En esta ocasión queremos acercarnos a las sensaciones de mareo que muchas personas experimentamos en momentos de ansiedad; situaciones en las que nuestras alarmas internas se disparan, en las que, si ya de por sí nos es difícil conciliar la agitación emocional, se suma una percepción de inestabilidad que causa un intenso malestar y lo retroalimenta. Nos preguntamos ¿cómo se vive un mareo por ansiedad? ¿Cómo reaccionamos cuando nos sentimos mareados? ¿hasta dónde podemos sentirnos condicionados por este síntoma? Para responder estas cuestiones contamos con unos invitados de honor, personas que desde nuestra consulta han compartido sus testimonios con todos nosotros, que nos hablarán de sus experiencias personales con los mareos y la ansiedad, y a las que desde aquí agradecemos enormemente su colaboración.

Los síntomas

Es la sensación de inestabilidad que conlleva un entorno “móvil”, no tanto de que gire o dé vueltas, sino de falta de quietud, como si no tuviese un arraigo.” Así es como describía el mareo uno de nuestros colaboradores. Y es que la sensación de inestabilidad es la respuesta unánime para describir la experiencia que da pie a darnos cuenta de que estamos mareándonos.

Al chequear esa sensación de pérdida de equilibrio momentáneo, algunos la describen como un malestar general, pero para otros existen matices concretos, localizando sensaciones en la cabeza, como JL que nos decía que para él “en ocasiones comienzan con un choque en su interior, como si algo golpease de forma brusca y rápida; y otras veces, menos fuertes, siento como si hubiese pequeñas corrientes eléctricas en el cerebro” o como para Paula, que siente el mareo como “un indicio de un inminente de dolor de cabeza que casi siempre se centra alrededor de la sien o en los ojos”. Pero también hay otras sensaciones localizadas en la percepción visual, y que a veces se describe como “ver raro”, “no poder fijar la vista” o como que “todo parece como una ensoñación: los tonos parecen más pálidos, casi blanquecinos y velados, como si estuviera viendo a través de un vidrio”.

Y luego hay otros síntomas añadidos, que pueden ir encadenándose según el organismo de cada persona y de cómo entendamos lo que nos está pasando en esos momentos. Puede que nos parezca que estamos teniendo una bajada de tensión, aunque cuando el mareo es producto de un estado de ansiedad en la mayoría de los casos, las veces que lo comprobamos no es así, ya que lo que realmente sucede es una subida momentánea de la presión arterial. Y puede que se acompañe de otras sensaciones alternativas como las que nos han descrito: malestar o revoltijo de estómago, perder el color de la cara, o una mezcla de sofoco y sudoración excesiva tras estos episodios que luego se torna en escalofríos.

Los principales miedos ante el mareo

Todas estas sensaciones asustan, y nuestra imaginación se dispara. Muchos de los testimonios nos dicen que su peor temor al sentirse mareados es pensar que no podrán mantener el equilibrio, que se desmayarán y caerán al suelo. “Desorientarme” o “quedarme inconsciente” son de los pensamientos que más se nos pueden cruzar en esos momentos de síntomas desagradables. Pero nuestra mente no suele quedarse solamente ahí, también juega a imaginar situaciones desastrosas como las que nos comentaba Paula, que decía “Temo tener un accidente o provocarlo si me marease en alguna situación en la que se pueda dar el caso: como al cruzar un paso de peatones, conduciendo, en las alturas, en el metro…”.

Y luego existen temores más profundos que seguro que algunos de los que estáis escuchando/leyendo esto os resultarán familiares. Imaginaciones que van más allá y nos plantean escenarios catastróficos e irreversibles como los que nos describía Fer, que no tienen tanto que ver con el perder el conocimiento y caer, sino “más bien relacionados con el hecho de que no deje de estar así nunca” temiendo no poder seguir trabajando o que no vaya a poder conocer a nadie por estar así. Incluso es frecuente creer en desenlaces como los que imagina Belén, que, describiéndolo con humor, dice “si nos ponemos en lo peor me imagino que me voy a morir y en mi epitafio pondrá: Por un mareo aquí me veo”. Ella ha aprendido poco a poco a desdramatizar algo que otras personas viven con verdadero horror: pensar voy a morir” o “pensaba que me iba a volver loco como compartía Enrique; al igual que respondía uno de nuestros participantes “si la situación de mareo extremo se perpetuase, con la sensación absoluta de falta de control que conlleva para mí, pienso que perdería la razón”.

Lugares más propensos a los mareos

Todas estas creencias asociadas al mareo aumentan nuestra ansiedad y, por tanto, se retroalimenta que estemos pendientes de si estamos o no mareados en cualquier momento. Así que hemos preguntado a nuestros confidentes si han observado situaciones en las que le parezca que son más propensos a experimentar síntomas de mareos por ansiedad. Alguno de nuestros participantes notan marearse cuando hay cambios de luz, o en situaciones en las que están tan a gusto que se exaltan demasiado. Pero casi por unanimidad identifican que les influyen los cambios de tiempo, sobre todo cuando hace mucho calor, y cuando están en un sitio con mucha gente o ruido, sobre todo si es cerrado como los centros comerciales.

