¿Sabías que nuestra piel, el órgano más largo y extenso de nuestro cuerpo, nos puede ofrecer información muy valiosa y muy detallada de nuestra ansiedad? En la entrada del blog de la semana pasada conocimos más en profundidad qué era eso del neurofeedback, el biofeedback y su relación con la ansiedad como técnicas de tratamiento (si te lo perdiste, pincha aquí). Recordarás entonces que hablábamos en ese artículo de varias medidas fisiológicas para medir objetivamente la ansiedad, ¿verdad? Pues bien, hoy le toca el turno a una de ellas: la respuesta galvánica de la piel (algo que quizá no hayas oído o ni te suene siquiera), relacionada con el síntoma de sudoración tan característico de la ansiedad.

Quizá no te atraiga este tema en un primer momento, es normal. Pero, ¿y si te decimos que la respuesta galvánica de la piel es la base de la tan conocida “técnica del polígrafo, o detector de mentiras”? ¿Quieres saber más?

¿Qué es y qué mide la respuesta galvánica de la piel?

La respuesta galvánica de la piel (también conocida como respuesta electrodérmica o conductancia de la piel) es una forma de medición fisiológica, esto es, de cambios en el cuerpo, que aparecen en momentos de alta activación (por ejemplo, se hipotetiza que aparece cuando mentimos, ya que se presupone –aunque con evidencia más que cuestionada, por lo que hay que ser muy cautos al respecto- que al mentir nos activamos fisiológicamente) pero, sobre todo, en episodios de ansiedad y estrés, aunque también en otras emociones.

Como todos sabemos ya, uno de los síntomas fisiológicos (cambios corporales) más característicos de la ansiedad es el aumento de la sudoración, ¿verdad? Cuando estamos nerviosos/as, en mayor o menor medida, una de las “señales” corporales que identificamos casi al momento es notar cómo nuestras manos, pies, axilas (y otras zonas corporales) empiezan a secretar o expulsar un líquido característico que todos reconocemos fácilmente como sudor.

Pues bien, el sudor está íntimamente relacionado con la respuesta galvánica de la piel, puesto que es una consecuencia del cambio en la intensidad de la activación (en concreto, es resultado de un aumento de la intensidad de la activación). ¿Por qué? Porque la respuesta galvánica de la piel es consecuencia de la activación del Sistema Nervioso Simpático (SNS), en concreto, de la activación de las glándulas sudoríparas, cuya activación aumenta también la conductancia de la piel (y a la inversa: la disminución de la actividad de las glándulas sudoríparas disminuye la conductancia de la piel).

La respuesta galvánica de la piel, por tanto, es una medida muy eficaz de la activación física y emocional. Mide, a través de electrodos o sensores colocados en los dedos -en el segundo y tercer dedo de la mano-, la actividad eléctrica -las variaciones eléctricas constantes- que se producen en nuestra piel, esto es, los cambios en la resistencia (eléctrica) o conductividad de la piel, que se traducen en cambios en la intensidad de la activación general o arousal. En concreto, mide específicamente los cambios en el calor y la electricidad que transmiten los nervios y el sudor a través de la piel.

Por tanto, a nivel práctico, gracias a la medición objetiva a través de la respuesta galvánica de la piel de la sudoración (entendida como cambio en la activación del organismo, esto es, de las glándulas sudoríparas, resultado de la activación del Sistema Nervioso Simpático) podremos saber cuándo cambia la intensidad de nuestras emociones y, en concreto, determinar específicamente cuáles son nuestros niveles de ansiedad, por muy mínimos que éstos sean, lo cual nos ayudará enormemente a identificar desde el primer momento cuándo estamos nerviosos/as, aun sin haber sido aún plenamente conscientes de ello. Interesante, ¿verdad?

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