Ansia colectiva por ser eficaces y eficientes, el miedo a no conseguirlo, el terror al fracaso, la ansiedad como consecuencia. El miedo al fracaso y la hiperexigencia.

No me hables de fracaso si no dejas de hablar de éxito” leí hace poco en una red social. Me encantó. Nunca me he sentido cercana al discurso negacionista del fracaso: “el fracaso no existe“. Particularmente no comparto la opinión. Creo que sí, que fracasamos, tal vez más veces de las que acertamos y que está bien poder hablar de ello. No creo que nos convengan discursos infantiles que niegan que hay cosas que nos salen del revés y que por supuesto tenemos derecho a lamentarnos porque nos salgan así.

Rebobinemos. Acabo de escribir: “creo que sí, fracasamos“, pero creo que esta frase merece un matiz, porque tal vez lo primero que tengamos que aprender es a no fusionarnos con el fracaso, quiero decir, lo que ha fracasado es la acción que he llevado a cabo, no yo. Y con el éxito pasa un poco igual. Lo que ha sido exitoso ha sido tu acción, lo cual no quiere decir que necesariamente te hayas convertido en alguien exitoso en todas las parcelas de tu vida. No somos lo que conseguimos, al menos no solo. Si no me definen mis éxitos, tampoco lo harán mis fracasos.

Sobre el miedo al fracaso y la hiperexigencia

Los motivos por los que existe la hiperxigencia son diversos, uno de ellos es el miedo a fracasar. Como hemos mencionado antes el fracaso es una palabra tabú. Le tenemos miedo, porque hay una leyenda urbana que cuenta que si te esfuerzas mucho y eres muy positivo las cosas siempre te saldrán bien. La realidad objetivamente, es que esto no es así. Y que lo hagas como lo hagas, en diversas parcelas de tu vida, hay cosas que no van a salirte bien, simplemente porque no todo depende de ti. Los supuestos modelos de éxito no hablan de la relación entre sus acciones y el logro visible de las mismas ¿Y lo que sale mal? ¿Y lo que dejas por el camino por el ansia de que todo salga bien? Poco se habla de lo que perdemos por las ganas de ganar y ahí huele a miedo al fracaso.

Nos hiperexigimos también porque hemos sucumbido a la palabra éxito. ¡Normal! Si no para de sonar y no paramos de verlo en librerías con personas que nos cuentan la “fórmula secreta” para triunfar. En la tele, y en los blogs que encontramos por internet. Quizá una de las mejores formas de normalizar el fracaso es dejando de mitificar y hablar constantemente del éxito. Porque la realidad es que nadie es siempre y en todo exitoso, de la misma manera que nadie es un fracasado. Parcelas de la vida del exitoso son un auténtico fracaso, de la misma manera que el que está fracasando tiene éxito en otras áreas. Así pasa con la inteligencia también, puedo tener conductas inteligentes en algunas parcelas de mi vida y muy torpes en otras. Nadie es inteligente “a todas”.

Nuestra autoestima está relacionada con nuestro autoconcepto, es decir, con la imagen que hemos creado sobre nosotros mismos. Cuando nos identificamos con radicalidad con el resultado de nuestras acciones, nos fusionamos con el fracaso de las mismas y de ahí nace mucho de nuestro miedo al fracaso, de tener nuestro autoconcepto en el logro de nuestras metas. Resulta de gran importancia conocer donde tenemos puesto nuestro autoconcepto, cuanto más repartido lo tengamos en distintas facetas más difícil es sentirnos fracasados. Si sabemos que somos independientemente de nuestras acciones, podré aprender de aquellos errores que me han llevado al fracaso de la acción, porque el fracaso no enseña nada a quien no está dispuesto a aprender.

Me he equivocado, he fracasado, no me ha salido nada como esperaba. Decir “todo irá siempre bien” es miedo al fracaso, es mentir. El discurso Wonderful es la anestesia para no sentir los reveses de la vida, no cura, solo anestesia, porque cuando desaparece sigue doliendo. Porque los reveses a veces, solo podemos sentirlos y alguna vez aprender de ellos, digo alguna vez, porque hay adversidades que no enseñan nada y no pasa nada, no hay nadie con un cuaderno en cada esquina preguntándonos que hemos aprendido hoy.

5 CLAVES BÁSICAS

PARA MANEJAR

TU ANSIEDAD

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