¿Qué es un ataque de pánico? ¿Cómo los clasificamos? ¿Tienen tratamiento? No te pierdas nuestra guía definitiva sobre los ataques de pánico.

Diferenciando conceptos

Cuando hablamos de miedo, nos referimos a una respuesta emocional inherente a la especie humana que aparece como consecuencia de una situación de peligro o amenaza. Su carácter instintivo y automático ha permitido la supervivencia de nuestra especie en un entorno hostil. Cuando hablamos de la respuesta de miedo, nos referimos a la activación de una señal de alarma en nuestro organismo ante una situación de peligro o amenaza real y en el presente inmediato.

La ansiedad es una emoción que se experimenta en situaciones en las que la persona se siente amenazado por un peligro externo o interno. Habría que diferenciar entre miedo (la persona conoce el objeto externo y delimitado que le amenaza y se prepara para responder) y ansiedad (a veces se desconoce el objeto, siendo la amenaza interna y existiendo una dificultad en la elaboración de la respuesta). Hay momentos en los que la ansiedad más que resultarnos útil se convierte en un obstáculo para llevar una vida normal. Esto ocurre cuando aparecen síntomas de ansiedad sin motivos aparentes, o bien, que el nivel de ansiedad ante un acontecimiento es totalmente desproporcionado respecto al peligro real que supone.

El pánico es el miedo elevado al máximo exponente, que se escapa de lo racional y que paraliza y bloquea a la persona. El pánico se caracterizaría por la interpretación catastrófica de síntomas físicos que pueden aparecer en el organismo por múltiples factores, tanto externos (ejemplo: estrés laboral) como internos (ejemplo: exceso de cafeína). La interpretación catastrófica de los síntomas hace que la persona crea firmemente que puede estar experimentando desde un ataque al corazón a un infarto cerebral y, por tanto, puede morir. Como podemos observar, en el miedo, a pesar de que también se experimentan síntomas físicos desagradables, tienen una función de protección ante un peligro real y en el presente.

Ataque de pánico (o crisis de angustia) consiste en un periodo discreto de intenso miedo, aprensión, terror o malestar que va acompañado frecuentemente de una sensación de peligro o catástrofe inminente y de un impulso a escapar. Durante el cual cuatro o más de los siguientes trece síntomas aparecen de repente y alcanzan su máximo en 10 minutos o menos:

  1. Palpitaciones o ritmo cardíaco acelerado
  2. Sudoración
  3. Temblores o sacudidas
  4. Sensaciones de falta de aire o ahogo
  5. Sensación de atragantamiento
  6. Dolor o malestar en el pecho
  7. Náusea o malestar abdominal
  8. Sensación de mareo, de inestabilidad o de desmayo
  9. Desrealización o despersonalización
  10. Miedo a perder el control o a volverse loco
  11. Miedo a morir
  12. Parestesias (entumecimiento o sensaciones de hormigueo)
  13. Ráfagas de calor o escalofríos.

Síntomas de los ataques de pánico


Fisiológicos:

  • Dificultad para respirar o respiración muy rápida.
  • Dolor u opresión en el pecho.
  • Latido del corazón acelerado o que no es regular.
  • Sudoración.
  • Náuseas o malestar estomacal.
  • Mareo y temblores.
  • Entumecimiento u hormigueo.

Cognitivos:

  • Sensación de miedo, terror o ansiedad intensos
  • Miedo a perder el control o a la muerte
  • Miedo a volverse loco
  • Desrealización: hace referencia a sensaciones de irrealidad respecto al mundo exterior: las personas pueden parecer desconocidas o mecánicas, las cosas tener aspecto extraño o la vida verse como a través de un espejo; también pueden sentirse las voces familiares como extrañas y percibirse los contornos como vagos e inestables.
  • Despersonalización: se refiere a sensaciones de extrañeza o distanciamiento de uno mismo: sentirse como un autómata o como si se estuviera en un sueño, sentirse como un observador externo de sí mismo, sentir extraño el propio cuerpo, como si hubiera cambiado de algún modo, sentir que el cuerpo o parte de él no le pertenece a uno o no obedece sus órdenes, sentirse separado del entorno, sentir la propia voz como extraña y distante. La reactividad fisiológica parece reducirse durante la despersonalización.

