Cuando hablamos de salud y buscamos acercarnos a ella, siempre hemos puesto nuestros esfuerzos en intentar paliar el dolor y reducir nuestros focos de sufrimiento, de hecho, históricamente la ciencia también se ha enfocado en esa línea. Sin embargo, a finales del siglo pasado en el ámbito de la psicología surge una corriente que pretende poner un énfasis distinto a los factores que implican nuestra salud: la psicología positiva. Hoy nos adentramos en qué consiste la psicología positiva y cómo nos puede ayudar en nuestro proceso de ansiedad.

Psicología positiva y ansiedad ¿en qué consiste la felicidad?

A la hora de explicar y abordar trastornos mentales, tradicionalmente el foco se ha centrado en los síntomas y la enfermedad que experimenta la persona, pero, como decíamos antes, esa manera de entenderlo está cambiando. El concepto de salud es cada vez más amplio ya que no sólo tiene en cuenta la ausencia de enfermedad sino también aspectos de nuestra forma de funcionar de forma óptima, es decir, que tener un buen estado de salud física y mental también depende de cómo apreciamos y disfrutamos de nuestros recursos y capacidades para manejarnos en las adversidades en las que todos y todas nos vemos envueltos en algún momento de la vida.

La psicología positiva fue una iniciativa del psicólogo estadounidense Martin Seligman en los años 90, y ha llegado para quedarse. Surge como una necesidad de complementar la forma de entender la realidad psicológica de los seres humanos. Esta corriente pretende dar respuesta científica a qué es lo que nos ayuda a construir una realidad más satisfactoria y, por tanto, a vivir una existencia más saludable.

Anteriormente a la psicología positiva han existido observadores de la condición humana que han apostado por los estados psicológicos positivos como factores protectores de nuestra salud:

• Es el caso de la perspectiva hedonista, que ancla sus raíces en los filósofos griegos y de la que probablemente Epicuro fuese su máximo representante, y que definen el bienestar como la presencia de afecto positivo y la ausencia de afecto negativo. El objetivo de la vida para los hedonistas es experimentar la mayor cantidad posible de placer, en donde la felicidad sería en cierto sentido una suma de momentos placenteros.

• Otra perspectiva sería la que se ha denominado eudaimonia. En su Ética a Nicómaco, Aristóteles estimula a los hombres a vivir de acuerdo con su daimon, ideal o criterio de perfección hacia el que uno aspira y que dota de sentido a su vida. La concepción eudaimónica establece que el bienestar no consiste en la maximización de experiencias positivas y la minimización de experiencias negativas como en la propuesta anterior, sino que se refiere a vivir de forma plena o dar realización a los potenciales humanos más valiosos. El bienestar se encuentra en la realización de actividades congruentes con valores profundos y que suponen un compromiso pleno, con el que las personas se sienten vivas y auténticas.

La primera de las propuestas se refiere más bien a un bienestar percibido por la persona, un bienestar subjetivo más centrado en la suma de los beneficios a corto plazo; mientras que la segunda se enfoca a un bienestar psicológico, en donde la felicidad no sería el principal motor de la persona sino más bien el resultado de una vida plenamente vivida. De aquí parte la psicología positiva, que pretende ajustar estas teorías y prácticas a resultados observables y medibles.

Cambiando el foco: El bienestar no es ausencia de miedo

Desde la psicología positiva se está afianzando que cuando sentimos ese estado de bienestar podemos vernos beneficiados/as a medio plazo en áreas tan diversas como la sensación de estabilidad, de satisfacción familiar, nos sentimos más conformes con nuestras relaciones personales, aumenta nuestro rendimiento laboral, incluso mejora nuestra salud y podemos llegar a ser más longevos. Pero ¿qué cuestiones son a las que le podemos poner atención y trabajar con nosotros mismos para acercarnos a ese estado?

Para investigar qué aspectos de cada uno de nosotros está en juego para aproximarnos a esa sensación de bienestar, de vida dotada de sentido y de compromiso con nuestra autenticidad, la psicología positiva se centra en el estudio de emociones positivas, rasgos, relaciones y aspectos positivos que, de una u otra forma, generan en nosotros y en nuestra forma de vivir un impacto beneficioso.

