Cuando tenemos miedo a las entrevistas de trabajo podemos pensar: “¿Y si no les gusto porque tengo el pelo muy corto”, “¿Y si no les gusta la ropa que llevo?”, “¿Y si no se responder alguna pregunta?”, “¿Y si sudo demasiado y se llega a notar?”, “¿Y si mi currículum es insuficiente para ellos?”, “¿Y si se me olvida algún documento?”, “¿Y si me quedo en blanco y me bloqueo?”, “¿Y si con los nervios digo algo inapropiado?” ¿Y quién es el responsable de todos estos pensamientos que no hace sino poner a uno más nervioso? El miedo (que se traduce en ansiedad) y ahora os cuento por qué.

¿Por qué el miedo es el responsable?

Por la simple razón de que estamos siendo evaluados, analizados y escrutados por una o varias personas, las cuales tendrán al final, que tomar la decisión (de forma subjetiva) de si somos adecuados o no para desempeñar un determinado puesto de trabajo.

¿Y por qué el miedo a las entrevistas de trabajo entra en juego? Tenemos miedo a ser rechazados, a ser juzgado, miedo hacerlo mal, a cometer errores, miedo hablar en público, a decir algo inapropiado, en definitiva, todo esto se engloba en un miedo a no ser válidos. Este miedo solo sirve para bloquearnos y aumentar nuestros niveles de ansiedad.

Ansiedad por el hecho de ser evaluados, experimentamos niveles de ansiedad elevados ante situaciones en las que nos sentimos evaluadas (miedo a la entrevista de trabajo, realización de exámenes, hablar en público, etcétera), y tememos que de dicha evaluación se deriven consecuencias negativas (por ejemplo, no ser seleccionado en un trabajo). Este hecho hace nos enfrentemos a la entrevista de trabajo con unos niveles de ansiedad tan elevados que interfieran en su desempeño (quedándonos en blanco, no resaltando sus puntos fuertes, sufriendo alteraciones en el habla o realizando movimientos torpes…) o bien que directamente las evitemos.

Cuando vamos con miedo a las entrevistas de trabajo ponemos nuestros esfuerzos y nuestro foco de atención en demostrar que somos válidos para ser seleccionados; insisto, por una tercera persona que lo hace de manera subjetiva (por muy objetivo que pueda ser el Currículum). Pero… pensarlo un momento, ¿nuestra valía personal está determinada por si somos o no elegidos para un puesto de trabajo?, es decir, ¿nuestra valía va en función de los resultados que obtengamos en la entrevista? ¿Y si no nos eligen? Entonces significa que automáticamente ¿no somos valiosos? Este tipo de creencia irracional se cuela en nuestra mente ante determinadas situaciones en las que se nos evalúa de alguna u otra manera. Si además el resultado final es un rechazo, un suspenso, una negación, automáticamente asociaremos que “somos unos fracasados” y que “no valemos”.

En este caso nos estamos tomando las evaluaciones de los demás como si fuesen verdaderas 100%. Nos han enseñado que uno debe apreciarse cuando triunfa y debe odiarse cuando fracasa, es decir, se es válido cuando hacemos o nos salen las cosas bien y que no somos nadie si las hacemos o nos salen mal. La valía, el ser valiosos es algo intrínseco (que es propio o característico por sí misma y no depende de las circunstancias externas) no extrínseco (Externo, que viene de fuera, no esencial).

Entrevista como oportunidad para que nos conozcan no como examen

Si vamos con el foco de atención puesto en resultar válidos, la ansiedad se disparará y nuestra cabeza se llenará de pensamientos negativos (como los anteriores citados) que no nos ayudarán nada a poder llevar a cabo la entrevista.

¿Y si cambiamos el foco? Si el foco lo ponemos en “voy a ver si el puesto que me ofrecen me gusta”, “voy a ver si coincidimos en aceptarnos mutuamente”, es decir, dejar de ver la entrevista como un examen y pasar a verla como una oportunidad de darte a conocer. O sea, quien va a ocupar ese puesto, estar en ese lugar y con esas personas, eres tú. Tú necesitas ir también con la actitud de “voy a evaluar y ver si acepto este trabajo”. Recordemos que puede pasar que de repente lo que te ofrecen no sea de tu agrado por tanto toda la angustia anticipatoria ¿de qué ha servido?

Habrá veces que gustemos al otro y a ti no tanto, o habrá veces que te encante el trabajo, pero no es lo que estaban buscando, y entonces… no hay coincidencia en aceptación, eso no significa que haya algo malo en nosotros, tampoco significa que no podamos encontrar algo mejor y más adecuado. No podemos gustar a todo el mundo, y tampoco tenemos que hacerlo. La clave está en estar cómodos a la hora de mostrar nuestra personalidad, nuestras habilidades, competencias, en darnos a conocer tal y como somos (siguiendo unas pautas y habilidades de comunicación), aunque no vayan a ser del agrado de todo el mundo.

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