Conductuales:

  • Estado de alerta e hipervigilancia
  • Bloqueo
  • Impulsividad
  • Evitación de la situación
  • Huida de la situación

Hay una activación autónoma incrementada durante los ataques de pánico, aunque los cambios fisiológicos observados son generalmente de magnitud modesta y ocurren igualmente durante diversas actividades tales como el ejercicio. Por otra parte, durante los ataques suele existir un deseo intenso de escapar de la situación y pensamientos de catástrofe inminente; además, es difícil mantener un patrón racional de pensamiento. Los ataques de pánico pueden dejar a la persona agotada y con ansiedad residual moderada o elevada, pero no son peligrosos.

Clasificación de los ataques de pánico

Se pueden clasificar según sean esperados-inesperados, según la persona espere o no su ocurrencia, y señalados-no señalados.

Un ataque señalado es aquel que es percibido como claramente asociado con un estímulo externo (p.ej., viajar en metro) o interno (en este caso, el estímulo puede ser físico –p.ej., palpitaciones– o cognitivo –p.ej., pensamientos de muerte–).

Un ataque no señalado (espontáneo) es aquel en el que la persona no es capaz de identificar señales claras para el mismo, aunque muy probablemente estas señales de las que la persona no es consciente existen (frecuentemente en forma de sensaciones internas o cogniciones).

El tipo de ataque más frecuente parece ser el señalado-esperado, seguido del señalado-inesperado y del no señalado-inesperado (espontáneo). Los ataques no señalados-esperados son muy infrecuentes (sería el caso de la persona que se levanta pensando que va a tener un mal día y que sufrirá un ataque a lo largo del mismo).

Aparte de la clasificación mencionada de los ataques de pánico, se pueden distinguir también entre espontáneos (los que son inesperados, caídos del cielo o no señalados, es decir, aquellos no asociados con una situación que los dispare), otros son situacionalmente predispuestos (los que es más probable que ocurran en ciertas situaciones, pero que no se dan en estas necesariamente) y aquellos vinculados a estímulos (los que ocurren casi invariablemente al encontrarse o anticipar la situación u objeto fóbico; son típicos de las fobias específicas)

Factores vinculados a los ataques de pánico

A pesar de no conocer las causas específicas de esta problemática, se ha destacado una lista de factores de distinta naturaleza que podrían dar cuenta de los episodios de ataque de pánico:

  • Ansiedad en la infancia y variables parentales: existe una dificultad para discernir la influencia genética de la ambiental. No obstante, diversas investigaciones longitudinales sostienen que las personas criadas en ambientes familiares sobreprotectores y rígidos poseen una mayor vulnerabilidad a sufrir ataques de pánico y comportamientos perfeccionistas por parte de los padres. Otros factores que han sido vinculados a este problema son los problemas económicos familiares, experiencias de abuso, ansiedad de separación en la infancia o pérdida temprana de los progenitores.
  • Factores psicológicos: Sensibilidad a la ansiedad y estilo autoatencional desarrollado (hipervigilancia a los síntomas), mayor predisposición a responder con temor a los signos de ansiedad.
  • Factores biológicos: Labilidad orgánica. Receptores cerebrales de la presión relativa de los gases en sangre, (oxígeno y anhídrido carbónico) se activan a umbrales bajos de cambio de esta presión relativa. Así se generan con facilidad respuestas neurovegetativas que generan autoatención hacia ellas, que se disparan ante fenómenos como la hiperventilación involuntaria (estrés mantenido), actividad física o sexual, estimulantes químicos, como la cafeína, el alcohol, la coca cola, etc. Estas respuestas neurovegetativas (objetivamente neutras) son interpretadas de forma catastrofista. Esta interpretación es la condición necesaria para la aparición del ataque de pánico y tiene que ver con la historia de aprendizaje.

Los ataques de pánico también pueden desencadenarse por:

  • Beber grandes cantidades de alcohol o abandonar abruptamente el consumo de alcohol.
  • Beber grandes cantidades de cafeína.
  • Fumar mucho. Aumenta fuertemente la cantidad de nicotina en la sangre.
  • Tomar determinados medicamentos (como los que se usan para tratar el asma y las afecciones cardíacas) o dejar de tomar en forma abrupta determinados medicamentos (como los que se usan para tratar la ansiedad o los problemas del sueño).
  • Usar drogas ilegales, como la cocaína o la marihuana.
  • Vivir con altos niveles de estrés durante mucho tiempo.
  • Haber tenido un bebé recientemente.
  • Haberse operado recientemente o haber estado bajo los efectos de la anestesia general .

