El efecto Pigmalión, hace referencia a la enorme influencia que puede ejercer la creencia que tiene una persona en el rendimiento de otra. Hoy profundizamos sobre el conocido efecto Pigmalión.

El mito de Pigmalión: Un escultor enamorado de su obra

Ovidio nos cuenta en su metamorfosis el mito de Pigmalión. Pigmalión comenzó a moldear un gran bloque de mármol blanco y lo esculpió hasta formar la figura de una mujer bellísima. Éste dotó a su estatua de una belleza con la que, según Ovidio, ninguna mujer puede nacer, haciendo que el propio Pigmalión se enamorara de ella.

Pigmalión acariciaba su estatua, la vestía, la llevaba regalos y hasta la recostaba en su cama, deseaba que su estatua se convirtiese en una mujer y así poder amarla eternamente. La Diosa Afrodita se lo concedió y cuando volvió a casa y se recostó junto a su objeto favorito le pareció que la estatua estaba tibia. La palpó con sus manos y la piedra se reblandeció y perdiendo rigidez se amoldó a sus dedos. No podía creerlo, volvió a tocar el objeto y no había duda, era de carne y hueso. Cubrió su boca de besos y la joven al darse cuenta se llenó de rubor.

Pigmalión creyó tanto en ella, deposito tantas expectativas sobre su estatua favorita que sus deseos se hicieron realidad.

El efecto Pigmalión

La confianza en uno mismo es básica para crecer y dar lo mejor de nosotros mismos en cualquier ámbito de nuestra vida, pero esta confianza no se genera por si sola y nuestra relación con los demás es indispensable para que ésta se dé. La confianza que los demás depositan en nosotros es transcendental y puede ayudarnos a alcanzar los objetivos más complejos.

Podríamos definir el efecto Pigmalión a través de tres palabras: expectativas, confianza y profecía autocumplida.

Las personas que son capaces de ver más allá del talento observable del otro (lo que se denominaría Pigmalión positivo), son capaces de alentar conductas que en el presente resultan inapreciables, por lo tanto, depositan en el otro una confianza que provoca lo que se llama la profecía autocumplida: si creo que tú eres capaz y te lo transmito con entusiasmo, la profecía es mucho más factible que se acabe cumpliendo.

Si tenemos expectativas altas respecto a una persona, condicionaremos el trato que tenemos hacia ella para bien, pudiendo obtener mucho más que si de entrada esperamos no encontrar nada.

Ser un buen Pigmalión requiere eliminar prejuicios que condicionan el trato, intentar ver a las personas con amplitud de miras y tener paciencia, porque lo que nos gustaría que ocurriese no tiene por qué producirse con rapidez y es fácil perder la paciencia y pensar que no merece la pena.

El efecto Pigmalión ha sido evidenciado a través de dos grandes experimentos realizados por Robert Rosenthal y Leonore Jacobson.

Experimento con ratas

En 1963 se experimentó con un grupo de estudiantes de psicología y con ratas de laboratorio.

Quienes dirigían el experimento contaban con 60 ratas de laboratorio comunes y corrientes. A la mitad de los estudiantes se le dio 30 ratas al azar y se les dijo que eran ratas muy inteligentes, a la otra mitad se les dijo que sus ratas eran completamente estúpidas y tenían grandes dificultades para desplazarse y pasar laberintos.

Las ratas supuestamente inteligentes mostraron avances en sus aprendizajes para moverse por los laberintos desde el primer día del experimento, sin embargo, las ratas supuestamente estúpidas tardaban de promedio tres días en aprender lo mismo. Las ratas supuestamente estúpidas mostraron muchos más problemas y retrasos para moverse por los laberintos.

Y no solo eso, los estudiantes que tenían las ratas supuestamente inteligentes, reportaban sentir empatía por ellas, las acariciaban y las consentían, en cambio, el otro grupo no sentía ningún tipo de simpatía.

El comportamiento de los estudiantes y las expectativas que habían depositado sobre las ratas habían resultado determinantes para la conducta y por consiguiente el aprendizaje de éstos, no olvidemos que las ratas fueron elegidas al azar contando todas con las mismas características.

Experimento con niños

Al comenzar el curso en una escuela primaria de EEUU, se seleccionó al azar una muestra del 20% de los alumnos. Este 20% sería el grupo experimental el resto de alumnos sería el grupo control. Se les reportó a todos los maestros que ese 20% de los estudiantes, eran chicos inusuales con un enorme potencial intelectual que podían llegar a ser muy brillantes, pero la elección de esos estudiantes fue aleatoria, tomando sus nombres al azar.

8 meses más tarde se observó que aquellos alumnos supuestamente inusuales, señalados por los maestros por sus supuestas enormes capacidades intelectuales, mostraron un incremento de sus resultados en comparación con las de sus compañeros. De nuevo las expectativas de sus maestros fueron determinantes.

Nuestra versión subjetiva de nosotros mismos puede beneficiarnos o en ocasiones puede hacernos también la zancadilla, exceso de perfeccionismo o mucha autoxigencia pueden resultar una barrera para potenciarnos, pero hay gente que aparece y te recuerda que confía y cree en ti y esa otra visión que tienen los demás sobre nuestro potencial, a veces nos empuja a hacer cosas que por nosotros nunca hubiésemos intentado.

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