Bien sabemos los que nos hemos enfrentado a exámenes en la vida adulta que el miedo a suspender no quedó abandonado en nuestra ya lejana vida escolar.

¿Quién no ha experimentado un nerviosismo intenso antes de que le entreguen el examen? Uno repasa obsesivamente sus conocimientos mentalmente, porque tenemos un propósito, no suspender. ¿Y qué hay del pánico que aborda al estudiante cuando lee las preguntas del examen y en su cabeza resuena un “no me la sé“?

Tenemos miedo a suspender. Y de alguna u otra forma, éste miedo forma parte de la aventura del estudiante. Nuestro miedo a suspender nos activa ante la demanda, nos hace mejorar el rendimiento cuando el examen se acerca, nos hace que se active nuestro estrés y seamos más eficaces en el momento del examen. Pero… No es oro todo lo que reluce. Para muchas personas el miedo a suspender se traduce en niveles altos de ansiedad que acaban por perjudicar tanto la preparación como el enfrentamiento a los exámenes, incluso puede llevar al abandono de los estudios.

¿Cuándo el miedo a suspender es desadaptativo?

Hay síntomas que son fáciles de percibir y nos muestran claramente que el miedo que padece el estudiante ha dejado de ser adaptativo.

Síntomas fisiológicos más comunes

• Taquicardias
• Dificultad para respirar
• Tensión muscular
• Temblor
• Problemas estomacales

Síntomas cognitivos

• Pensamientos anticipatorios catastrofistas
• “Aceleración del pensamiento”
• Bloqueos
• Incapacidad para concentrarse

Síntomas conductuales

• Ausencia en los exámenes
• Abandono de las tareas
• Problemas de sueño
• Mayor irritabilidad

En algunos casos éstos síntomas aparecen aislados y de manera poco frecuente, por lo que con unas sencillas pautas la persona podrá enfrentarse de manera más funcional a su miedo a suspender, por el contrario, existen otros cuadros más severos que pueden requerir tratamiento psicológico o farmacológico.

¿Por qué se produce un paralizador miedo a suspender?

Porque nos enfrentamos a algo muy temido por todos: el fracaso.

Las personas que padecen éste miedo patológico al suspenso se caracterizan en la mayoría de ocasiones por ser personas altamente perfeccionistas y con un grado de juicio muy elevado. Les cuesta ser benevolentes con ellas mismas y contemplan el fracaso como algo insoportable.

Indudablemente no debemos obviar que hay condiciones ambientales que propician que el fracaso en esta área de nuestra vida pueda ser vivido con verdadera angustia. Una sociedad competitiva, con oportunidades limitadas laborales nos invita a niveles de autoexigencia muy elevados. No olvidemos también el coste elevado que supone hoy en día realizar unos estudios, estudios que en algunas ocasiones son costeados por seres queridos, por lo que aprobar es prácticamente una deuda con los nuestros.

Y aquí tenemos otro importante condicionante, en numerosas ocasiones, el miedo a suspender tiene que ver con no cumplir las expectativas de los demás.Si suspendo defraudaré“. Y es que no olvidemos que muchas personas han sido educadas en sus hogares bajo la evitación constante del fracaso, fracasar ha sido inconcebible, como una tremenda decepción, por lo que no es de extrañar que éstas personas tengan una vorágine de síntomas cuando tienen que enfrentarse simplemente a la posibilidad de que eso suceda.

Si hemos sido personas muy criticadas cuando hemos “fracasado” (llamémosle así) en nuestra vida, no es de extrañar que acabemos huyendo de esas pruebas que encontramos en nuestro camino, mostremos dejadez y acabemos sintiéndonos culpables porque somos vagos (quizá se encuentre en el fondo una profunda desmotivación).

El fracaso

Volviendo al tema del fracaso quizá deberíamos replantearnos que significa éste término para nosotros, es decir, ¿qué significa para mi suspender? Probablemente la respuesta a esta pregunta te dará muchas pistas sobre tu incontrolable miedo. Porque efectivamente, a veces, bajo el panorama poco alentador que nos planteamos en caso de suspender, nuestro miedo se torna incontrolable.

Nosotros, los seres humanos, tenderemos a buscar técnicas que nos ayuden a reducir nuestro miedo, olvidándonos, de que quizá bajo las condiciones que me planteo es imposible dejar de sentirlo.

Supongo que nuestro verdadero enemigo no son los suspensos, o los numerosos fracasos (aprendizajes) sino nosotros mismos y nuestra rigidez a la hora de entender la vida.

Magnificamos la de idea de que las cosas no salgan como esperamos y nos parece insoportable la idea de no obtener el éxito deseado. Por lo que el miedo a suspender, solo es un ejemplo más de como las personas nos enfrentamos a la idea de perder.

Los reveses, algunos más incomodos que otros, están presentes en cualquier vida activa, proporcionando (siempre que los enfrentemos con una postura activa) un crecimiento personal necesario.

En definitiva, no creo que se trate de sonreír al fracaso e ir a celebrarlo con champagne, pero sí de aceptar con deportividad (entiéndase como una mayor amabilidad hacia uno mismo) la posibilidad de perder como parte más del juego. Cuando bloqueamos nuestra apertura a poder experimentar fallar, bloqueamos nuestra iniciativa, diluimos nuestra creatividad y acabamos abandonado nuestros sueños.

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