Los ataques de pánico también pueden ser causados por otras afecciones médicas o estar asociados con ellas. Dichas afecciones médicas incluyen:

  • Problemas de la tiroides , como la actividad excesiva de la tiroides ( hipertiroidismo ).
  • Problemas del corazón.
  • Trastornos convulsivos, como la epilepsia .
  • Asma .
  • Problemas respiratorios, como la EPOC .
  • Interrupción del uso de un medicamento recetado, como un medicamento para el corazón

Modelos del ataque de pánico

Primer ataque de pánico

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Modelo de mantenimiento de Clark y Salkowskis

Tenemos un estímulo inicial (interno o externo) el cual la persona lo percibe como una amenaza (autoatención, pensamientos, condicionamientos previos, etc.) dando una respuesta emocional de miedo acompañado de las sensaciones o síntomas físicos, la persona realiza una interpretación catastrofista de los síntomas (enfermedad o peligro inminente) dando lugar a un incremento en la percepción de amenaza y esto a su vez hace que aumenten las reacciones emocionales y fisiológicas por lo que el pensamiento catastrófico se valida a si mismo dando lugar a un círculo vicioso.

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Del ataque de pánico al trastorno de pánico (con o sin agorafobia)

Muchas personas tienen solo uno o dos ataques de pánico en toda su vida, y el problema quizás desaparece cuando se resuelve una situación estresante. Sin embargo, si tienen ataques de pánico inesperados y recurrentes, y pasan mucho tiempo con miedo constante de sufrir otro ataque, es muy probable que hayan cruzado la línea hasta llegar al trastorno de pánico. A pesar de que los ataques de pánico en sí mismos no ponen en riesgo la vida, pueden provocar mucho miedo y afectar, de manera significativa, tu calidad de vida.

Criterios diagnósticos del Trastorno de pánico (DSM-V)

A. Ataques de pánico imprevistos recurrentes. Un ataque de pánico es la aparición súbita de miedo intenso o de malestar intenso que alcanza su máxima expresión en minutos y durante este tiempo se producen cuatro (o más) de los síntomas siguientes:

Nota: La aparición súbita se puede producir desde un estado de calma o desde un estado de ansiedad.

  1. Palpitaciones, golpeteo del corazón o aceleración de la frecuencia cardíaca.
  2. Sudoración.
  3. Temblor o sacudidas.
  4. Sensación de dificultad para respirar o de asfixia.
  5. Sensación de ahogo.
  6. Dolor o molestias en el tórax.
  7. Náuseas o malestar abdominal.
  8. Sensación de mareo, inestabilidad, aturdimiento o desmayo.
  9. Escalofríos o sensación de calor.
  10. Parestesias (sensación de entumecimiento o de hormigueo).
  11. Desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (separarse de uno mismo).
  12. Miedo a perder el control o de “volverse loco”.
  13. Miedo a morir.

B. Al menos a uno de los ataques le ha seguido un mes (o más) de uno o los dos hechos siguientes:

  1. Inquietud o preocupación continua acerca de otros ataques de pánico o de sus consecuencias (p. ej., pérdida de control, tener un ataque al corazón, “volverse loco”).
  2. Un cambio significativo de mala adaptación en el comportamiento relacionado con los ataques (p.ej., comportamientos destinados a evitar los ataques de pánico, como evitación del ejercicio o de las situaciones no familiares).

¿Cuáles son las señales del trastorno de pánico?

Las personas con trastorno de pánico pueden tener:

  • Ataques repentinos y repetidos de pánico con ansiedad y miedo abrumador
  • Sensación de estar fuera de control o de miedo a la muerte o una fatalidad inminente durante un ataque de pánico.
  • Síntomas físicos durante un ataque de pánico, como latido fuerte o rápido del corazón, sudor excesivo, escalofríos, temblores, problemas respiratorios, debilidad o mareos, hormigueo o entumecimiento de las manos, dolor en el pecho, dolor de estómago y náuseas.
  • Preocupación intensa acerca de cuándo ocurrirá el próximo ataque de pánico.
  • Miedo de ir a los lugares donde han tenido un ataque de pánico en el pasado.

