Los seres humanos en el día a día tenemos la tendencia a funcionar en el modo “piloto automático” sin percatarnos de los pensamientos automáticos que durante el trasiego de la jornada pasan por nuestra mente y que en ocasiones nos hacen sentir verdaderamente mal y así actuar en consonancia con ese sentimiento. Esto ocurre principalmente porque no nos damos cuenta de la conexión que existe entre pensamiento, emoción y conducta. Los psicólogos utilizamos una técnica llamada autoregistro para la ansiedad (que debe rellenar el paciente) para hacer más consciente a la persona de tal asociación y así poder trabajar mediante diferentes estrategias con la información que se vaya registrando.

Relación entre pensamiento – emoción – conducta

Las personas no se alteran por los hechos, sino por lo que piensan acerca de los hechos” – Alber Ellis.

Este autor diseño el modelo A-B-C, en él se resume que no son los acontecimientos (A) lo que provocan los estados de ánimo (C) sino que son las interpretaciones que hacemos de los acontecimientos (B) los que producen en nosotros que nos sintamos de una manera u otra. Es evidente que ante un mismo acontecimiento unos reaccionan de una manera y otros de otra muy diferente. Es más, en nosotros mismos se provocan respuestas distintas ante un mismo hecho en diferentes momentos de nuestra vida. ¿A qué es debido esto si los acontecimientos son los mismos? La solución está en la fuerza de nuestros pensamientos e interpretaciones.

Vamos a clarificarlo con un ejemplo: cuando una persona con ansiedad se dice “voy a perder el control” (pensamiento), lo más probable es que comience a sentirse angustiado y su ansiedad se dispare (emoción), se active a nivel fisiológico (aparición de síntomas) y finalmente su respuesta conductual será la de huir (en la medida de lo posible) de la situación en el que se encontraba. Esto implica el establecimiento de un circuito en la que basta que aparezca ese pensamiento automático en otra situación para que todo se active de nuevo.

Por tanto, debemos trabajar sobre nuestras interpretaciones para lograr sentirnos bien. Esto no es una tarea fácil, ya que a lo largo de nuestra historia de aprendizaje hemos ido adquiriendo una filosofía de vida que nos hace percibir los acontecimientos a través de unas “gafas especiales muy arraigadas”. Si logramos a través del debate cognitivo cambiar la manera en que vemos el mundo o en que tendemos a interpretar los sucesos, conseguiremos sentirnos mejor en el presente y en el futuro.

¿Por qué es tan importante el autoregistro para la ansiedad?

Antes de sumergirnos en la importancia del autoregistro, quiero mostraros primero un ejemplo:

autoregistro para la ansiedad
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El autoregistro para la ansiedad nos ayuda a autobservarnos y ser conscientes de lo que sucede en nuestra mente sin que pase desapercibido. Poner nuestros pensamientos sobre un papel nos ayuda a poder reflexionar sobre ellos y cuestionarnos si aquello que estamos pensando concuerda con la realidad o más bien forman parte del elenco de las distorsiones cognitivas:interpretaciones erróneas de la realidad que llevan a la persona a percibir el mundo de manera poco objetiva (poco realista) además son disfuncionales. Se presentan en forma de pensamientos automáticos y desencadenan emociones negativas que dan lugar a conductas no deseadas o desadaptativas.

El autoregistro para la ansiedad aporta información relevante también al profesional (en este caso al psicólogo), mediante el registro de los pensamientos se puede llevar a cabo con el paciente posteriormente la Reestructuración Cognitiva. Mediante esta técnica y siguiendo unos pasos específicos se discute con el paciente los pensamientos automáticos negativos.  Por ello es tan importante la identificación previa de los pensamientos negativos irracionales (distorsiones cognitivas).  Mediante la misma, la finalidad es enseñar a las personas a cambiar aquellos pensamientos desadaptativos por otros que nos ayuden a sentirnos mejor o a no sufrir tanto.

El autoregistro es el paso previo para poder modificar la forma que tenemos de interpretar de manera distorsionada las diferentes situaciones, haciendo conscientes los pensamientos automáticos y poder modificarlos mediante distintas técnicas por otros más realistas y adaptativos.

Recordad que el modo en que las personas estructuramos cognitivamente nuestras experiencias ejercen una influencia fundamental en cómo nos sentimos y actuamos, así como en las reacciones físicas que tenemos. En otras palabras, nuestra reacción ante un acontecimiento determinado depende principalmente de cómo lo percibimos, atendemos valoramos e interpretamos.

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