Hoy queremos hablarte sobre las disonancias cognitivas, pero antes, unos eejemplos:

Marta ha escuchado a su tía hablar en el salón con su madre, sus dos familiares relatan aquellos años en el que el padre de Marta fue alcohólico y cómo llegaba bebido a casa cuando los niños eran solo unos bebés. Marta se refugia corriendo en su cuarto intentando asimilar la información que ha escuchado de su idolatrado padre. “Seguro que solo había bebido unas copas, pero en mi familia todos son unos exagerados” acaba diciéndose.

Luisa acaba de empezar sus prácticas en un concesionario. Su jefe le ha dicho que, aunque está encantado con su presencia, es muy complicado que puedan contar con ella en el equipo ya que debido a la crisis del Covid, han notado un bajón de clientes importante. Luisa no para de fijarse en la cara de su jefe mientras piensa que éste cada vez valora más su trabajo y será incapaz de deshacerse de ella.

Carlos está en el instituto y en su clase hay personas de distinta raza. Carlos nunca se junta con ellos, de hecho, no les dirige la palabra. Se siente culpable por no acercarse a ellos, ya que sus padres siempre le han educado en la tolerancia e igualdad, pero se justifica a sí mismo diciéndose que nadie de su clase lo hace y él no tiene tampoco porque hacerlo.

¿Qué son las disonancias cognitivas?

La disonancia cognitiva es un término acuñado por Leon Festinger, psicólogo social de origen judío que nació en Nueva York en 1919, mostrando una precoz tendencia hacia la psicología, comenzando muy pronto a desarrollar una actividad científica que a lo largo de 50 años se fue plasmando en innumerables publicaciones de enorme interés.

La disonancia cognitiva hace referencia a la tensión o incomodidad que sentimos las personas cuando nuestras propias ideas, creencias y actitudes entran en conflicto. Cuando este tipo de acontecimientos se producen, las personas, con el objetivo de mantener coherencia y consistencia entre las acciones y los pensamientos, tendemos a modificar nuestros esquemas mentales para encontrar equilibrio. Nuestro cerebro viene a hacer este juego “Esto no me cuadra, no me encaja, vamos a reordenarlo de nuevo para poder sentirme a gusto y tranquilo conmigo mismo“.

¿Por qué nos autoengañamos?

– Para protegernos

En determinados momentos de nuestra vida, nos enfrentamos a realidades que no queremos o podemos digerir. Digamos que la información que recibimos nuestro cerebro la etiqueta como “intolerable” por lo que acaba contándose una historia paralela, que resulta más cómoda que asumir la realidad.

Este es el caso de Marta, que siempre ha idealizado a su padre, siendo éste su ejemplo a seguir. Marta se protege de la idea de destruir internamente la idea concebida de su padre, diciéndose que su familia debe ser una exagerada.

– Para ilusionarnos y hacernos la vida más agradable

Las disonancias cognitivas, a veces aparecen para contarnos, que, aunque no tengamos señales de que eso sea así, las cosas nos irán todo lo bien que deseamos. Este es el caso de Luisa, que interpreta las caras de su jefe, como señales de que finalmente, aunque éste haya dicho que no es algo factible, será contratada.

– Para justificar nuestras conductas

Podemos ser conscientes de que nuestra conducta no es adecuada, pero no nos apetece asumirlo por lo que esto entonces conllevaría, por lo que acabamos justificando nuestro comportamiento cómo es el caso de Carlos, que ha preferido contarse que su comportamiento es lo normal, pues así lo hacen todos.

Festinger (1957) sugirió que las personas que tienen simultáneamente dos creencias inconsistentes o contradictorias vivencian un estado motivacional displacentero de ‘disonancia cognitiva’ que les lleva a cambiar éstas para reducir su experiencia aversiva. El ejemplo clásico de Festinger es el de los supervivientes a un terremoto, distantes del foco central, que creen y transmiten rumores sobre una nueva catástrofe inminente que les afectará, pese a que todo lleva a pensar lo contrario. Estas personas sienten miedo, lo que es inconsistente con no tener razones para sentirlo, lo cual les lleva a creer y hablar sobre la inminencia de un nuevo terremoto en su zona, y esto les permite justificar o racionalizar su aprensión, haciendo consistente sus creencias y sus emociones.

En conclusión, resolvemos nuestra tensión interna para acabar creyendo aquello que nos resulta más sencillo y digerible, intentando mantener coherencia con nuestra propia identidad, es decir, modificamos la realidad para que el resultado nos convenga aportándonos sensación de tranquilidad y estabilidad.

