En muchas ocasiones, la línea que separa dos etiquetas diagnósticas puede ser verdaderamente fina y difusa, lo que puede dificultar un diagnóstico correcto y una buena orientación de la problemática a tratar. Este es el caso de la fobia social y el trastorno de evitación. Hoy hablamos de su diferencia.

Fobia o ansiedad social

El trastorno de ansiedad social o fobia social, se caracteriza por un miedo o ansiedad intensa en una o más situaciones sociales en las que la persona siente estar expuesto al posible examen o escrutinio por parte de los otros: mantener una conversación, actuar delante de otras personas, reunirse con personas con las que se tiene poca confianza…

Las personas tienen miedo de actuar de cierta manera que consideran vergonzosa o de mostrar síntomas de ansiedad que se valoren negativamente, es decir, que lo humillen, lo avergüencen o rechacen. El miedo a que esto ocurra hace que la persona lleve a cabo un patrón evitativo o resistente.

Trastorno de la personalidad evitativa o trastorno de evitación

Por personalidad nos referimos a aquella estructura de carácter psicológico que hace referencia al conjunto de rasgos distintivos que posibilita que un individuo sea quién es. Todos tenemos algo de neuróticos, de obsesivos, de antisociales o de narcisistas, pero lo que es importante no es que tengamos esas características sino en que cantidad, es decir, en qué medida caracterizan nuestra personalidad. Los trastornos de la personalidad podrían considerarse como “formas extremas” de determinadas formas de ser.

El trastorno de personalidad evasiva o evitativa se caracteriza por un patrón dominante de inhibición social e hipersensibilidad a la evaluación negativa, que comienza en las primeras etapas de la edad adulta y está presente en diversos contextos.

Para que se pueda diagnosticar un trastorno de la personalidad evasiva se deben manifestar al menos por cuatro o más de los siguientes hechos:

Evitación de actividades laborales que impliquen un contacto interpersonal significativo por miedo a la crítica, desaprobación o rechazo.

Poca disposición a establecer relaciones con los demás a no ser que esté seguro de ser apreciado.

• La persona se muestra retraída en las relaciones sociales estrechas porque teme que lo avergüencen o ridiculicen.

• Existe una preocupación intensa por ser criticado o rechazado en situaciones sociales.

• La persona se muestra inhibida en nuevas situaciones interpersonales debido al sentimiento de falta de adaptación.

• El sujeto se ve a sí mismo como socialmente inepto, con poco atractivo personal o inferior a los demás. Se muestra extremadamente reacio a asumir riesgos personales o a implicarse en nuevas actividades porque le resultan embarazosas.

¿Trastorno de evitación o fobia social?

Como hemos podido observar, las dos patologías se caracterizan por una evitación en contextos sociales, en los dos casos todo lo que sea relacionarse con otras personas puede causar un nivel de ansiedad elevado. Aun así y aunque en ocasiones pueda resultar complejo realizar una diferenciación, estas dos patologías no son lo mismo y hoy nos encargaremos de mostrar las diferencias existentes:

• Podríamos manifestar que la personalidad evitativa, es una forma agravada de fobia social, al abarcar más aspectos (presente en muchas situaciones), prolongarse más en el tiempo y conllevar más problemáticas implícitas (autoestima, autoconcepto, distorsiones cognitivas…). Cuando hablamos de trastorno de la personalidad evitativa, hablamos de un pronóstico de cronicidad, mientras que, en el caso de la fobia social, puede resultar más sencillo desprenderse de la patología.

• Las personas con fobia social parecen mostrar mayores habilidades sociales que las personas con trastorno de la personalidad evitativa.

El trastorno de personalidad evitativa aparece relativamente pronto a nivel temporal y de manera inespecífica. Por el contrario, en la fobia social el problema puede darse en una o pocas situaciones que requieran interacción social, que aunque puedan limitar de manera significativa a la persona, ésta puede que se desenvuelva de una manera funcional en otras.

• Por último, algunas personas con fobia social se sienten menos identificadas con su forma de actuar frente a los otros, mostrando desagrado e incluso desconcierto con esa forma de comportarse, mientras que en el trastorno de personalidad evitativa, la persona se puede sentir más identificado con su manera de funcionar, aceptando que es su propia manera de entender y de defenderse del mundo. Es decir, en la fobia social puede existir mayor desidentificación con la problemática presente

Realmente a nivel de síntomas pueden ser muy parecidos, pero el razonamiento que hay detrás, es decir, el motivo que lleva a las personas a tener esa conducta en ambos casos, no es exactamente igual. Pongamos un ejemplo: proponemos a dos personas (una con fobia social y otra con personalidad evitativa) dar una charla en una sala de actos. Ambos dirán que están ansiosos y que, si pudieran quitarse de encima esa charla, lo harían. No obstante, la razón sería diferente.

El trastorno de ansiedad social podría plantearse algo así: “Mira que yo sé de este tema, mira que podría ayudar mucho, pero… ¿Y si me sube la ansiedad y quedo fatal? ¿Y si hago el ridículo y mis compañeros ya no me ven igual que antes?

En cambio, en el trastorno de personalidad por evitación, el individuo se podría plantear: “Yo no sé hacer esto, lo voy a hacer mal. Van a acabar riéndose de mí, cómo no, si soy un cuadro.”

En el trastorno de la personalidad evitativa, la persona cree tener claro que él no es adecuado para hacer esa charla, convencido de que lo va a hacer mal, convencido de que va a ocasionar una enorme crítica por parte de la audiencia.

Igualmente pasa con el tratamiento, aunque los síntomas puedan ser muy parecidos, el tratamiento no es exactamente igual en un caso que en otro.

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