¿Crees tener problemas en la piel derivados de la ansiedad que sufres? ¿Se relaciona realmente la ansiedad y la piel? ¿Mito o realidad?

Quien ha experimentado una alta ansiedad a lo largo de su vida, sabe bien lo incómoda que puede resultar ser. “Se nos pone” en el estómago, en los pulmones, en el corazón… y queremos desprendernos de ella a toda costa.

Generalmente es ahí donde más nos molesta, cuando se presenta en esos órganos que consideramos vitales para nuestra existencia, y que nos preocupan se vean alterados y/o perjudicados por los síntomas de la ansiedad. Aunque a primera instancia, un problema secundario pueda ser, existen otro tipo de repercusiones, que también preocupan mucho a las personas, tales como el aumento o pérdida considerable de peso o problemas en la piel derivados de la ansiedad.

La ansiedad y la piel

Personas que manifiestan urticarias días antes de ir a un examen importante, novias con granitos justo antes del día de su boda, periodos de tensión y un espejo que nos refleja “mala cara”. Si. La ansiedad y la piel también se relacionan y estos son algunos de los ejemplos que seguro hemos oído o vivido alguna vez.

Es importante también, que no achaquemos mecánicamente todo a la ansiedad, y que si tenemos un brote, rojeces o picores en la dermis, acudamos a un dermatólogo que pueda darnos un buen diagnóstico.

Si tienes problemas en la piel ya has acudido al médico y sabes que lo tuyo se trata de ansiedad. ¡Este blog es para ti!

La ansiedad y la piel ¿Cómo se relacionan?

Las situaciones que nos producen ansiedad o estrés, desencadenan en nosotros una serie de respuestas que pueden variar de persona a persona. No todos reaccionamos igual ante las situaciones de ansiedad, pues la valoración del acontecimiento estresante o ansioso no deja de ser algo subjetivo. Al contrario, si existen una serie de procesos y de reacciones a nivel fisiológico que son comunes a todos los seres humanos. Uno de estos procesos comunes es la liberación de hormonas. El sistema neuroendocrino se activa cuando percibimos un fenómeno que consideramos estresante y con ello se acelera la activación de las glándulas adrenales, liberándose entonces diferentes hormonas necesarias para hacer frente al estímulo ansioso.

Cuando tenemos ansiedad se genera una mayor producción de determinadas hormonas, dos de las más significativas son el Cortisol, la conocida como hormona del estrés y la adrenalina. La segregación de estas hormonas implica también, mayor producción de estrógenos y testosterona. Estas hormonas, están directamente relacionadas con nuestra piel y por esta razón, ésta, se puede ver afectada.

la ansiedad y la piel
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¿Urticarias, granos, picores…?

Los estudios nos muestran como elevados niveles de cortisol pueden debilitar nuestro sistema inmunológico. Es aquí donde podemos hablar de la histamina, hormona implicada en las erupciones urticarias. Esta hormona es liberada cuando el sistema inmunológico sufre un desequilibrio hormonal, que como vemos, ocurre cuando estamos expuestos a altos niveles de ansiedad. Cuando las células de nuestro cuerpo segregan histamina sale de los pequeños vasos sanguíneos un fluido que, al acumularse debajo de la piel, puede hacer que se formen las ronchas.

Como vemos el cortisol tiene una consecuencia directa en nuestra piel, produciéndose también un aumento de la respuesta inflamatoria, que puede traducirse en granitos aislados, brotes de acné, picores, caspa… Todos estos problemas en la piel pueden ocasionarse por las diferentes alteraciones hormonales que la ansiedad provoca en nuestro organismo.

Debemos saber también que la descarga de adrenalina que provoca una situación estresante, puede provocar la hiperhidrosis, es decir, sudoración excesiva, que puede traducirse en obstrucción de los poros y por ende en la aparición de granitos en diferentes partes de nuestro cuerpo.

¿Aspecto cansado? ¿Piel envejecida? ¿Falta de luminosidad?

No solo se trata de erupciones o manifestaciones nuevas de nuestra piel, a veces simplemente, tras experimentar altos niveles de ansiedad o estrés nos vemos peor cara. Y es que la ansiedad también afecta a la pérdida de colágeno y ácido hiaulorónico, importantes para que nuestra piel se vea más tersa y joven. Aunque el simple transcurso de los años reduce estas sustancias que producimos naturalmente, la ansiedad parece que también. Los estudios apuntan que la producción continuada de cortisol en nuestro organismo produce una importante pérdida de colágeno, proteína cuya función es mantener unidas las estructuras de nuestro organismo. Esta pérdida de colágeno se traduce en un tono de piel más apagado o líneas de expresión más marcadas.

Seguro que después de experimentar niveles altos de ansiedad, has podido observar como tu piel está más pálida, con menos luminosidad, más apagada. El corazón necesita bombear más sangre para hacer frente al estado que provoca la ansiedad en el organismo. En consecuencia, los nutrientes que deberían llegar a la piel a través de la sangre se acumulan en los músculos, necesario para hacer frente a esa demanda externa que el organismo considera debe afrontar.

No todo son hormonas

La ansiedad puede repercutir notablemente en nuestros hábitos, como los de sueño o los alimenticios. Debemos tener en cuenta, que cuidar nuestros hábitos significará de manera indirecta cuidar también nuestra piel. Durante la noche se produce el proceso de regeneración celular y una mala higiene del sueño, impedirá que este proceso se realice correctamente. Los cosméticos pueden ayudarnos, pero no hay nada como el proceso de renovación celular que se produce cada noche, y solo tenemos que verlo cuando descansamos bien y en consecuencia, también, tenemos mejor aspecto.

Por otro lado una mala alimentación, con carencias y excesos, por ejemplo, de grasas saturadas (esas que nos gustan tanto cuando estamos ansiosos) provocan una disminución de vitaminas y minerales, necesarios para la renovación celular. La piel necesita nutrientes, y es a través de la alimentación donde podemos dársela.

Como vemos para nuestra piel, no todo son cosméticos. A todos nos gusta vernos guapos y con buena cara, y aunque pueda no pasarse ni por nuestra imaginación, quizá el primer paso, sea cuidar nuestra mente.

 

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