Intentas, intentas (e intentas una vez más, por si acaso) poner en práctica cualquier pauta o recomendación que te sugieren para superar la ansiedad y siempre la misma respuesta, el mismo cajón sin salida: la ansiedad no se va, sigue ahí, perenne, contigo. Ya te desesperas, no sabes qué más hacer. Hasta has probado con los remedios “milagrosos” y NADA funciona. O bien sientes que te has estancado y no consigues avanzar. ¿Por qué me pasa esto a mí? ¿Será que en mi caso es imposible superar la ansiedad, que soy un “caso perdido”? Nada más lejos de la realidad. Si te sientes reflejado/a en esta situación, no lo dudes, ¡ésta es tu entrada! Lee más y encontrarás la tan ansiada respuesta que buscas, 5 obstáculos que te impiden superar la ansiedad.

¿Por qué no puedo superar la ansiedad? 5 posibles obstáculos (o respuestas)

Antes que nada, nos gustaría dejar clara desde el principio una idea clave: es posible superar la ansiedad. En cualquier caso (y sí, también en el tuyo, aunque pienses que no, aunque lo hayas dado todo por perdido porque crees que “nada funciona”). Es más, nos atrevemos a asegurar que en tu caso, sí.

Te voy a ser sincera. A consulta acuden muchos de mis pacientes con la misma idea. Desanimados incluso. A punto de tirar la toalla. Comentando que ésta es su última esperanza. Y es normal, porque podemos caer sin darnos cuenta en una especie de indefensión (“haga lo que haga nada va a cambiar”) tras muchísimos intentos frustrados previos. Es posible que lleves muchos (¡muchísimos!) años con el problema (sí, nos encontramos a gente con incluso más de 20 años), que hayas recibido tratamiento psicológico de varias orientaciones diferentes y nada, oye, que nada funcione. Y encima, navegas por Internet y te encuentras, cuanto menos, mensajes desalentadores en blogs de afectados que afirman categóricamente que lo que te pasa a ti no se puede solucionar. Imposible. Lo que nos faltaba.

Pero seamos sinceros, un problema psicológico en realidad es un problema aprendido. Ni más, ni menos. Y, por tanto, la buena noticia es que se puede desaprender y solucionar. Ahora bien, vayamos a lo importante: entonces, ¿por qué por más que lo intento no lo consigo? Existen una serie de obstáculos que dificultan conseguir nuestro gran y tan ansiado objetivo. Veamos algunos de ellos para poder identificarlos, “cazarlos” y, por tanto, conseguir superar la ansiedad.

1. “Yo soy así (y así seguiré), nunca cambiaré”.

Poniendo un poco de humor a esta entrada, no sólo nos referimos a la canción que tan de sobra conocemos. Tendemos a pensar, en mayor o menor medida, que nosotros somos “diferentes”, que nuestro caso no es “de libro” y que, aunque otras personas con mi mismo problema de ansiedad han conseguido superarla, yo no. Nada más lejos de la realidad. Por otro lado, cuidado también con la diferencia entre ser y tener. Siempre se lo comento a mis pacientes en las primeras sesiones: si realmente yo “fuera agorafóbico/a” (puedes aplicarlo perfectamente a cualquier otro problema de ansiedad), por ejemplo, lo hubiese sido desde que nací, ¿no crees? Sería una característica genética, como por ejemplo mi color de pelo. Yo, por mucho que quiera tener los ojos azules, tengo que aceptar que mis ojos son marrones. Y eso es algo que no voy a poder cambiar. ¿Cuál es el primer problema u obstáculo, por tanto? Asumir que mi problema de ansiedad es innato y, por tanto, no lo puedo cambiar. Me pongo mis propias barreras o límites, y me resigno. Ojo, sí que es cierto que existen ciertos matices o predisposiciones a la ansiedad, pero eso no tiene nada que ver con que esté “condenada” genéticamente a sufrir ansiedad. Si no, no existiríamos como psicólogos, ¿no crees? (“Lo siento, te ha tocado tener ansiedad, y para toda la vida, como ser moreno/a de piel” podríamos decir en este caso). Pero la vida real no es así. No, aunque lleve muchísimo tiempo con el problema de ansiedad, seguro que antes de ese punto de inflexión que tan bien recordamos -el momento en el que apareció por primera vez la ansiedad en mi vida-, no tenías ansiedad. Por tanto, se puede cambiar. Adoptar este rol pasivo nos aleja del camino del cambio y la superación. Por tanto, empecemos por cambiar nuestro lenguaje: “no soy fóbico/a, tengo una fobia” (que son dos cosas muy diferentes).

