Bien podría ser una pregunta que iniciara una conversación sexual, pero en éste caso vamos a hablar de la toma de decisiones. Algo tan importante y al parecer simple (digo al parecer, porque puede resultar un auténtico mundo), cómo tomar decisiones y ser consecuentes con éstas. Algo a lo que quizá no prestemos demasiada atención en nuestro día a día y de lo que, sin embargo, no dudo de que sea imprescindible para un buen funcionamiento y bienestar psicológico. Comprobemos, en la toma de decisiones… ¿tú eres activo o pasivo?

Sujeto activo vs sujeto pasivo

Tomar decisiones no sólo es elegir, es también hacernos responsables de nuestra propia existencia, es decir, hacernos los protas y actores principales de nuestra propia vida.

Es cierto que nuestra profesión (psicología) , sobretodo dedicándote a trabajar trastornos de ansiedad, hace que nos cueste quitarnos de la boca expresiones del tipo “hay que aceptar que no tenemos el control de muchas cosas“. Bien, es cierto, la vida “nos impone” ciertas vivencias. No tengo el control sobre determinadas enfermedades, sobre poderle caer mal a alguien o sobre las consecuencias de un virus con efectos devastadores para la población mundial (entre otras muchas). Pero bien es cierto, que hay otras muchas sobre las que si lo tenemos y supongo que todos necesitamos tener cierta percepción de control sobre nuestras vidas para sentir algo de armonía y estabilidad. Hay un sinfín de cosas, sobre las que si podemos elegir, sobre las que si podemos tomar decisiones y ante las que sin embargo, aparece un “yo pasivo” que pareciera un mero espectador de una película que tiene mi nombre y apellidos.

Será la vida, el destino, la mala suerte… pero esto, va con todo, menos con nosotros. Esto suele ser muy frecuente en trastornos depresivos o en personas con ansiedad cronificada. Nos quedamos esperando a que la vida o el tiempo nos resuelva la papeleta, y así se pasa justo eso, la vida.

Julio lleva años viviendo una vida que él mismo considera insulsa. Su trabajo no le gusta, aunque confiesa que le aporta algo de tranquilidad saber que el sueldo aparece todos los finales de mes. Julio lleva viviendo con su madre toda la vida y no por deseo, sino porque espera ese momento de la vida que le empuje a cumplir una de sus metas, independizarse. Tiene de todo, al menos eso expresa él y la gente que le rodea ¨ ¡Si no puedes quejarte de nada! Sin embargo, hay un vacío constante que le acompaña desde que se acuesta hasta que se levanta y que espera que el paso de los meses le ayude a llenar o a curar“.

María padece depresión desde hace 10 años, una depresión lo suficientemente potente para que su vida se haya convertido en un acto de supervivencia más que de vivencia. Después de años trabajando con su psiquiatra (únicamente el tema de la medicación) decide acudir a terapia psicológica a que, según ella, ¨alguien le ayude a curar sus penas¨. María tiene días malos y días peores y entre ellos siente una potente rabia hacia el mundo. Está enfadada con los que ríen y con los que lloran también, con su familia, con sus genes, su pasado, su presente y su futuro. Como consecuencia de esto, María discutió con toda su familia, propiciando insultos que han ocasionado que nadie quiera dirigirla la palabra. María ha llamado a su psiquiatra corriendo ¨necesito algo que me quite la rabia“.

Silvia es una de esas personas que a pesar del dolor siguen soñando. Se imagina viviendo esa vida que prácticamente hace que salive, mientras ve el programa de televisión de todas las tardes. Tiene un buen trabajo, dos hijos que la adoran y una casa bonita. ¨Silvia lo tienes todo¨ se dice. Se dedica en cuerpo y alma a su familia, hace todo aquello que cree que debe hacer para ser una buena madre y una buena mujer. ¿Y aun así no me siento bien? Se siente atrapado porque su sentido de la responsabilidad hacia su familia le hace imposible hacer determinados cambios vitales, pero al mismo tiempo no hacerlo supone sentirse tremendamente vacía y desgraciada. Silvia deja pasar las semanas, los meses… a la espera de que sus sentimientos cambien de alguna manera porque no se ve capaz de hacerlo de otra forma“.

María, Julio y Silvia tienen historias totalmente diferentes, cada uno acudió a consulta por hecho totalmente distintos, sin embargo, todos ellos tienen algo en común, son sujetos pasivos de su propia existencia. Bien es cierto, que detrás de cada uno existe un por qué diferente, pero hay algo que les une: el temor.

Tomar decisiones no siempre es fácil, pero a veces el principio es entender por qué no lo hacemos y no quedarnos estancados en la famosa frase ” el tiempo pondrá todo en su lugar“. Más que nada, porque a el tiempo, se le suele olvida nuestra existencia y nos viene a recordar la importancia de coger las riendas de nuestras vidas.

Explorar nuestros temores ante el cambio es uno de los grandes pasos para salir de la inmovilización constante. A veces caemos en los “algún día será” “ya se me pasará” “la vida me pondrá en un lugar adecuado” “ya veremos que me depara el destino” y sin embargo seguimos enfadados y enrabietados por la ausencia de la añorada felicidad, aunque ésta no para de demostrarnos el desafío que supone ir en su encuentro.

Y tu… ¿Eres activo o pasivo?

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