Y llegó el Black Friday ¡Bienvenidos a la semana por excelencia del consumismo! Descuentos en las tiendas, precios “inmejorables” en las plataformas online, centros comerciales abarrotados de gente y nuestras tarjetas de crédito tiritando por momentos. Y es que pocos son los que escapan del consumismo desmesurado de éstos días. ¿Quién puede dejar escapar la oportunidad de llevarse a casa una ganga?

Posiblemente lleves ya varias semanas, o tal vez meses, con esas compras en la cabeza que no puedes dejar escapar, pero… ¿Te has planteado que fenómeno se esconde detrás de éste día? ¿Juegan las estrategias de marketing con nuestro cerebro?

El Black Friday existe con un fin muy concreto: incrementar el consumo

Si ya a lo largo del año la publicidad intenta crearnos necesidades, este día el esfuerzo se incrementa con una bajada de precios (aparentemente). Es como si nos dijeran a gritos: “¿Lo quieres? ¡Pues ahora es el momento!
¿Cómo hacen para que compremos más? ¡Hoy te lo contamos!

La Anticipación

Las empresas llevan anunciando éste día con semanas, incluso meses de antelación. La publicidad previa está enfocada a generar expectación en los consumidores¿A cuánto lo dejarán?“. Los mensajes continuados en los medios de comunicación generan sensación de acontecimiento en todos nosotros.

En definitiva, luchan durante semanas por captar nuestra atención y generar así potenciales clientes.

¡Lo necesitas y lo necesitas ya!

El Black Friday llega, pero no para quedarse, lo sabemos y así nos lo hacen saber. Un día, o tal vez un fin de semana, pero estos descuentos se esfuman y el hecho de que la ganga sea la crónica de una muerte anunciada, genera en nosotros urgencia; ¡Estarías loco si dejases pasar algo así!

He aquí la primera trampa. De un momento a otro, necesitas ese producto y lo necesitas ya, porque si lo dejas escapar, te arrepentirás y pensarás muchas veces en lo bien que te habría venido tenerlo. En ese momento ya crees necesitar ese algo y sobretodo crees que si no lo adquieres te sentirás culpable más adelante, así que compra, y de paso te quitas un quebradero de cabeza.

¿Algún motivo más por el que lo necesites? ¿Se te ocurre? ¡Feliz navidad! Llegan las famosas navidades, ya están a la vuelta de la esquina. ¿Y que caracteriza a éstas épocas? Los regalos, el consumismo. Es época de obsequiar a los que queremos con productos que desean, así que ¡estarías loco si dejases pasar esta oportunidad! ¿Para qué dejar las compras para más adelante si ahora lo tienes a mejor precio? ¿Ves? ¡Lo necesitas y lo necesitas ya!

¿Lo compras? ¡Serás feliz!

¿Sabías que nuestras emociones influyen directamente en nuestras decisiones económicas? Por ejemplo, cuando nuestro estado de ánimo es bajo, las personas utilizamos las compras, en muchas ocasiones, de manera compulsiva para paliar nuestro malestar.

¡Es hora de que el marketing haga su trabajo y actué durante semanas! Durante días podrás fantasear sobre aquello que te gustaría comprar y que te haría tan feliz tener. ¿Qué mejor para alegrar un mal día que una compra especial? Algo que no sueles permitirte. ¡Es hora de pensar! Y así lo hacemos, imaginamos lo felices que seremos con ese artículo y todos esos sentimientos positivos que te generará. Ahora que lo has generado en tu imaginación ¿Qué remedio? Cualquiera deshace el entramado mental que ha construido. ¡No nos queda más remedio! Hay que salir a comprar y buscar ese ansiado e imaginado bienestar.

¿Pensamiento crítico? ¡Bah!

El placer que produce comprar puede llegar a anular nuestro pensamiento crítico y es algo con lo que cuentan los expertos. ¿Qué hacemos cuando entramos en una tienda que nos gusta? Que activamos el llamado “modo compra”. A partir de ese momento es mucho más fácil que tomes la decisión y acabes consumiendo. Y por supuesto, sin olvidar que hoy en día a través de internet y un sencillo clic puedes llenar la cesta y que la traigan a casa.

¡Pero ojo! No cualquier producto es el que quieren que compres. ¿No has observado que los artículos más baratos son los que menos rebajas tienen? ¡Bingo! Las grandes rebajas están en los artículos caros, aquellos que ni te planteabas comprar y que las empresas cuentan con que no adquirirás con facilidad. Así que acabamos comprando artículos que ni nos planteábamos adquirir. ¿Por qué?. Porque estaríamos locos si dejásemos pasar una oportunidad así. Impulsividad en estado puro.

Presión social

Pero… ¿Quién de nuestro alrededor no está dispuesto a invertir en el famoso viernes negro? ¡No sé para de hablar del tema! Y nosotros no queremos ser menos. Nuestra supervivencia a dependido durante siglos de la similitud con los nuestros y es por eso que los seres humanos tendemos a imitar a los de nuestro alrededor por puro instinto de conservación.
Si todos compran, habrá que comprar.

Así que compra, compra si así lo deseas, pero si es con cabeza y objetividad, mejor que mejor. La impulsividad no suele ser nuestro mejor aliado. Ya sabemos que nos gusta la inmediatez, paliar nuestro malestar y recompensarnos por los grandes esfuerzos que hacemos en nuestro día a día. Así que… ¿Quién dice que consumir sea malo? Estamos seguros que nos reporta beneficios, pero cuidado, a veces el consumo se vuelve compulsivo y perjudicial. El consumismo es utilizado en numerosas ocasiones para tapar los infortunios de nuestra vida, y tal vez así, utilizado de éste modo, sea más perjudicial que beneficioso.

Ahora que ya conoces un poco más a cerca del marketing que se esconde tras el Black Friday, esperamos que si sales a comprar disfrutes de tus compras, pero sobretodo, que compres lo que necesites o quieras, no lo que te han hecho creer que quieres o necesitas.

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