En algunas ocasiones mantener estas disonancias cognitivas se convierte en una opción viable y duradera en el tiempo, resultando incluso adaptativa. Por ejemplo, Marina, quizá pueda vivir manteniendo la imagen idílica de su padre, sin enfrentarse a las consecuencias de descubrir que su padre no les atendió en buenas condiciones. En otras ocasiones, sin embargo, la realidad nos obliga a darnos cuenta de que estábamos interpretando la realidad de una forma poco realista, que sería el caso de Luisa, si como los datos apuntaban, no acaba siendo contratada.

Disonancias cognitivas y problemas psicológicos

En algunas ocasiones, las disonancias cognitivas aparecen dentro del curso de un problema psicológico, usándolos la persona para justificar sus ideas distorsionadas o para no enfrentarse a problemas que le están ocasionando un conflicto. En estos casos, las disonancias cognitivas nos llevan a mantener y perpetuar el conflicto y como consecuencia mantener y agravar el problema psicológico.

Pablo tiene agorafobia desde hace 10 años. Su terapeuta le ha insistido en la idea de trabajar fuera de consulta todo lo que van tratando y le ha pedido que se vaya exponiendo a sus temores progresivamente. Pablo sabe que una parte fundamental para su recuperación implica que se exponga de manera más constante a su temor a subirse en trenes y metros. Pablo se acuerda todos los fines de semana, pero en cuanto lo hace empieza a sentir miedo, es decir, la temida ansiedad anticipatoria. Pablo no reconoce que le frena su miedo, sino que acaba diciéndose: “Ya lo haré otro día, hoy no tengo casi tiempo y las cosas hechas así no merecen la pena, o se le dedica tiempo o nada. Además ¿Para qué? Si ahora tampoco se puede salir de Madrid, para cuando se pueda ya se me va a olvidar todo lo que he avanzado”. Así todos los fines de semana.

No resolver esta disonancia cognitiva, permite a Pablo no enfrentarse a su problemática y mantener así una aparente coherencia con su creencia, es decir, Pablo sabe que exponerse le ayudará a recuperarse de su problema, por lo que asumir que no se enfrenta por miedo, le hará enfrentarse a una realidad más incómoda, que contarse que lo hace por ausencia de tiempo.

Carla lleva creando en su mente imágenes de vírgenes antes de irse a la cama años. Carla lo hace porque cree que si piensa en estas imágenes no le pasará nada a su familia. Carla tiene Toc. Se le pide en consulta, con el fin de demostrar que esta creencia es errónea que deje de crear imágenes en su mente y compruebe si le pasa algo a su familia si no lo hace. Efectivamente Carla se pasa una semana sin crear imágenes y a su familia no le ocurre nada. Carla justifica este hecho, diciendo que solo ha pasado una semana, pero que lleva años creando esas imágenes, por lo que ha acumulado mucha buena suerte y solo ha tentado a la mala suerte una semana.

¿Qué está haciendo Carla? Carla cree que crear determinadas imágenes salva de accidentes a su familia, pero el resultado del experimento le dice que su creencia es errónea. Esta incomodidad que surge de esa disonancia (dos informaciones contradictorias) la resuelve buscando justificaciones que le permitan mantener su idea inicial (idea TOC: poder de los pensamientos y las imágenes mentales) y así desechar cualquier otra posible idea con plena convicción.

Este tipo de situaciones son muy frecuentes y el mantenimiento de las disonancias cognitivas en el caso de desórdenes psicológicos nunca resulta adaptativo porque perjudican al paciente

Tratamiento de las disonancias cognitivas

Dos de las técnicas más eficaces para hacer frente a las disonancias cognitivas, son los experimentos conductuales y el diálogo socrático.

  • Experimentos conductuales: Un experimento conductual puede consistir en hacer o en dejar de hacer algo, para poner a prueba las creencias/cogniciones distorsionadas de los pacientes. Por ejemplo, pedimos a Carla que dejara de crear imágenes mentales para comprobar si su obsesión: le pasarán cosas graves a mi familia, era o no era cierta.
  • Diálogo socrático: El objetivo del método socrático o del diálogo socrático no es el de dar una respuesta a las preguntas de otros, sino el de favorecer que esta persona puede ser capaz de profundizar en su propia psique y reflexión con el fin de que este desarrollo su propio conocimiento por sí mismo.

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