Criterios diagnósticos para la Agorafobia (DSM-V)

A. Miedo o ansiedad intensa acerca de dos (o más) de las cinco situaciones siguientes:

  1. Uso del transporte público (p. ej., automóviles, autobuses, trenes, barcos, aviones).
  2. Estar en espacios abiertos (p. ej., zonas de estacionamiento, mercados, puentes).
  3. Estar en sitios cerrados (p. ej., tiendas, teatros, cines)
  4. Hacer cola o estar en medio de una multitud.
  5. Estar fuera de casa solo.

B. El individuo teme o evita estas situaciones debido a la idea de que escapar podría ser difícil o podría no disponer de ayuda si aparecen síntomas tipo pánico u otros síntomas incapacitantes o embarazosos (p. ej., miedo a caerse en las personas de edad avanzada; miedo a la incontinencia).

C. Las situaciones agorafóbicas casi siempre provocan miedo o ansiedad.

D. Las situaciones agorafóbicas se evitan activamente, requieren la presencia de un acompañante o se resisten con miedo o ansiedad intensa.

E. El miedo o la ansiedad es desproporcionado al peligro real que plantean las situaciones agorafóbicas y al contexto sociocultural.

F. El miedo, la ansiedad o la evitación es continuo, y dura típicamente seis o más meses.

G. El miedo, la ansiedad o la evitación causan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

H. Si existe otra afección médica (p. ej., enfermedad intestinal inflamatoria, enfermedad de Parkinson), el miedo, la ansiedad o la evitación es claramente excesiva.

¿Cuáles son las señales de la Agorafobia?

La persona con agorafobia no teme en concreto los espacios abiertos (como normalmente la gente cree). Lo que le produce gran cantidad de angustia es sentirse desprotegida, pensar que en cualquier momento puede tener un ataque de pánico y con ello miedo a perder el control. Este fenómeno nos permite entender que aquello que hay en realidad es un miedo al miedo. Es decir, cada vez que estas personas salen a la calle (o fuera de su círculo de confort) se sienten asaltadas por la idea de que, en cualquier momento, llegará un ataque de pánico o una crisis de angustia y estará sola. Por tanto, ese miedo puede surgir en casi cualquier escenario, ya sea un parque, el vagón de un metro o un ascensor. Todo lugar alejado de su entorno seguro es una amenaza.

Otros trastornos con los que comparten síntomas:

  1. Ansiedad Generalizada (TAG). A veces es difícil hacer un diagnóstico diferencial entre ambos trastornos. En el TAG el tipo de preocupaciones son más variadas. Pero pueden darse ambos.
  2. Ansiedad Social y Fobia Específica. El paciente puede tener un ataque de pánico cuando se presenta al objeto fóbico (es más predecible), se le tiene miedo al objeto y no tanto a la propia respuesta física, las evitaciones están limitadas al objeto fóbico y la ansiedad es más persistente en el trastorno de pánico, por el miedo a la aparición inesperada del ataque de pánico.
  3. También suele estar presente en el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), Estrés Postraumático y Ansiedad por Separación. Nuevamente en estos casos la ansiedad es muy situacional.
  4. Con la Ansiedad por la enfermedad (Hipocondría) a veces puede haber dificultades para diferenciarla. En este caso el número de enfermedades temidas es más amplio y la catástrofe se ve menos inmediata.

Interpretación de las sensaciones como señal de peligro y ansiedad/pánico

Se produzcan como se produzcan ciertas sensaciones corporales, la persona puede creer que presagian o van a dar lugar inminentemente a consecuencias peligrosas o catastróficas (ataque cardíaco, desmayo, muerte, incapacidad, pérdida de control, volverse loco, provocar una escena) o son señales de que estas consecuencias peligrosas ya están sucediendo. Una vez experimentados uno o más ataques de pánico, estos pasan a ser también una de las consecuencias temidas.

Es probable que las personas lleguen a tener miedo no de una activación generalizada e inespecífica, sino de patrones específicos de reacciones fisiológicas que han ocurrido previamente en asociación con experiencias de ansiedad intensa o de pánico (sobre todo aquellos síntomas relacionados con un ataque de pánico). No todas las sensaciones tienen la misma probabilidad de ser asociadas con catástrofes inmediatas. Es más probable que desencadenen ataques de ansiedad/pánico los síntomas cardíacos y respiratorios que pueden indicar un trastorno agudo (infarto, ahogo) que los síntomas de cáncer u otras enfermedades. Igualmente, es más fácil que induzcan pánico los cambios abruptos y repentinos que los cambios lentos y crónicos.

