¿Alguna vez has experimentado la sensación de pensar una cosa y luego en realidad hacer otra, sin darte cuenta de que mantenías dos ideas incompatibles? Por ejemplo, todo fumador sabe que el acto de fumar es perjudicial para la salud, pero aun así siguen fumando. En este caso hay contradicciones entre lo que piensan sobre el tabaco y la conducta de fumar, lo habitual es que la persona intente tratar con más o menos suerte racionalizar sus pensamientos contradictorios con el objetivo de evitar que esta contradicción le provoque malestar diciéndose a sí mismo que tampoco fuma tanto. Es decir, haciendo que sus pensamientos sean más coherentes. Esta semana vamos a hablar de la disonancia cognitiva.

La disonancia cognitiva es la tensión, incomodidad y malestar que percibimos cuando mantenemos dos ideas contradictorias o incompatibles, o cuando nuestras creencias no están en armonía con lo que realmente hacemos. Generalmente cuando una actitud y una conducta son contradictorias e incongruentes. Por ejemplo, sé que fumar es malo para la salud y fumo igualmente.

  • Cogniciones consonantes: Sé que fumar perjudica y no fumo.
  • Cogniciones disonantes: Sé que fumar perjudica y fumo.

Génesis teórica de la disonancia cognitiva

León Festinger (1957) enumera cuatro situaciones creadoras de disonancia:

1.- La inconsistencia lógica. Cuando las opiniones o conductas que mantiene una persona son contradictorias de acuerdo con la lógica se genera una disonancia. Creer firmemente que el tabaco es perjudicial para la salud y que puede causar grandes daños, incluso la muerte y a pesar de ello continuar fumando.

2.- Las convenciones culturales o costumbres. La contradicción queda definida, en este caso, no por la lógica formal sino por las normas culturales. Este es el caso, por ejemplo, de la trasgresión de las normas de sociedad, siempre y cuando estas estén interiorizadas.

3.- La contradicción entre una opinión y otra opinión de ámbito más amplio, que la incluye. Una persona, por ejemplo, que es militante de un partido político y, en una situación concreta, veta en contra de dicho partido, está sometida a un estado de – disonancia.

4.- La experiencia pasada. Todo aquello que contradiga lo que hemos aprendido por propia experiencia genera una situación de disonancia, mientras no se encuentre una explicación coherente con nuestra experiencia. Que un madridista, por ejemplo, se haga colchonero (del atlético de Madrid) de la noche a la mañana generará disonancia, mientras no encontremos una explicación consistente a tan radical y súbito cambio.

La disonancia puede surgir por múltiples causas

  • Inconsistencia lógica entre creencias contradictorias: Sé que fumar perjudica y sé que soy fumador.
  • Inadecuación de la propia conducta a las convenciones sociales: Actuar de modo distinto a lo que la sociedad considera “normal”.
  • Actuación contradictoria con actitudes previas: Uno actúa de un modo distinto al que piensa.
  • Actuación contradictoria con actuaciones previas: Uno actúa de un modo distinto a como lo hacía antes.
  • Actuación contradictoria con opiniones expresadas: Uno hace cosas contradictorias con lo que dice.
  • Actuación en contra de una actitud concreta que está incluida en una actitud más general: soy ecologista y no reciclo los residuos.
  • Relaciones con personas que mantienen actitudes contrarias a la propia en aspectos relevantes: mi pareja tiene ideas completamente contrarias a las mías.

La magnitud de la disonancia es el grado de tensión, malestar psicológico asociado a esa disonancia.

¿Cómo podemos reducir la disonancia?

La disonancia, igual que sucede tiene un componente de activación fisiológica que produce sensaciones adversas. La disonancia cognitiva motiva al cambio para buscar la coherencia y reducir tales sensaciones. La disonancia puede reducirse de diferentes formas:

  1. Cambiando uno de los elementos disonantes. Es decir, cambiando la conducta (no fumar) o cambiando los pensamientos (“fumar no es tan malo”).

2. Cambiando la importancia otorgada a los elementos, de forma que se considere que son más importantes las creencias que apoyan la conducta elegida (“fumar me provoca placer” vs. “fumar daña mi salud”: “disfrutar de la vida es más importante que la salud”).

3. Buscando y añadiendo nuevas cogniciones que sean consonantes con la conducta elegida (“tal persona con 65 años fuma y está muy sano”; “si prohíben el tabaco es por intereses políticos”).

La elección de una forma u otra dependerá de cuál sea más factible y eficaz. Cuando hay disonancia entre actitudes y conducta suele modificarse el elemento actitudinal (pensamiento). El cambio actitudinal será más probable:

• Cuando la conducta disonante es ya inevitable.

• Cuando la conducta consonante es muy difícil de llevar a cabo para la persona.

• Cuando la conducta disonante es muy satisfactoria.

• Cuando la conducta consonante supone grandes costes.

• Cuando la conducta disonante no está bajo el control de la persona.

Las personas no soportamos mantener dos ideas contradictorias, automáticamente justificamos dicha contradicción, aunque tengamos que recurrir a argumentos de lo más absurdo, es necesario sentir que nuestros pensamientos, creencias e ideas son coherentes. ¿Es la disonancia cognitiva la teoría del autoengaño? Es muy importante, saber que estamos utilizando el mecanismo de la disonancia cognitiva, para no llegar al autoengaño, la crítica y la mentira.

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