Cuando voy andando y me salgo de mi zona «segura» el primer síntoma que aparece es el mareo siempre” nos decía Belén; pero tenemos que pensar que esto de la “zona segura” no sólo se limita a localizaciones y distancias, sino que también hay numerosas situaciones que tienen que ver con lo social en las que los mareos se manifiestan como reacción instintiva a contextos en los que nos sentimos inseguros: como en los momentos previos a tener que hablar en público (por la sensación de estar expuesto a las miradas y oídos de los demás que puedan percibir que estamos con ansiedad), o situaciones estresantes que consideremos que se vean comprometidas nuestras relaciones como en las discusiones.

¿Cómo se vive un mareo por ansiedad? Las reacciones más comunes

¿Y qué haces cuando de repente sientes que te estás mareando? Les preguntamos. Y muchas de las personas nos han comentado reacciones totalmente instintivas que hacemos cualquiera si notamos que nos estamos mareando: como agarrarse donde puedan, sentarse, beber agua o incluso echarse agua por la cara y la nuca, y esperar a que se pase.

Pero el problema de este tipo específico de mareo es que dispara pensamientos terroríficos que la persona también se ve obligada a manejar. Por ejemplo, nos decía JL que “si es repentino, lo automático es sujetarme donde pueda, pero no tanto por un miedo a caer si no por la necesidad de “aferrarme”, de buscar seguridad”, o este otro testimonio “me agarro con fuerza a lo que pueda o toco algo para sentir ese contacto con la realidad (sentir que estoy “aquí”), o comienzo a hacer movimientos con un pie” en el que podemos comprender que el mareo puede ser un síntoma de la ansiedad, pero también ser una sensación que refuerza el miedo e incrementa la ansiedad.

Cuando marearnos es mucho más que una serie de sensaciones físicas y perceptivas, reaccionamos buscando desesperadamente sentirnos estables, en un lugar tranquilo y seguro. En donde no se nos note, y ahí poder manejarlo, algunos diciéndose a sí mismos “para”, otros “esto ya lo conozco, no pasa nada”, “entretente y no le des más importancia” u otros como Fer que decía “depende mucho de mí estado emocional: puedo ser más lógico y repetirme que es sólo una situación temporal, seguramente un pico de ansiedad y centrarme en no hiperventilar o en concentrarme en lo que sucede a mi alrededor en vez de sólo mirar dentro de mí…o puedo dejarme llevar por el pánico, ponerme en pensamientos catastrofistas y terminar huyendo de la situación”.

¿Cómo nos condiciona?

A estas alturas, ya nos podemos imaginar que detrás de todos estos testimonios hay experiencias suficientes como para sentir que el mareo por ansiedad puede tener un gran impacto en el día a día de las personas que lo padecen.

Algunas personas son hipotensas además de tener ansiedad, lo que les dificulta mucho el poder identificar la naturaleza de su mareo; pero no creamos que las personas que no tienen desajustes en la tensión les resulta más sencillo: “mareo y ansiedad suelen ir de la mano en mi caso y a veces es difícil distinguir cuando ocurre uno u otro y si uno es causante de la otra, y viceversa“, decía Paula.

Todos nuestros colaboradores nos transmiten lo complicado que les supone convivir con este síntoma, porque uno pretende controlar el cuerpo “controlando la mente” y esta es una estrategia que, a menudo, resulta fallida. “Pensar que me vuelva a pasar otra vez me genera bastante angustia” comentaban, y fue entonces cuando les preguntamos ¿qué supone el mareo para ti en tu vida?

• “Es muy incómodo, condiciona a la hora de hacer las cosas”. 
• “Es un gran limitante, no sólo por el mareo en sí mismo, sino por el miedo constante a que me pase algo más. He limitado ciertas actividades de mi vida y me enfrento con dificultad a otras tantas”.
• “Es limitante en tanto en cuanto que no sé cuándo me puede ocurrir y hay actividades que evito por miedo.
• “Es la situación más incapacitante que conozco porque me da la sensación de que todo falla. En mi caso, se agrava porque sé en todo momento que no hay nada físico, sé que soy yo mismo quien lo produce y yo quien no sabe atajarlo. Es difícil, porque creo que es la mayor sensación de indefensión que he sentido en mi vida”.

Todos y todas coinciden. El mareo es dificultad, incomodidad, una limitación para su motivación y en ocasiones, un motivo para decidir evitar vivir experiencias. Algo que, si no se ataja con un acompañamiento terapéutico y con compromiso de trabajar con nosotros/as mismos/as, claramente reduce nuestra calidad de vida y termina muchas veces deteriorando enormemente nuestra idea de quiénes somos o de nuestras capacidades.

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