Si yo hubiera sabido…” me dicen muchos de mis pacientes, a veces culpabilizándose de no haber sido capaces de haber puesto remedio a lo ocurrido y haber acabado, por lo tanto, teniendo un trastorno de ansiedad.¿Cómo podemos evitar que la ansiedad se convierta en un trastorno?

Tenemos la percepción de que la salud mental es algo sobre lo que tenemos el absoluto poder y control y que sufrir un trastorno es prácticamente el reflejo de una incapacidad o debilidad personal. Como suelo decirles a mis pacientes, nuestra educación no dependió de nosotros, ni nuestra genética fue nuestra elección, muchísimas de nuestras experiencias tampoco y el cerebro cómo otro órgano más no es algo sobre lo que tengamos el poder absoluto. Una cosa es que tengamos capacidad de interferir en nuestra manera de actuar y otra cosa es que creamos que el funcionamiento de nuestro cerebro depende de manera absoluta de nosotros.

Entonces… ¿Evitar que la ansiedad se convierta en un trastorno no es posible?

Pues bien, no existe una fórmula mágica que nos libre de poder padecer un trastorno de ansiedad, al igual que ocurre en el padecimiento de un cáncer, una cosa es que podamos llevar a cabo una serie de hábitos que disminuyan la probabilidad de tener un tumor y otra es que, aun así, nuestras células no dependen íntegramente de nuestro modo de vida y aunque comamos bien, hagamos deporte y nos chequeemos como se nos indica, podamos igualmente padecer un tumor.

Pues con la ansiedad ocurre algo similar, que nos cuidemos y estemos pendientes de determinadas señales no va a garantizarnos que estemos exentos de sufrir un trastorno de ansiedad, pero si puede ayudarnos a reducir la probabilidad de que llevemos a cabo determinadas conductas que lejos de beneficiarnos, van a propiciar que estemos más cerca de padecer un trastorno de ansiedad (al menos algunos).

No sabemos si la percepción de nuestros pacientes, es decir, “haber sabido determinadas cuestiones, me hubiese ayudado a hacerme menos daño“, es cierta, porque eso simplemente no sucedió. Pero si sabemos que ahora les ha ayudado y que, por ende, es posible que ayude a otras personas a cuidar determinados aspectos, que como mencionábamos, lejos de beneficiarles, les perjudica en su proceso con la ansiedad.

Conductas fóbicas

Si te ha dado un ataque de ansiedad, es posible que hayas querido salir corriendo del lugar donde se produjo. Es normal, el cerebro tiende a hacer un proceso que en psicología conocemos como asociación. Es decir, asocia la experiencia sentida con el contexto en el que se ha producido, por lo tanto, queremos salir corriendo del lugar, para ver si con ello se elimina nuestro malestar. Todo puede empezar evitando simplemente el lugar donde se produjo la ansiedad (un autobús, una conversación con una persona, un ascensor…) pero puede acabar generalizándose a todos aquellos contextos que tengan componentes en común con el contexto en el que se produjo. Es decir, si el primer ataque de ansiedad se produjo en un autobús y te sentiste agobiada por no poder salir de ahí, es posible que empieces a no querer entrar en trenes, coches, aviones, ascensores, cines… es decir, todos aquellos espacios donde salir se considere complicado.

Sabemos que es muy complicado decidir quedarse cuando el miedo te acompaña, pero has de saber que irte de manera consecutiva te acerca más a tener un trastorno de ansiedad. Si empiezas a evitar de manera sistemática y te resulta muy complejo quedarte, es el momento de pedir ayuda y ponerte en manos de un profesional. Cuanto antes se traten las conductas evitativas, más fácil resultará eliminarlas.

Tres factores muy importantes para evitar que la ansiedad se convierta en trastorno

Expresa y comparte

La experiencia con la ansiedad, es una experiencia compleja, supongo que por eso mismo no resulta complejo que la vida de muchas pueda acabar girando en torno a ella. La ansiedad es una experiencia tan íntima y en muchas ocasiones tan difícil de expresar, que hace que se viva en silencio, cuestión que agrava el padecimiento. Poder ser escuchado, establecer una narrativa coherente a cerca de lo vivido, tener aliados, personas que nos pregunten, personas con las que compartir lo que estamos viviendo, aporta un carácter de normalidad a lo sentido. La interiorización de extrañeza, fomenta más ansiedad y más facilidad para acabar desarrollando problemáticas con la ansiedad.

Vigila el estrés

Se hipotetiza que, a muchos de los episodios relacionados con la ansiedad, les precede periodos de estrés intensos en la persona. El estrés se define como el estado de tensión, dificultad, fatiga o desgaste; consecuencia de un funcionamiento exagerado y continuo del mecanismo natural de protección y supervivencia ante estímulos externos adversos y generalmente prolongados. Cuando aparece el distrés, es decir, el estrés negativo la persona tiene sensación de pérdida de control, y si esto se mantiene en el tiempo favorece la aparición de las llamadas enfermedades de adaptación o psicosomáticas, además de precipitar la aparición de otras.

La sensación de estrés prolongado es ignorada por muchas personas, tenemos la sensación de que podemos con todo y quizá sea honesto entender que somos limitados y que un “maltrato” continuado puede tener más consecuencias negativas de las que inicialmente imaginamos. Propiciar el autocuidado también significa parar, observar y cuidarnos en esos momentos donde el estrés inunda nuestra vida.

Acepta tus emociones

Las personas que aceptan mejor tanto las emociones agradables como las desagradables tienden a tener mayor salud mental. Relacionarnos con nuestras emociones con aceptación, nos ayuda a no vivir con tanta angustia la experimentación de aquellas que no nos agradan tanto, por ejemplo: miedo y tristeza. El problema de las personas no es solo padecer miedo, sino la idea de que es inconcebible poder tenerlo. La lucha incansable porque esas emociones desaparezcan, hace que nos perdamos el mensaje más importante que hay detrás de la emoción, el verdadero conflicto, aquello que debemos resolver. Cuando la idea es solo deshacernos de nuestras emociones no podemos profundizar, no podemos cuidarnos, no podemos entender cómo ayudarnos.

Si estás experimentando ansiedad, pero aún no condiciona tu vida para poder hablar de un trastorno, es importante que tengas en cuenta estos 3 aspectos mencionados. Como decíamos inicialmente, no hay una fórmula mágica que nos aleje de padecer un trastorno de ansiedad, no hay vacuna, no hay antídoto. Pero si sabemos que estos tres factores influyen notablemente en la aparición de los trastornos ansiosos. Recuerda que no siempre podemos con todo solos y que en caso de que sea necesario, pedir ayuda anticipadamente evita muchos aprendizajes poco funcionales de lo que si no será más complejo desprenderse.

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