La psicóloga y profesora Carol Ryff propone un modelo de bienestar psicológico que incluye seis dimensiones, que nos puede orientar para observar y valorar nuestro nivel de desarrollo individual y como marco para evaluar la calidad de personas, relaciones y contextos. Esas seis dimensiones son:

1. Autoaceptación. La capacidad de aceptar los diversos aspectos de nuestra personalidad, incluyendo los negativos, valorar positivamente nuestro su pasado y tener una actitud positiva con uno mismo son indicadores de una autoaceptación óptima, dimensión esencial para un funcionamiento beneficioso; mientras que las personas con una déficit en este área suelen ser muy perfeccionistas consigo mismas, lo que les lleva a sentirse insatisfechos con su persona y a no aceptar ciertas características que poseen, esto les conduce a fijarse en criterios externos y a desear ser diferentes a cómo son.

2. Relaciones positivas con otros. Favorecemos nuestro bienestar si establecemos relaciones estrechas, cálidas y de confianza mutua, si desarrollamos empatía por la situación del otro y nos preocupa su bienestar. Mientras que, si nos resulta difícil ser cálidos, compartir aspectos íntimos o atender y entender la situación por la que pueda estar pasando las personas más cercanas, corremos el riesgo de aislarnos y frustrarnos en nuestras relaciones. Las personas que tienen carencias en esta dimensión suelen no estar dispuestos a comprometerse o vincularse de forma genuina con los demás.

3. Propósito en la vida. Las personas necesitamos marcarnos metas y definir con nosotros mismos una serie de objetivos que nos permita dotar a nuestra vida de sentido. Quienes puntúan alto en esta dimensión persiguen metas, sueños u objetivos, tienen la sensación de que dirige su vida a alguna parte, sienten que su presente y su pasado tienen significado, y mantienen creencias que dan sentido a su vida. Quienes puntúan bajo tienen la sensación de que la vida no tiene sentido, de que no van a ninguna parte, tienen pocas metas, por lo que su nivel de funcionamiento será discreto.

4. Crecimiento personal. Consiste en sacar el mayor partido a tus talentos y habilidades, utilizando todas tus capacidades, desarrollar tus potencialidades y seguir creciendo como persona. Si tienes sensación de estar en desarrollo continuo, abierto/a a nuevas experiencias, deseas desarrollar tus habilidades y potencial puntúas alto en esta dimensión. Hablamos de personas que consideran que han ido mejorando con el tiempo, que se enfocan a aumentar el conocimiento de sí mismos y van cambiando el modo de enfrentarse a los acontecimientos. Sin embargo, si sientes que no extraes del pasado aprendizajes que te puedan servir en el presente y te sientes estancado, aburrido y desmotivado, incapaz de desarrollar nuevas actitudes, habilidades, creencias o comportamientos, quizás necesites poner atención en esta área.

5. Autonomía. Consiste en tener la sensación de que puedes elegir por ti mismo, tomar tus propias decisiones para ti y para tu vida, incluso si van en contra de la opinión mayoritaria, mantener tu independencia personal y tus convicciones. Las personas con mayor autonomía son más capaces de resistir la presión social y regulan mejor su comportamiento desde el interior (en vez de ser dirigidos por otros), son más independientes y se evalúan a sí mismas en función de estándares personales. Las personas con baja autonomía están preocupadas por las evaluaciones y expectativas de los demás y se dejan influir o guiar por ellas, toman sus decisiones en base a las opiniones de los demás y se conforman ante la presión social, actuando y pensando en base a lo que los demás esperan de ellos.

6. Dominio del entorno. Hace referencia a cómo manejas las exigencias y oportunidades de tu ambiente para satisfacer tus necesidades y capacidades. Las personas que se han desarrollado en esta dimensión poseen una mayor sensación de control sobre el mundo y se sienten capaces de influir en el ambiente que las rodea, hacen un uso efectivo de las oportunidades que les ofrece su contexto y son capaces de crear o escoger entornos que encajen con sus necesidades personales y valores. Las personas con bajo domino tienen problemas para manejar los asuntos de la vida diaria, se sienten incapaces de mejorar o cambiar en su contexto, no son conscientes de las oportunidades de su entorno ni las aprovechan y piensan que no tienen ningún control sobre su ambiente.

