El Trastorno de Ansiedad Generalizada forma parte de los trastornos de ansiedad. Se caracteriza por una preocupación excesiva, constante e incontrolable sobre diferentes hechos y actividades de la vida diaria, que interfieren con el funcionamiento del día a día. Hoy hablamos de su tratamiento ¿qué técnicas usamos?

Las personas que sufren el Trastorno de Ansiedad Generalizada, en adelante (TAG), se encuentran constantemente en estado de alerta. Las preocupaciones siempre están presentes, siendo además desproporcionadas a los hechos.  

Los pacientes con ansiedad generalizada muchas veces se definen como sufridores crónicos, es decir, frecuentemente están preocupados por algo. Las personas con TAG parecen incapaces de liberarse de sus preocupaciones a pesar de, en muchas ocasiones, ser conscientes de que su ansiedad es más intensa de lo normal. Además, muestran dificultades a la hora de enfrentarse a su día a día, impedimentos sociales, académicos y/o laborales, además de un considerable sufrimiento subjetivo.

Para saber cómo combatir este tipo de ansiedad es imprescindible aprender a identificar por qué se produce, cuándo y de qué forma se manifiesta en nosotros. Es necesario entenderla, aceptarla y manejarla adecuadamente.

Estrategias y técnicas usadas en el trastorno de ansiedad generalizada

A continuación, os presentamos cómo trabajaríamos con un paciente con este tipo de problemática. Las técnicas que han demostrado una mayor eficacia en el tratamiento específico de la ansiedad generalizada son las basadas en procedimientos cognitivo-conductuales, debido a que, a la vez que modificamos distorsiones cognitivas productoras de estímulos ansiógenos, proporcionamos al paciente herramientas que le permiten enfrentarse mejor a situaciones reales de estrés, de una forma más adecuada y realista.

Psicoeducación sobre la naturaleza de la ansiedad generalizada. Dar al paciente la información sobre sus mecanismos básicos, su funcionalidad, explicación sobre los síntomas y su alcance, enseñarles la relación que existe entre pensamiento, emoción y acción, etc. Todo esto ayuda al paciente a comprender lo que le sucede y normalizarlo.

Prevención de las conductas de preocupación. Para ello trabajamos en entender cuál es el mecanismo de la preocupación. Esta forma parte de un mecanismo de control, y será importante explicar al paciente que él ha aprendido a relacionarse con el mundo desde este punto, eligiendo el control para contrarrestar la angustia que le produce la incertidumbre. A partir de ahí, aprendemos a desprendernos del sentimiento de peligro constante, a revalorar la amenaza. Cuanto más control se intenta ejercer sobre las acciones, sobre lo que nos rodea o las emociones, mayor es el malestar.

Inoculación del estrés. Es decir, aprender a manejar el estrés desde un punto funcional en nuestro día a día, tolerar la incertidumbre, pasar a niveles de angustia tolerables y necesarios.

• Esto nos permitirá trabajar en técnicas de solución de problemas. Planteando estos problemas de manera específica, abandonando la generalización. Conocer qué es aquello que realmente temo, sin generalizar, y poder tomar, si es posible, acciones concretas destinadas a la solución del problema.

Técnicas cognitivas. Trabajamos en conseguir que las interpretaciones y los pensamientos sean más realistas. Para ello, será necesario primero conocer las creencias y pensamientos catastróficos derivados de los miedos del paciente. Una vez conseguido este primer objetivo trabajamos en la modificación, es decir, flexibilizar o cambiar los pensamientos, sustituyéndolos por otros más realista y funcionales.

Exposición controlada y progresiva a situaciones temidas. Se basa en el entrenamiento en habilidades necesarias para mejorar el afrontamiento del estrés o las situaciones difíciles. El objetivo que perseguimos es el reconocimiento, la identificación y la neutralización de procedimientos contraproducentes, utilizados por el paciente para regular su problema, pero que, en realidad, no contribuyen a la solución, sino al mantenimiento del problema.

• En el caso del TAG utilizaremos la meditación como herramienta para aprender a tomar consciencia de las cosas que nos rodean, ser conscientes de cómo ciertos patrones de pensamiento nos conducen a los síntomas ansiosos. Además, la autoaceptación, la compasión, el focalizar la atención en el aquí y el ahora, y adoptar una mentalidad no enjuiciadora, son algunas de las estrategias que desarrollamos a través de la meditación. Trabajar en todo esto nos ayudará a afrontar mejor aquellas situaciones en las que no podemos “hacer nada” para que cambien las cosas, más que la aceptación y adaptación emocional a la situación.

• Uno de los factores más importantes, y que vamos a utilizar como herramienta motivadora, van a ser los valores personales del paciente, es decir, qué es lo que realmente me importa y quiero hacer, pero no consigo por “miedo a”, es decir, esa fuerza que me empuja a seguir adelante más allá de mis miedos.

• Desarrollo de habilidades sociales y mejora de la calidad de las relaciones interpersonales. Planificación de actividades agradables y placenteras. Los pacientes con TAG abandonan muchas de las facetas de su vida, trabajar en recuperarlas ayudará a tener una mayor percepción de bienestar.

• En algunos casos la medicación resulta necesaria para poder afrontar esta problemática, en combinación y como apoyo del tratamiento psicológico. Los medicamentos más utilizados son los ansiolíticos, particularmente benzodiacepinas. También se han utilizado con éxito antidepresivos tricíclicos e Inhibidores Selectivos de la Recaptación de la Serotonina (ISRS). El tratamiento farmacológico ha de estar siempre prescrito y supervisado por un profesional de la salud mental.

Si a lo largo de este artículo te has sentido identificado y estás buscando ayuda, no dudes en ponerte en contacto con nuestro centro. Estaremos encantados de poder escucharte y ayudarte.

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