Es probable que entrenes tu salud física yendo al gimnasio o practicando algún deporte, mientras intentas mantener una alimentación sana. Que cuides a tu pareja, tu familia y tus amistades fomentando relaciones sociales que sumen y aporten en tu vida. Seguro que también intentas hacer balance para poder mantener cierto estatus económico en el ámbito laboral o académico para llegar a fin de mes y poder permitirte algún capricho. Pero, ¿te has parado alguna vez a pensar si cuidas tu salud mental? Y si lo haces, ¿hace cuánto que no le prestas la suficiente atención?

El 10 de octubre es el Día Mundial de la Salud Mental. Y, para celebrarlo, en la entrada de blog de esta semana te ofrecemos unos sencillos “tips” diarios para no descuidar nuestra salud mental.

Tres sencillas pautas para cuidar tu salud mental, esa “gran olvidada.

Al igual que cuidas tu salud física, igual de importante es cuidar tu salud mental. De esta forma, conseguiremos importantes beneficios, no sólo a nivel de prevención de problemas psicológicos en el futuro, sino sobre todo a nivel de mejora personal: conseguiremos entendernos mejor a nosotros/as mismos/as, aumentar nuestro bienestar y satisfacción y, además, todo ello redundará en una mejor calidad de vida, no sólo personal, sino también social.

¿Cómo conseguirlo? A continuación te ofrecemos tres sencillas pautas para atender de la forma que requiere nuestra salud mental:

1. Dedica al menos una vez al día un momento para ti.

Las prisas, la urgencia, la inmediatez, la rutina, el “todo es para ayer”, “no doy abasto”… hacen que día a día vivamos acelerados y estresados, en “piloto automático” y sin prestar atención a lo realmente importante. Instaura la pequeña rutina, al menos 10 minutos, de parar, desconectar y relajarte. Basta con no hacer nada, respirar profundamente, meditar o bien simplemente dedicar un paréntesis a disfrutar del momento presente, sin pensar más allá.

2. Valórate (y prémiate).

¿Hace cuánto tiempo que no te valoras o te dices a ti mismo/a lo bien que haces algo? Todos tendemos, en mayor o menor medida, a ser nuestros propios jueces o autocríticos. Es más, me atrevería a decir que somos nuestro peor enemigo. Y… si no me valoro yo mismo/a, ¿quién lo hará? Más importante aún es ser realista conmigo mismo/a, darme cuenta de que (claro que sí) hay cosas que hago mal, pero no “castigarme” pensando que son errores perdonables. Reconcíliate contigo mismo/a, permítete el error (normalízalo) y, lo más importante, si haces algo bien, valóralo, no lo minimices o atribuyas el éxito totalmente a causas externas o al azar. Lo he hecho bien y gracias a mi esfuerzo lo he conseguido. Y, por qué no, date un pequeño premio por haberlo alcanzado (escucha tu música favorita, cómprate esas entradas que siempre quisiste, rodéate de tus seres queridos para celebrarlo, etc). Sé justo contigo mismo/a.

3. Valora lo que tienes (y no esperes a perderlo para hacerlo).

Seamos sinceros: ¿te has dado cuenta de que, una y otra vez, siempre nos centramos en lo que nos falta? “Si consigo pareja seré feliz. Sólo si termino estos estudios o consigo ese trabajo podré disfrutar de la vida”. Y ojo, ¿qué ocurre cuando no lo conseguimos? ¿Cuando esa persona no nos hace caso, cuando no nos eligen como el candidato ideal para ese puesto de trabajo? Ajá, es lo peor del mundo mundial. Nos hundimos. Pero, para más “inri”, cuando lo conseguimos, bah, es lo normal, no es para tanto, es lo que debería tener, cualquiera lo conseguiría. Es decir: si no lo tengo, lo idealizo, y si lo tengo, lo minimizo y no lo valoro. ¿Por qué somos así de incongruentes? Ahora, basta que no lo tengas para considerarlo lo más importante del mundo). Valora todo lo que tienes a tu alrededor (dedica un momento a pensar en todo lo bueno que tienes), agradécelo, disfruta y cuida tus relaciones sociales y no te centres sólo en lo que te falta, porque nunca será suficiente, y así lo único que conseguimos es condenarnos a no ser felices nunca (siempre nos faltará algo para ser “plenamente” felices).

Si cambiamos nuestra forma de interpretar el mundo y a nosotros/as mismos/as, y si dedicamos un tiempo a conocernos y cuidarnos, empezaremos a dar los primeros pasos para cuidar nuestra salud mental. ¿Se te ocurren más ideas para mejorar?

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