No, una crisis no siempre es una oportunidad. En ocasiones, es el duelo más complicado a la que muchas personas se enfrentarán jamás. Y a esas personas, a las que el puñetero virus les ha arrebatado lo más importante que tenían en sus vidas, permitámoslas vivir su dolor, su decepción, su frustración, su rabia… ¿Tener resiliencia en tiempos del coronavirus? Supongo que, para muchas personas, hoy, no es tiempo de resiliencia, sino de duelo y dolor. Intuyo que pedir a determinada parte de la población reforzarse ante sus circunstancias actuales, sería cuanto menos cuestionable.

Y luego estamos todos los demás, que no por no haber perdido a algún ser querido no tenemos derecho a sentir dolor, decepción, frustración, rabia o miedo. Sintámoslo y aceptémoslo, cómo parte natural de ésta crisis que, a todos en mayor o menor medida, nos está salpicando. Pero tal vez, si estemos en condiciones más óptimas de volvernos resilientes e intentar sacar lo mejor de nosotros en estos difíciles de momentos.

¿Qué es la resiliencia?

Entendemos la resiliencia como la capacidad humana para poder sobreponernos, adaptarnos y superar las adversidades que se nos presentan a lo largo de la vida. No debemos confundir la resiliencia con la capacidad de desarrollar actitudes que nos alejen para siempre del dolor, y es que el dolor es parte también de nuestra existencia y debemos aprender a lidiar con él. Sí que hablamos por el contrario de potenciar nuestra capacidad de transformar esas experiencias negativas en oportunidades positivas. 

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Las dificultades y nuestro dolor no nos harán por si solos crecer y transformarnos positivamente, pero la actitud que tomemos ante él sí. Cada vez que nos surgen adversidades y nuestro mundo se tambalea, nos encontramos, aunque no lo creamos, ante una gran oportunidad de transformarnos y emprender caminos que nos lleven a aprender nuevas cosas, actitudes, formas de enfrentarse a la vida…

Indefensión aprendida

¿Para qué?” Me dicen algunos de mis pacientes. “Si las cosas son así y yo no puedo hacer nada para cambiar. ¿Cómo voy a sentirme mejor? Estoy así, devastado y poco puedo hacer ante eso…

La indefensión aprendida es una conducta disfuncional caracterizada por la pasividad del sujeto ante los problemas o dificultades que se encuentra. Las personas tienen la percepción de no poder hacer nada, ni cambiar, ni cambiarse ante la adversidad.

Ante una situación de malestar como en la que nos encontramos con el coronavirus, la indefensión aprendida sale a relucir con expresiones como “voy a tener una recaída en mi ansiedad, nada de lo que he luchado ha merecido la pena”. “Me encuentro mal y esto solo es el principio ¿Qué voy a hacer con ésta situación en la que nos encontramos? Esperar y rezar prácticamente por no empeorar“.

Victor L Frankl, un ejemplo de resiliencia

Neurólogo, filósofo y psiquiatra austriaco. Después de pasar más de tres años recluido en distintos campos de concentración, creo la logoterapia y su gran obra maestra, su libro “El hombre en busca del sentido”. No pretendió describir como era la vida en un campo de concentración nazi, sino demostrar que incluso en las peores condiciones vitales que uno pueda imaginar era posible encontrar un sentido a la vida y seguir conservando nuestra dignidad humana. Por eso hizo suyo el lema de Nietzsche de que «quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo».

Cuenta en su libro que su capacidad de proyectarse hacia el futuro, entendiendo que cada día le acercaba más a ese deseado final, fue motor y cura de muchas de sus angustias.

La historia de Victor L Frankl nos recuerda la importancia de la compatibilidad de la resiliencia y las emociones desagradables. Se puede ser resiliente y sentir miedo y todas las emociones que quieran surgir. De hecho, sentirlo, aceptarlo y aprender a canalizarlo es base fundamental de la resiliencia.

Resiliencia en tiempos de coronavirus

Son tiempos donde la vulnerabilidad está más presente que nunca. Por un momento, todos nos planteamos lo efímero que es vivir y la capacidad que tiene la vida de arrebatarnos todo de un momento a otro. Somos y nos sentimos más vulnerables, física y mentalmente. Los días pesan y el cerebro sufre sus consecuencias.

En palabras de Antoni BulbenaCuando la alarma es inespecífica en el espacio y el tiempo como ocurre con este virus, el cuerpo usa una gran cantidad de energía física y mental para afrontar una amenaza que no puede atajar, y se traduce en más tensión, más ansiedad y más susceptibilidad“.

Es el momento de saber qué queremos en la vida, dice el Doctor. Es el momento como decía Victor L Frankl de buscar sentido en nuestra vida.

Es posible que nos debilitemos y suframos consecuencias ante esta crisis, así hemos de contemplarlo. Pero ante estas circunstancias, también existe la posibilidad de reforzar partes de nosotros. Como suelo decirles a mis pacientes, hay cosas ante las que no tenemos control, otras que sí. Enfoquémonos en lo que podemos controlar y mantengamos la percepción de autoeficacia. No salir a la calle es nuestro modo de controlar el virus a nivel grupal, a nivel individual, tenemos nuestras medidas de higiene, para protegernos a nosotros y al resto de la humanidad. En términos de salud mental, lo que empecemos a hacer hoy, delimitará lo que ocurra mañana con mi bienestar psicológico y eso no implica que salgamos intactos de esta crisis, pero si, que salgamos mejor que si hemos actuado con pasividad.

La introspección, puede ser una excelente aliada en estos tiempos. Entendemos la introspección como la observación que una persona hace de su propia conciencia o de sus estados de ánimo para reflexionar sobre ellos. Reflexionemos sobre nuestros hábitos, automatismos, cuestiones que añoramos y deseos que siempre aplazamos. Encontremos en nuestro interior el origen de nuestras angustias, nuestras creencias que dan a luz pensamientos de horrorismo y charlemos con ellas. Encontremos nuestras fortalezas, como aliadas en los procesos de guerra interior.

Comuniquémonos con calidad y aprendamos a expresar aquello que encontramos en ese mundo interior. Es momento de escucharnos, escuchar y aprender a hablar acerca de ello.

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