Todos oímos pero, ¿realmente sabemos escuchar? Parecen lo mismo, pero en realidad existe una diferencia abismal entre oír y escuchar. Si bien es cierto que a priori puede resultar algo obvio o “fácil”, resulta paradójico y sorprendente darnos cuenta de que, en nuestro día a día, pocas veces utilizamos la escucha activa.

¿Cómo es posible? Porque durante la conversación estamos más pendientes de nosotros mismos que del otro (¿cuántas veces hemos oído sólo para contraatacar y no para entender realmente la idea u opinión del otro?), o bien porque tenemos tantas cosas que atender a la vez que apenas le prestamos la suficiente atención, por ejemplo, entre otras muchas razones. Pero, ¡no te preocupes! En la entrada del blog de esta semana te ofrecemos algunas pequeñas estrategias para mejorar tu escucha activa.

¿Qué es exactamente la escucha activa?

La escucha activa es una importantísima habilidad interpersonal, una forma de comunicación, la cual hace referencia a un conjunto de conductas verbales y no verbales, así como un conjunto de actitudes de interés y disponibilidad hacia el otro, que preparan y facilitan al receptor a mantener la atención focalizada en el emisor y a escucharle de forma genuina e interesada (es decir, activamente) con el objetivo de entender no sólo lo que el emisor dice (qué dice), sino también cómo lo dice (prestando interés no sólo a lo que expresa de forma directa, sino también indirecta -como pensamientos o emociones que subyacen-) y, sobre todo, demostrarle que se le ha entendido.

La escucha activa conlleva importantes beneficios: nos va a ayudar enormemente a que la comunicación sea más eficaz, a mejorar nuestras relaciones sociales (genera cercanía, comprensión, confianza y profundiza en las relaciones), a entender mejor al otro (y solucionar conflictos) y facilitar el éxito personal (y social). La buena noticia es que, como cualquier otra habilidad, no es innata, sino que se puede trabajar.

¿Cómo puedo mejorar o practicar la escucha activa?

A continuación te dejamos unas pequeñas recomendaciones para poder entrenar la escucha activa en la práctica:

1. Interésate (de forma genuina).

Busca y pide información adicional no sólo a través del lenguaje verbal (por ejemplo: “¡Ajá!, “¡Cuéntame más!”, o a través de preguntas abiertas como: “¿A qué te refieres exactamente con…?”), sino sobretodo también a nivel no verbal (mostrando una postura orientada o ligeramente inclinada hacia el otro, manteniendo un contacto ocular adecuado, utilizando gestos de asentimiento con la cabeza, etc). Concéntrate en el discurso del otro, no te distraigas de lo importante (evita utilizar el teléfono móvil, por ejemplo, ya que puede interpretarse como falta de interés y generar desconfianza).

2. Parafrasea (y refleja).

Dos de las técnicas de comunicación más útiles y utilizadas es, por un lado, parafrasear lo que el otro dice para demostrarle que le estás escuchando de forma activa y prestando atención. ¿En qué consiste? Básicamente, en devolver la misma idea que el otro acaba de expresar con tus propias palabras, haciendo un resumen (por ejemplo: “Lo que me quieres decir con esto es que..”). Por otro lado, también podemos servirnos del reflejo, esto es, repetir de forma literal algunas palabras clave o frases que lo que el otro acaba de decir.

3. Sé empático (y demuéstraselo).

Intenta ponerte en el lugar del otro para averiguar cómo se siente, qué piensa o cómo se comportaría en esa situación (por ejemplo: “Entiendo que en esta situación tú..”).

4. No juzgues, valida.

Acepta lo que el otro te está diciendo. Es muy importante en este punto que no le interrumpamos cuando habla ni terminemos las frases por él o le demos consejos no pedidos, respetando los silencios (y sin aprovechar cualquier mínima situación para cambiar de tema y hablar sobre ti, monopolizando la conversación), no minimicemos lo que dice o siente y no le critiquemos (entendiendo que entender su opinión no tiene por qué implicar estar de acuerdo con ella).

…y tú, ¿nos oyes o escuchas?

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