La sensación de vacío es un sentimiento complejo que todos, en algún momento, hemos experimentado. En nuestra sociedad es frecuente que no terminemos de aceptar que “teniéndolo todo” podamos sentir ese hueco en nuestro interior, esa profunda tristeza y sensación interna de que nuestro devenir diario y la vida que hemos construido (y seguimos construyendo) a veces carezca de sentido.

¿En qué consiste la sensación de vacío?

¡Qué difícil resulta explicar esta sensación y qué difícil resulta entenderla! A pesar de que hayamos podido pasar por ella más de una vez. Es como si creciese en nuestro interior una insatisfacción poderosa que no ubicamos de dónde procede, desmotivándonos y angustiándonos.

Bajo este panorama nuestras reacciones son variadas, pero generalmente tendemos a eludir responsabilidades, compromisos y contacto con las personas de nuestro alrededor. Crece nuestra sensación de inseguridad y, bajo esa sensación de vacío que para muchos es vivida como insoportable, podemos llegar a refugiarnos en distintos hábitos como comer descontroladamente, consumir drogas o, simplemente, buscar llenar ese vacío a través del amor, el trabajo o yendo al gimnasio sudar la camiseta horas y horas.

Horror vacui

El término Horror vacui, que proviene del latín, significa miedo al vacío. Este miedo al vacío nos viene históricamente acompañando en diversos ámbitos pero, por ejemplo, en arquitectura o en piezas de arte se entiende claramente si observamos iglesias barrocas, el arte bizantino o el estilo rococó, obras en las que se muestra la obsesión por no dejar ni un mínimo espacio sin ser rellenado con alguna imagen, contenido o detalle.

Nuestra tradición cultural siempre ha tenido miedo a ese vacío y por ello tiende a rechazarlo. La cultura occidental desprende una constante búsqueda de respuestas concretas y un establecimiento de “verdades absolutas”, creamos preguntas para poder buscar las respuestas y llenarnos de contenido. Pero con esta manera de funcionar, cuando no tenemos un objetivo claro hacia el que dirigirnos o nos hallamos sin respuesta, nos sentimos perdidos, como en una especie de abismo, en un final existencial que genera incertidumbre y angustia.

Vivimos en la era de la hiperestimulación informativa, miles de estímulos como rótulos, luces, pantallas o ruidos nos rodean a diario; Internet contiene infinitamente más información de la que a nivel individual podremos procesar jamas; funcionamos en modo multitarea (¿o es que a caso no estas viendo una película y te pones a mirar la tablet o el movil para consultar algo mientras?); el día tiene 24 horas pero por las cosas que nos gustaría abordar necesitaríamos al menos 30, es decir, vivimos en el después; nos contamos cómo somos y cómo son las cosas, así que en base a eso vivimos en automático, seguros de que es así. Todos estos ejemplos son métodos para no parar, para no sentir ese vacío.

El problema sobreviene cuando después del intenso movimiento diario intento dormir, o me rompo una pierna y tengo que permanecer en cama, cuando tengo días de vacaciones, cuando me quedo sin trabajo o cuando me jubilo… momentos en los que la estimulación y el movimiento se detiene, momentos en los que nos asalta la pregunta ¿Y ahora qué?

Cuando la “nada” es “algo”

A diferencia de lo que acabamos de ver de la tendencia occidental en la que el vacío se concibe como una ausencia o carencia total de conceptos, para la antigua cultura china el vacío es creador y transformador. El vacío es un espacio puro, que contiene un potencial creativo infinito y que puede convertirse en cualquier cosa. Y es que hay un principio que no podemos negar: para que algo aparezca tiene que haber antes un espacio dónde aparecer.

Como si de un lienzo en blanco se tratase, el vacío es una oquedad que favorece un estado de conciencia diferente, en donde reflexionar qué creación se desea iniciar. Identificarla y poder permanecer en esta sensación, es valorar la posibilidad de un principio de algo, en definitiva de darme espacio y valorar mi capacidad para imaginar y llevarlo a cabo, de crear. Para transformar esa visión del lienzo en blanco en el que caben todas las posibilidades, en la opción que yo deseo.

¿Qué dificultades nos podemos encontrar en ese camino?

Aprovechar ese sentimiento de vacío es traspasar una puerta en la que al otro lado podremos encontrar valiosa información sobre nosotros/as mismos/as, pero a veces esto se nos hace difícil o angustioso, porque no tenemos costumbre, nos sentimos perdidos, o simplemente nos censuramos tanto que todo lo que identificamos lo desechamos al cubo de la basura. Generar el cambio en mí da miedo por la incertidumbre que supone.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que si está ahí, si experimentamos esta sensación, estaría bien aprovecharla en vez de dejarla a un lado, porque al fin y al cabo por mucho que nos empeñemos en apartarla reaparecerá una y otra vez en el tiempo. No podemos controlar el neutralizarla sin más (¡ojalá fuese así!), así que la alternativa es escucharla y otorgarle un sentido creador; ¿de qué? aún no sabemos, pero seguro que será un punto inicial de algo.

Algunas claves que facilitarán el atravesar esa sensación de vacío

Será tener en cuenta que, cuando nos paremos a bucear en esa “nada”, aparecerán emociones que solemos bloquear o no hacer mucho caso. ¿Notas enfado?, ¿miedo?…

Tras identificarla es siguiente paso será preguntarnos ¿Para qué está esta emoción?, ¿qué la mueve?, ¿cual es su (tu) motivación?

Por ejemplo, puede que haya mucho enfado con “el mundo” en general por diversos motivos y errores que creemos que comenten los otros, párate y míralo desde otro punto… ¿Qué es lo que me molesta a mí?, de alguna manera ¿qué les estoy exigiendo a los otros?, que sean justos, por ejemplo, ¿para qué necesito esa justicia?, ¿es eso lo que me motiva?

Seguidamente, transforma esa emoción y llévate a la acción (no le exijas a los otros que sean ellos los que actúen). Si sólo nos quedamos en identificarla y darle sentido, pero no realizamos ninguna acción se quedará en un intento frustrado, en el que dará vueltas y reaparecerá una y otra vez, pudiendo atormentarnos. Así que piensa ¿qué puedo yo hacer?, ¿cómo puedo usarla de forma responsable en mi provecho?, si para mí es importante experimentar la justicia puedo realizar alguna actividad de provecho, colaborar con alguna asociación o buscar algún grupo u organización en donde se busque hacer justicia de algún modo con alguna causa, por ejemplo. Eso es crear “algo” de la “nada”.

Es interesante que en esta búsqueda de ideas creativas con las que desees pintar el lienzo no te autocensures buscando excusas o limitaciones. Sabemos que no es fácil, pero es importante, ya que estamos hablando de trabajar con nosotros mismos para transformar esa sensación de vacío por el experimentar sensaciones de bienestar, acordes conmigo; sensaciones de bienestar que solemos buscar, pero en otros lados sin que ese esfuerzo dé sus frutos.

Lo mejor de todo, si llevamos a cabo nuestros deseos sin hacer caso a la autocensura, será sentir que somos capaces de hacerlo, de ser capaces de andar, andando. Sentir que llevamos el control de la nave, de nosotros/as mismos/as. Bienvenida sea entonces la sensación de vacío.

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