Me contaba un paciente en una de nuestras sesiones que el vomitaba sus emociones. Así le llamaba él a escribir en un papel lo que sentía. Nunca nadie le había recomendado ésta técnica, no había indagado en ella, pero él no necesitaba evidencias empíricas que afirmasen que se sentía más limpio por dentro cuando empuñaba el bolígrafo y dejaba plasmado todo lo que había en su interior. Le había nacido escribir como una necesidad, era como gritar callado, era hacer verdad sensaciones no palpables, era al fin y al cabo un espacio terapéutico que él había descubierto sin un guía, era sanador, era terapéutico y así lo afirmaba él: escribir ayuda con la ansiedad.

Estábamos de acuerdo. Hablamos de Aristóteles y la catarsis (necesidad del alma de expulsión de elementos nocivos) y de Ana Frank y su diario, que fue refugio de sus miserias y baúl de sus alegrías.

Todos hemos pasado momentos de esos de no entender nada de nosotros o de detestar esos sentimientos que llevamos dentro, momentos donde necesitamos orden, estructura, simpleza. La escritura terapéutica, es decir, el acto de escribir lo que sentimos, parece ser una excelente manera de empezar a gestionar lo que llevamos dentro.

¿Escribir ayuda con la ansiedad?

Una persona con ansiedad (desadaptativa) tiene un conflicto. Generalmente no entiende que pasa, no sabe cómo manejar lo que pasa, no sabe que contarse para mejorar, no sabe porque se comporta así, no se explica porque su cerebro le juega esta mala pasada.

Generalmente la búsqueda obsesiva de soluciones nos impide observar realmente cuales son los conflictos, a esto hemos de sumarle que a veces buscamos soluciones simples a problemas complejos. Creemos que nuestras reflexiones internas son suficientes y nos muestran una realidad objetiva de quienes somos y que nos pasa.

Pero… ¿Es esto cierto?

Es innegable que nuestras reflexiones internas nos ayudan a procesar nuestras vivencias y a buscar soluciones a nuestros conflictos, pero no podemos negar también que se tratan en numerosas ocasiones de pensamientos cargados de ambigüedades, contradicciones y desorden. Los pensamientos resultan en numerosas ocasiones superfluos e incompletos.

He escuchado más de una vez describir a una persona ansiosa el funcionamiento de su cerebro como tener mil pensamientos por segundo, es un viaje frenético de pensamientos, unas frases interrumpen a otras, un pensamiento salta al siguiente en microsegundos, los pensamientos catastrofistas parecen tener más peso y se imponen a nuestro discurso sin darnos cuenta. No es de extrañar que una persona que atraviese un cuadro ansioso se sienta enjaulado en su mundo mental, preso de un caos que no les permite analizar la situación objetivamente.

Y es aquí donde la palabra escrita juega un papel especial. La materialización del pensamiento en papel permite la clarificación del mismo. Escribir te obliga a parar, a releer, por tanto a organizar y a madurar el pensamiento.

Un boli y un papel son más que dos elementos, son el medio para dar rienda suelta a nuestros pensamientos, a nuestras emociones, a expresarnos sin temor, a moldear nuestro mundo interior.

Escribe, borra, tacha, vuelve a concentrarte, reelabora, dedícale tiempo. No se trata de realizar una gran obra literaria, no se trata de escribir para alguien, para que guste, se trata de que te escribas a ti. No necesitas un gran talento ni una gran creatividad, te necesitas a ti, como eres, nada más, así de fácil. Como decía Camilo José Cela, “para escribir solo hay que tener algo que decir”.

La escritura nos ayudará a reinventarnos, a buscar un centro donde colocar nuestro eje, a reinterpretar nuestra historia y a darle un sentido, convirtiéndola en un relato coherente y único donde tenemos el privilegio de ser al mismo tiempo protagonista y narrador. Con ella tendremos también la posibilidad de reconciliarnos con nuestra soledad, porque en sus dominios los seres humanos accedemos a nuestro propio descubrimiento y nuestra propia aceptación“. Reyes Adorna

¿Cómo me ayudará escribir en mi ansiedad?

Activará el compromiso

En la búsqueda del bienestar necesitaremos compromiso constante con nuestro propio proceso. No somos personas que nos sentamos delante de un terapeuta para nos arranque nuestros males, como si de la extirpación de un cáncer se tratara. Necesitamos involucrarnos, pensar, estudiarnos… La escritura terapéutica mantendrá activo el compromiso de buscar solución a nuestros propios conflictos.

Ayuda a reducir las rumiaciones

La rumiación mental es el fenómeno psicológico que aparece cuando nuestro foco de atención se queda “enganchado” en uno o varios pensamientos negativos reales o imaginarios que nos producen malestar. La manifestación escrita y la observación de nuestra forma de pensar nos permitirá reducir este proceso incómodo que lejos de darnos soluciones, nos muestra una visión distorsionada de los hechos.

Favorece el autodistanciamiento

Escribiendo tomaremos distancia de lo que nos pasa, ya que escribir implica un proceso secundario de elaboración sobre lo vivido.

Recordarás que te hizo bien o mal

¿Qué paso aquella vez para atreverme a enfrentarme a eso? ¿Cómo pensé aquella vez que entré en ese estado tan negativo? Escribir es una guía donde acudir cuando me encuentro perdido en mi proceso.

“La escritura se acompaña con el crecimiento del ser humano. Hay quien sin duda la pondría entre los grandes inventos de la historia humana. La palabra hablada tiene un valor fundamental en nuestra historia, pero la palabra escrita, no sólo tiene el poder de “permanecer”, también nos da la oportunidad de ponernos delante de nosotros mismos, porque una vez que hemos escrito algo, releyéndolo podemos vernos desde fuera; esto nos puede ayudar a mejorar, siempre que tengamos ganas”.

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