¿Cómo se relacionan los conceptos psicología positiva y ansiedad?

A menudo en consulta nos encontramos con personas que se preocupan y se esfuerzan mucho por sentirse bien y lo que terminan obteniendo en su experiencia de vida es justo lo contrario. Que su día a día es una lucha agotadora por no sentir ciertas emociones “negativas” como el miedo, y que para ello terminan restringiendo sus decisiones y comportamientos, sus deseos, porque sus auténticas e íntimas motivaciones quedan supeditadas a una sola: no tener ansiedad. Y así, poco a poco y casi sin darnos cuenta, podemos mirarnos al espejo y darnos cuenta de que nos hemos olvidado de nosotros/as, de lo que nos gusta hacer o los proyectos que teníamos en mente, de cuáles son mis capacidades, o de si me gusta compartir quién soy con la persona que más aprecio tengo.

Si tenemos en cuenta las anteriores dimensiones propuestas, quizás sientas déficits en varias de ellas: puede que algunos valoren que no pueden ser como creen ser por temor a no ser aceptados, o que se critiquen a sí mismos por no ser “como los demás”, puede que otros sientan que no pueden desplazarse con libertad y practicar esa autonomía que nombrábamos por temor a que aparezcan síntomas físicos, quizás algunos puedan darse cuenta de que su proyecto de vida se ha convertido en huir del miedo más que en proponerse metas que le gusten a pesar de poder sentirlo de vez en cuando…

Conocer y vivir con ansiedad es difícil, todo un reto que en ocasiones nos aterra y nos atrapa, que guía nuestra manera de vivir, como si no existiese nada más allá. Pero es importante entender que más allá de esta experiencia, que puede ser desagradable, se pueden vivir (además de esta) otras vivencias. De hecho, la psicología positiva nos ayuda a entender que no sólo vivimos el miedo, también atravesamos por otras emociones en nuestro día a día y que existen fortalezas en nosotros que a veces dejamos de ver. El problema es que a veces estamos tan centrados/as en el miedo que cuando nos sentimos tranquilos automáticamente nos paramos a pensar que podemos dejar se estarlo; conclusión: no disfrutamos de ese remanso de paz y nos conducimos de nuevo a un estado de desasosiego y alerta, se acabó la tranquilidad.

A. Empecemos por cómo concebimos las emociones y lo que puede aportar la psicología positiva en su entendimiento. Si has vivido lo que es la ansiedad, seguramente pienses que el miedo es una emoción negativa, que no te gusta sentir, es más, que no deberías sentir. Desde la psicología mucho se ha hablado hasta ahora de emociones que nos resultan difíciles de digerir y que algunos denominan negativas, como el miedo o la ira. Pero es importante entender que lejos de ser perjudiciales, este tipo de emociones son tremendamente útiles para la supervivencia y para prevenir otras muchas dinámicas negativas al margen del peligro vital directo, como el rechazo interpersonal, el aislamiento o la pasividad. Así que, en este sentido, no las consideramos negativas, sino adaptativas y necesarias bajo circunstancias que así lo requieran.

Por otro lado, deseamos fervientemente la felicidad y el bienestar, pero pocos han sido los investigadores que hasta hace poco han tratado de descubrir su funcionamiento, ¿qué se sabe del agradecimiento o del amor? De hecho, seguro que a nosotros mismos nos cuesta encontrar matices y poner nombre a algunas experiencias positivas.

Las llamadas emociones positivas también pueden considerarse adaptativas, en el sentido de que nos ayudan a buscar y generar recursos diferentes a los que hasta ahora hemos usado. Ser conscientes de cuándo las experimentamos (aunque sea en pequeños placeres) y permitirnos disfrutar de ello mientras dure, nos predispone a vivirlas con mayor frecuencia y nos ayudará a aumentar capacidades como la de resolver problemas, creatividad, mejora la capacidad de resistir el dolor o aumentar nuestro altruismo. Flexibilizan nuestra manera de entender la realidad y de comportarnos frente a ella. Eso sí, no busques aferrarte a esos momentos (porque como decíamos antes genera un efecto contrario), simplemente procura disfrutarlos cuando los experimentes.

