La ansiedad es probablemente la emoción universal más común y se presenta a lo largo de toda nuestra vida. Cualquiera ha podido percibirla sobre la base de su propia experiencia, sobre todo, cuando ésta ha sido suficientemente intensa. No solamente se trata de una experiencia humana, ya que, también los animales son capaces de sentirla dentro de sus necesidades adaptativas desde el punto de vista evolutivo.

Durante muchas décadas los psicólogos experimentales basándose en la teoría del aprendizaje han demostrado que las respuestas de ansiedad pueden ser adquiridas a través de un proceso de aprendizaje asociativo. La teoría del aprendizaje inicial se centraba en la adquisición de miedos o reacciones fóbicas a través del condicionamiento clásico y se mantienen a través del condicionamiento operante – A esto se le denominó teoría bifactorial (Mowrer 1939).

Teoría Bifactorial: la ansiedad como respuesta aprendida

La adquisición y mantenimiento de la ansiedad/miedo se puede explicar mediante dos procesos:

Primera fase de aprendizaje por condicionamiento clásico:

Un estímulo o situación neutra (viajar en metro), cuando se asocia repetidamente con una experiencia aversiva (estímulo incondicionado -EI- Síntomas desagradables como taquicardia, hiperventilación…) que conduce a la experiencia de ansiedad (respuesta incondicionada – RI -Ataque de pánico), él estímulo neutro (o situaciones parecidas) se asocia con la experiencia aversiva, y adquiere la capacidad de provocar una respuesta de ansiedad (respuesta condicionada – RC – Ansiedad elevada al coger el metro).

Nuestra mente ha asociado mediante aprendizaje (pero medio de la experiencia) que el metro es un lugar propicio para que se desencadene un ataque de pánico. Por lo tanto, el metro se ha convertido en una situación condicionada a la alta probabilidad de experimentar un ataque de pánico.

Segunda fase de mantenimiento por condicionamiento operante:

En esta fase tiene lugar el mantenimiento de la ansiedad a partir del mecanismo o conducta de evitación/escape. Es decir, con el proceso de evitación/escape la persona aprende a evitar/escapar a la exposición al estímulo condicionado -EC- (el metro) que le avisa de la proximidad de un evento o experiencia aversivo (ansiedad/ataque de pánico). A la respuesta/conducta de evitación/escape al estímulo condicionado -EC- le sigue la reducción de la ansiedad/miedo por lo que la respuesta de evitación/escape queda reforzada negativamente. Tanto es así que la persona tenderá a evitar y escapar más asiduamente de las situaciones que activen su ansiedad, en este caso, evitará acercarse al metro.

Ejemplo:

El Pequeño Hans era un niño austriaco de 5 años de edad que generó miedo a que un caballo le mordiera y, en consecuencia, experimentaba considerable ansiedad cada vez que salía de casa por miedo a ver a un caballo.

La aparición de su miedo intenso a los caballos se produjo después de que él observara como un caballo grande que tiraba de una carreta caía y coceaba con violencia en un esfuerzo por volver a levantarse. El Pequeño Hans comenzó a temer que los caballos, sobre todo ésos que tiraban de carretas, cayeran y le mordieran.

Siguiendo el modelo de los dos factores, la primera fase de la adquisición del miedo se basa en el condicionamiento clásico. El Pequeño Hans experimenta un suceso traumático: observar el accidente de un caballo en la calle y las sacudidas violentas de éste (Estimulo Incondicionado). Esto provoca una fuerte respuesta de miedo (Respuesta incondicionada), de modo que a partir de ese hecho la presencia de caballos (Estimulo Condicionado) es ahora capaz de provocar una respuesta elevada de miedo (Respuesta condicionada).

Sin embargo, la persistencia del miedo se explica en la segunda fase, a consecuencia de la evitación del estímulo condicionado (caballos). En otras palabras, el Pequeño Hans permanece en casa y de este modo evita la presencia de caballos. Como la evitación de los caballos garantiza que el Pequeño Hans no experimente miedo o ansiedad, la conducta de evitación se ve negativamente reforzada. La evitación se mantiene porque la reducción del miedo es un poderoso refuerzo secundario. Además, como permanece dentro de su casa, el Pequeño Hans no aprende que los caballos normalmente no caen (es decir, no experimenta presentaciones de caballos a solas que podrían generar la extinción de la respuesta de miedo).

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Esquema el del libro de: Beck, A. T. (2013). Terapia cognitiva para trastornos de ansiedad. Descleé de Brouwer


Bibliografía:
Beck, A. T. (2013). Terapia cognitiva para trastornos de ansiedad. Descleé de Brouwer.
Bezerra, C. W. A. G. (1997). Estudio transcultural de la ansiedad: adaptación del ISRA a la población brasileña. Universidad Complutense de Madrid, Servicio de Publicaciones.

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