¿Sufres ansiedad por dejar la medicación? En el post de hoy te hablamos de por qué suele producirse y cómo podemos aprender a gestionarlo.

El mundo de los psicofármacos es un mundo que por lo general asusta. “Se debe estar muy mal” para tener que acabar tomando medicación, se suele creer. Y así uno, por lo que menos acaba sufriendo es realmente por consumir el fármaco, sino por todas las ideas preconcebidas con las que uno tiene que convivir por el hecho de hacerlo.

Finalmente, muchas personas deciden por recomendación médica comenzar un tratamiento psicofarmacológico. El objetivo (o al menos el que debería ser) es propiciar un mejor estado general en la persona, disminuir el sufrimiento y propiciar una intervención psicológica más eficaz, al estar el paciente en mejores condiciones de escucha.

Y así ocurre en muchas ocasiones, el paciente mejora y se empieza a considerar por los diferentes profesionales de la salud mental que le acompañan que se puede empezar a prescindir de la medicación. Momento celebrado por algunos, pero temido también por otros. La ansiedad por dejar la medicación se hace presente, comienzan los miedos y las dudas de lo que a uno le deparará sin ingerir su fármaco.

Ansiedad por dejar la medicación ¿Por qué?

  • Miedo al sufrimiento

Miedo a “pasar mono”, a sentir ansiedad por ello, a padecer sintomatología, a no poder dormir, en resumidas cuentas, miedo a sufrir efectos secundarios. Bien es sabido que la retirada de los antidepresivos o ansiolíticos (tratamiento de elección para los padecimientos ansiosos) debe producirse de manera pautada y progresiva para no provocar los temidos efectos rebotes. Dejar cualquiera de los psicofármacos mencionados de manera repentina puede provocar ansiedad, dolores de cabeza, náuseas o taquicardias entre otros. Ahora bien, dejar un psicofármaco y no sufrir es posible y debe ser la opción. Para ello, como hemos mencionado, será importante que la retirada del fármaco se produzca progresivamente y que la comunicación con el profesional encargado, sea fluida y sincera, con el fin de comunicar, en caso de que aparecieran, efectos secundarios. No todos los organismos reaccionan igual y el fin es facilitar que la persona tenga una retirada amable y carente de padecimiento, aunque esto suponga un alargamiento en los tiempos de retirada de la medicación.

  • Miedo a las recaídas

Ha ido todo bien, gracias a la medicación“, nos dicen muchos de nuestros pacientes, cómo si el fármaco se hubiese introducido en ellos con la capacidad de tomar decisiones o llevar a cabo acciones. El fármaco ayuda, proporciona un margen de reacción, pero quien lleva a cabo los pasos en la recuperación, es la persona, y no resulta del todo justo aportarle el mérito al fármaco. Teniendo en cuenta ésta idea común que se baraja en muchos de nuestros pacientes, es normal que la retirada de la medicación se pueda vivir cómo un paso hacia el abismo. La intervención más acertada, requiere una comunicación entre el psiquiatra y psicólogo que atienden a la persona, por lo que debería ser honesto que el psiquiatra tuviese en conocimiento, que se considera que la persona no solo se encuentra mejor, sino que reacciona y enfrenta los escenarios que antes eran ansiógenos de una manera efectiva. Efectivamente, si la retirada del fármaco se produce únicamente porque la persona percibe de manera subjetiva una mejora en su estado, pueden producirse recaídas al retirar el medicamento, por lo que es fundamental que no solo se perciba menos ansiedad, sino más recursos en el sujeto.

Dándose igualmente la tesitura de que se manifieste un empeoramiento claro ante la retirada, será un escenario idílico para observar partes que hay que seguir trabajando, no siendo por lo tanto esto un fracaso, sino una oportunidad de seguir trabajando aspectos que podían parecer aprendidos.

  • Miedo al fracaso

Dejar la medicación, es acabar, es que estoy bien, es que ya no puedo volver atrás. Por lo tanto, dejar la medicación acaba siendo casi una tortura en la que me someto al ultimátum de no poder volver a encontrarme mal, difícilmente, bajo ésta tesitura, uno va a encontrarse bien. Por lo tanto, trabajar la flexibilidad es importante. Quizá, sea más interesante, dejar la medicación cómo una manera de probarme, de poder evaluar cómo me manejo sin “muletas” y entender que en caso de que sea necesario, se puede volver a recurrir a ella. Porque como comentaba al inicio del artículo, a veces lo que más hace sufrir no es tener que volver a ingerir un fármaco, sino todo lo que he construido a cerca de ello: “nunca podré estar sin medicación” “todo lo aprendido ha sido una mentira” “otra vez empezar de cero”

Empezar de cero ya no es posible, porque lo aprendido, aprendido está. Tal vez se trate de seguir aprendiendo y de levantarnos las veces que haga falta.

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