¿Por qué cuando practicamos una técnica de relajación conseguimos relajarnos como tal? ¿Y por qué cuando respiramos de forma lenta, regular y profunda conseguimos regular además los latidos cardíacos? Todo ello es posible gracias al nervio vago, uno de los grandes desconocidos que, tras la entrada del blog de esta semana, pretendemos que se convierta en uno de tus importantes aliados contra la ansiedad desadaptativa.

¿Cómo funciona y para qué sirve el nervio vago?

El nervio vago es uno de los nervios cerebrales más importantes del ser humano, ya que es el encargado de unir y relacionar el cerebro con otros órganos del cuerpo, controlando los actos y funciones vitales involuntarias. Gracias a él -y a los otros 11 nervios craneales restantes- somos capaces precisamente de mantener nuestros órganos y funciones vitales de forma automática, sin necesidad de ejercer un acto directo o voluntario de control sobre ellos (por poner un ejemplo: es imposible poder controlar dejar de parpadear indefinidamente o conseguir reducir las veces que tu corazón parpadea por minuto simplemente pensando en ello o diciéndotelo a ti mismo, ¿verdad? Estas son precisamente las funciones autónomas de las que se encargan los nervios cerebrales).

Entre otras muchas funciones, el nervio vago es el encargado de activar y regular el Sistema Nervioso Parasimpático, el cual induce un estado de desactivación generalizada del organismo, mientras que, por el contrario, el Sistema Nervioso Simpático es el encargado de activarnos, siendo precisamente el sistema que se pone en marcha cuando experimentamos ansiedad. Si bien es cierto que ambos sistemas (Simpático y Parasimpático) no son totalmente incompatibles, sino que actúan de forma coordinada, ejercen funciones aparentemente opuestas (como yo les comento muchas veces a mis pacientes: no puedes estar nervioso/a y relajado/a a la vez, en el mismo momento, simultáneamente –ojo, sí que puedes pasar rápidamente de un estado de relajación a uno de activación o de ansiedad, pero que sientas ambos a la vez, es imposible-). Es por ello que o estoy nervioso/a, o estoy tranquilo/a, por lo que cuanto más nervioso esté, menos tranquilo estaré, y a la inversa.

La clave de la relación con la ansiedad

El nervio vago ejerce un importante papel en la regulación de la ansiedad, en concreto, un importante efecto en la disminución de los síntomas físicos de la ansiedad: controla y mantiene el ritmo y frecuencia de la respiración, regula los latidos cardíacos, reduciendo su frecuencia, y controla el movimiento muscular, entre otras funciones, provocando cambios corporales opuestos a los síntomas de activación característicos de los episodios ansiosos (aumento del ritmo y frecuencia respiratoria y cardíaca, activación o tensión muscular, etc), convirtiéndose, por tanto, en uno de los elementos esenciales que se estimulan mientras provocamos, directa o indirectamente, autoinducirnos los estados de relajación.

De esta forma, cuando practicamos técnicas de relajación como la respiración diafragmática, por ejemplo, estimulamos el nervio vago, el cual, en concreto, como acabamos de ver, enlentece la frecuencia respiratoria y. consecuentemente, consigue que la respiración sea más profunda. De igual forma, si bien es cierto que no podemos actuar directamente sobre el corazón, trabajando la respiración conseguimos actuar de forma indirecta sobre el corazón, reduciendo también la frecuencia cardíaca. Todo ello, en conjunto, estimula el reflejo de relajación en nuestro organismo, reduciendo la alta activación característica de la ansiedad.

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