A lo largo del día podemos llegar a tener unos 60.000 pensamientos. Buena parte de ellos tratan sobre nuestro día a día, las dificultades, los problemas que tenemos o podemos llegar a tener en un futuro. Pretendemos, casi sin saberlo, que al pensar y preocuparnos por las cosas hallaremos una solución o estaremos más preparados ante posibles situaciones futuras; esto sería así, si cuando nos sumergimos en el mar de pensamientos y preocupaciones el resultado final fuese conseguir dicha solución. Pero… lo cierto es, que cuando nos metemos en el bucle de pensamientos y no paramos de rumiar mentalmente, lo único que logramos es sentir angustia y ansiedad sin llegar ninguna solución. Hoy hablaremos de la rumiación mental.

¿Qué es la rumiación mental?

La preocupación es como “una cadena de pensamientos e imágenes cargadas de afecto negativo y relativamente incontrolables que representan un intento por implicarse en la resolución mental de un asunto, cuyos resultados futuros son inciertos, pero contienen la posibilidad de uno o más resultados negativos”. Entonces podríamos decir que la preocupación es un fenómeno habitual que intenta acercarnos a encontrar y planificar soluciones a nuestros problemas. Por lo que con frecuencia quedamos atrapados en un sinfín de pensamientos circulares y bucles inacabables que más que acercarnos a una solución nos alejan de ella, generándonos gran malestar e interfiriendo en nuestro funcionamiento.

La rumiación mental es el fenómeno psicológico que aparece cuando nuestro foco de atención se queda “enganchado” en uno o varios pensamientos negativos reales o imaginarios que nos producen malestar. Es un estilo de afrontar un problema basado en la atención al síntoma, a las causas, a las consecuencias, en un intento de buscar una solución, en un intento de tener sensación de control sobre lo que nos ocurre. Esas madejas de pensamientos negativos se apoderan de nuestra mente, presentándose de manera recurrente. Son pensamientos que aparecen de manera intrusiva una y otra vez en nuestro cerebro y nos desbordan, generando frustración, angustia y ansiedad.

Cuando entramos en el bucle nuestra lucha se centra en querer salir de él, pues hartos de rumiar, intentamos por todos los medios suprimir este proceso, lo que ocurre es un efecto rebote: cuanto más intentamos no pensar sobre el problema, más dificultades tendremos para olvidarlo. La lucha contra la rumiación, el enfado con ella o la presión por eliminarla no harán más que aumentar su frecuencia e intensidad.

La rumiación mental crea estados de ánimo negativos que pueden teñir la calidad de nuestros pensamientos hasta tal punto que acabamos teniendo una visión distorsionada de los hechos. Y lo peor de todo es que podemos tomar decisiones equivocadas basándonos en esos pensamientos negativos. Por ejemplo: si estamos dándole vueltas a pensamientos que nos están generando tristeza, vendrán más pensamientos de tristeza. Si estamos rumiando sobre situaciones que tienen que ver con el miedo vendrán más pensamientos sobre el miedo.

  • Y cuantos más pensamientos, más fuerte se hace esa emoción.
  • Y cuanto más crece la emoción, más pensamientos vienen del mismo estilo.
  • Y según todo esto crece, nosotros nos hacemos más pequeñitos, perdiendo autonomía en nuestra mente. 

Consecuencias de la mente rumiante.

  • Las personas que tendemos a la rumiación tenemos un sentimiento ambivalente: por un lado, sentimos la necesidad de pensar y a la vez la necesidad de dejar de hacerlo. El resultado es muy agotador pues al final no dejamos de rumiar, acabamos cansados y con un importante desgaste mental.
  • Rumiar fomenta más pensamientos negativos. Si nos pasamos gran parte de nuestro tiempo dándole vueltas a pensamientos negativos, estos generan a su vez más pensamientos de este tipo.
  • Las rumiaciones no persiguen solucionar un problema, ya que pensar en negativo de forma recurrente incrementa nuestro estado de malestar y nos aleja de cualquier solución posible.
  • Además, pueden llegar a distorsionar la percepción real de las cosas que nos suceden. Emplear una cantidad tan desproporcionada de tiempo en darle vueltas a los acontecimientos negativos y dolorosos puede acabar tiñendo de negativo nuestras percepciones generales, de manera que empecemos a ver otros aspectos de nuestra vida también de forma negativa.
  • Este pensar demasiado o darles vueltas a los pensamientos nos impide el desarrollo de una vida satisfactoria, pudiendo acarrear serios problemas en nuestra salud, sobre todo la emocional.
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