, reflexión y compromiso con uno mismo.

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