2. Acomodarme en mi “jaula de oro”.

Ajá, nos encontramos ante uno de los mejores obstáculos, así, en mayúsculas. Los beneficios secundarios tienen que ver con aquellos “premios” o, valga la redundancia, beneficios que yo consigo al tener este problema y que, ¡importante! Yo no busco directamente. Muchas veces son difíciles de identificar, pero ejercer una importantísima influencia e incluso boicotean el tratamiento y la solución de la ansiedad. Pongamos un ejemplo para entenderlos mejor: Aurora, de 65 años, tiene depresión (no es depresiva, recordemos ;)). Durante el tratamiento, si bien es cierto que comienza a mejorar, llega un momento en el que nos estancamos. ¿Qué ocurre? Cuando hablamos a fondo con ella, ella misma, aunque le cuesta, se da cuenta de que en el fondo (fondo, fondo) no quiere superar del todo su bajo estado de ánimo, porque desde que está mal, sus hijos la llaman por teléfono a diario, sus nietos la visitan más a menudo.. hechos que, cuando estaba bien, no ocurrían (nadie apenas la llamaba ni la iban a visitar). Es duro, sí. Pero estos beneficios existen. Te propongo un pequeño ejercicio: ¿sabrías encontrar los privilegios o beneficios, si hay alguno, de tu problema de ansiedad? La pregunta clave sería: ¿qué gano teniendo ansiedad? (recibir más atención de los demás, evitar un trabajo que no me gusta, etc).

3. Estancarme y no poner en práctica lo aprendido.

Seamos tajantes: por mucho que sepamos la teoría sobre la ansiedad (ya que somos auténticos expertos en ella, buscamos constantemente información actualizada que nos ayude a entender lo que nos pasa), para poder superar la ansiedad, tenemos que hacer cambios en nuestra vida, practicar, ya que actuando como lo hemos hecho hasta ahora ya hemos comprobado mil veces que la situación no mejora. Y aunque esto parezca obvio, pensarás, no lo es tanto, ya que las personas somos seres humanos de costumbres, y nos cuesta cambiar hábitos (sobre todo si llevamos mucho tiempo anclados en ellos). Pero una vez más, se puede. Lo importante es tener la determinación para ello (¿y qué mejor motivación que superar de una vez por todas la ansiedad?). Lo que queremos decir en este tercer punto es que otro de los principales obstáculos consiste precisamente en, por ejemplo, acudir a terapia sólo para “hablar” y desahogarnos (que ojo, también es importante) pero, una vez fuera de consulta, no llevamos a la práctica las estrategias aprendidas en la sesión. Y claro, sólo con ir al psicólogo una hora una vez a la semana no es suficiente por sí mismo; un trabajo importantísimo ocurre fuera de sesión, para aplicar y generalizar los cambios necesarios para superar la ansiedad (lo que en Psicología llamamos “tareas para casa”).

4. Dejarme llevar por la trampa de los pensamientos negativos.

En nuestra lista no podían faltar los pensamientos irracionales, por supuesto. Y es que muchas veces, aunque es completamente necesario, no vale sólo con hacer (como acabamos de ver en el punto anterior), sino que nuestra mente puede ser nuestro principal obstáculo y enemigo. Es muy probable que en algún momento hayan aparecido pensamientos derrotistas del tipo: “Si total, ¿para qué? No lo voy a conseguir”, “¿Y si aparece la ansiedad otra vez? Sería terrible”, “Nunca jamás conseguiré superar la ansiedad”, “Soy inútil”… y un largo etcétera. Estos pensamientos negativos nos boicotean y hacen que dejemos de hacer los cambios necesarios para superar la ansiedad, llevándonos a mantener nuestros antiguos hábitos que refuerzan el problema o llegando incluso a la inactividad o la indefensión. Así que… ¡actúa como un/a detective y observa si aparecen en algún momento, para mantenerlos a raya!

5. Buscar la inmediatez.

Querer resultados, y quererlos YA MISMO. Como siempre decimos en Psicología, ojalá tuviéramos una varita mágica que nos hiciera eliminar por completo e ipso facto el problema. Al contrario, cambiar aquellos factores que mantienen y cronifican el problema (como pensamientos, creencias, actitudes, habilidades, patrones de acción, etc) requiere tiempo y esfuerzo. Pero no queremos desanimarte: el tratamiento no dura años ni mucho menos. Nos referimos más bien a esperar cambios espectaculares en pocas semanas. Ajustar expectativas es importantísimo para dar un voto de confianza al tratamiento (que, eso sí, tiene que haber demostrado científicamente ser eficaz para tu problema de ansiedad; no todo vale). El riesgo que cometemos al querer resultados inmediatos es abandonar prematuramente los tratamientos y etiquetarlos como ineficaces cuando en realidad sí lo son, lo único que no hemos permitido darles el tiempo suficiente para consolidarlo.

En definitiva, absolutamente todas las personas (incluida tú) pueden superar la ansiedad si identifican y corrigen los principales obstáculos. Acepta que tienes ansiedad y que es aprendida, identifica y supera los posibles beneficios secundarios o privilegios que te da la ansiedad, haz cambios sin estancarte, asumiendo que requieren esfuerzo y tiempo, e identifica y modifica los pensamientos irracionales que bloquean la acción por otros más adaptativos.

Esta lista no es, para nada, exhaustiva, pero sí nos permite en un primer momento comprender los principales mecanismos que boicotean superar la ansiedad, ¿te animas a dejarnos un comentario sobre algún otro obstáculo que hayas encontrado?

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