B. Otra cuestión de la que habla la psicología positiva y que nos puede ayudar en nuestro camino es el atender a nuestras fortalezas. Cuando sentimos ansiedad recurrente, a veces se nos olvidan o desfiguramos otros aspectos valiosos de nosotros mismos, como si lo único que se puede esperar de mí es ser ansioso. Es importante no olvidar que existen rasgos que se consideran aspectos del ser humano valiosos que, a través del autoconocimiento, podemos identificar en nosotros y cultivar, para aprender a manejarnos mejor en la vida que deseamos vivir.

Chris Peterson y Martin Seligman entre otras figuras de la psicología positiva identificaron las siguientes fortalezas:

Fortalezas de chris peterson y martin seligman
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Nuestro trabajo, ya sea de forma independiente o con un profesional, consistirá en identificar y darnos cuenta de los recursos con los que ya contamos y aprovecharlos, más que detectar diferencias para con los demás e intentar reducir las que creemos que son “equivocadas” o insatisfactorias para los otros. Este ejercicio nos ayudará a ahondar en el conocimiento de nosotros mismos, tomar conciencia de nuestras fortalezas y volcar nuestro esfuerzo en nuestro propio crecimiento, en vez de bloquearnos el paso por recordarnos constantemente nuestras debilidades.

C. Analizar nuestras reacciones ante la adversidad, este es otro aspecto estudiado por la psicología positiva que nos puede dar claves importantes que quizás no estemos teniendo en cuenta. Generalmente cuando vivimos por y para evitar la ansiedad, dejamos de hacer cosas que nos gustan o proponernos objetivos que nos resultan interesantes, y esto conlleva consecuencias: sentimos que no somos capaces de hacer lo que deseamos porque aparecerá la ansiedad. Es importante que nos demos cuenta de que ahí lo que deseamos por encima de otras cosas es no sentir ansiedad y, además, estamos afianzando la creencia de incapacidad personal.

¿En algún momento estoy valorando que después de haber vivido numerosas crisis de ansiedad aquí sigo?, ¿Que me he repuesto de todas y cada una de ellas?

Un fenómeno humano, que está más presente de lo que creemos, es la resiliencia. La resiliencia es un concepto importado de la física y la ingeniería (en concreto, de la resistencia de materiales) que se refiere a la capacidad de un material para ser flexible ante una fuerza externa, para volver a su posición original cuando dicha fuerza desaparece. En términos psicológicos, implica la capacidad que poseemos para afrontar situaciones adversas o potencialmente traumáticas que supone para todos la experiencia de vivir; pudiendo afrontarlas como retos o desafíos más que como amenazas, reduciendo así considerablemente el impacto psicológico de las misma.

En paralelo, también se está estudiando un fenómeno denominado crecimiento postraumático. El concepto de crecimiento postraumático, según Calhoun y Tedeschi, hace referencia al cambio positivo que una persona experimenta como resultado del proceso de lucha que emprende a partir de la vivencia de un suceso traumático. Cuando atravesamos una dificultad, podemos posteriormente sentir beneficios como haber mejorado nuestras relaciones interpersonales (ha podido darse mayor comunicación y situaciones de intimidad), o podemos percibir mejoras en nosotros mismos (sintiéndonos más fuertes y capaces) o simplemente nuestra propia vida puede haber dado un giro (y notar que somos más capaces de disfrutar el momento o haber reajustado nuestra escala de valores). Esto es lo que se dice encontrar un sentido a nuestra experiencia negativa, a través de los posteriores aprendizajes y beneficios.

Es importante que no nos equivoquemos pensando que cuando surgen estas capacidades se debe a que estas personas no sufren o sufren menos que nosotros, y que en nuestro caso estos procesos no son posibles. Es más, lo habitual es que, tanto la resiliencia como el crecimiento postraumático, coexistan con emociones negativas y con diversos síntomas. De hecho, para que se produzca una reorganización en nuestra persona tiene que existir un impacto importante del acontecimiento. Y es que, según los autores anteriores, muchas veces aquellas personas que han vivido situaciones más graves o situaciones que les han descolocado de forma muy significativa, tienen más probabilidades de tener más síntomas, pero también de crecer más en el proceso de superación y, por tanto, de encontrar mayores beneficios en su experiencia.

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