El incremento en activación fisiológica experimentado por las personas no tiene por qué ser real, basta con que crean que se ha producido. Así pues, lo importante es la percepción que se tiene sobre los cambios fisiológicos, sea esta percepción ajustada a la realidad o no. Los pensamientos de peligro que la persona genera de forma automática por la activación fisiológica producen, dado que alcancen una cierta intensidad o grado de creencia, un incremento adicional de dicha activación (aumentan los síntomas) a través de la hiperventilación o de otros mecanismos y se cierra así un círculo vicioso que puede culminar en un episodio de ansiedad o en un ataque de pánico.

Posteriormente, las sensaciones somáticas, los pensamientos atemorizantes y las situaciones asociadas con experiencias previas de intensa ansiedad o pánico llegan a convertirse en estímulos condicionados para la ansiedad o el pánico. Esto quiere decir que, tras uno o varios episodios de ansiedad o ataques de pánico, las personas llegan a comienzan a estar hipervigilantes a las señales de ansiedad/pánico y de otros posibles peligros (infarto, hemorragia cerebral, desmayo, volverse loco, perder el control) y a responder con ansiedad/pánico ante las mismas. De hecho, puede llegar a establecerse una asociación directa entre ciertas sensaciones corporales y la experiencia de ansiedad/pánico (condicionamiento interoceptivo) sin la necesidad de que se dé la mediación de una interpretación consciente en términos de peligro. Esto explicaría los ataques de pánico espontáneos e inesperados.

terapia aceptacion y compromiso
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Tratamiento de los ataques de pánico.

Según Bados (2009) en la actualidad los tratamientos más eficaces son los que engloban:

  1. Terapia cognitivo conductual
  2. Exposición en vivo y autoexposición)

La terapia cognitivo conductual suele incluir:

  • Información al paciente sobre la naturaleza de la ansiedad en general y del pánico en particular: mecanismos básicos, funcionalidad y disfuncionalidad, explicación sobre los síntomas y su alcance, relaciones entre pensamiento, emoción y acción.
  • Técnicas cognitivas: reestructuración de creencias distorsionadas e interpretaciones catastróficas, control pensamientos automáticos, regulación de expectativas que se auto-cumplen, etc.
  • Técnicas de respiración y relajación: la respiración controlada puede ser útil para reducir la sobreactivación psicológica y para, prevenir o controlar la hiperventilación en los casos en que se da hiperventilación o que presentan dolor u opresión en el pecho al tender a respirar torácicamente.
  • Entrenamiento en regulación emocional: facilita la expresión adecuada y la aceptación de las emociones (inteligencia emocional).
  • Intención paradójica: consiste normalmente en la prescripción del síntoma, normalmente con la finalidad de desactivar algún mecanismo que lo sostiene.
  • Exposición interoceptiva: Exposición a sensaciones temidas para facilitar la habituación, el control de los síntomas y la pérdida del miedo al miedo. Es más aceptada por los pacientes con una alta ansiedad en la exposición.
  • Desarrollo de habilidades y recursos de afrontamiento de fuentes de ansiedad y estrés que contribuyan al origen o mantenimiento de niveles elevados de ansiedad flotante o general lo que podría dificultar la superación de los miedos agorafóbicos.

Exposición en vivo

La exposición en vivo implica que la persona se exponga en la vida real y de un modo sistemático y progresivo a las situaciones que teme y evita.

Existen tres tipos de exposiciones:

a. Exposición prolongada: con la asistencia del terapeuta se afrontan las situaciones temidas de manera gradual, permaneciendo en las mismas hasta que la ansiedad se reduce significativamente.
b. Exposición autocontrolada más autoobservación: tras 2-5 sesiones con el terapeuta el paciente afronta las situaciones temidas sólo, con permiso de escape temporal en caso de ponerse excesivamente ansioso, siempre y cuando se registre el tiempo pasado fuera de la exposición y luego vuelva a ella.
c. Práctica programada: exposición prolongada y graduada, pero con asistencia de un familiar o amigo que realizaría las pautas del terapeuta. Tanto el paciente como el acompañante llevan un manual de autoayuda.

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