¿Te sientes desmotivado/a en el trabajo? ¿Sientes que te gustaría hacer ciertas cosas –por ejemplo, hacer más ejercicio físico- pero por más que buscas, no encuentras la motivación suficiente para dar el paso definitivo? Es normal que en estas y otras muchas situaciones te hagas la siguiente pregunta: ¿cómo puedo aumentar mi motivación? (esta parece ser la gran pregunta del millón, ¿verdad?). Pues bien, en la entrada del blog de esta semana intentaremos dar respuesta.

¿Qué es la motivación? Los tipos de motivación

Nadie hace nada sin motivación, eso está claro. Es un requisito indispensable. Se habla mucho de la motivación, pero muchos de nosotros desconocemos exactamente a qué se refiere. La motivación hace referencia, como su propio nombre indica, a los motivos para actuar, para pasar a la acción, esto es, la “fuerza”, la razón o el proceso que impulsa o inicia, orienta y mantiene una serie de conductas hacia un fin u objetivo concreto, conseguir un logro o satisfacer una necesidad.

Existen diferentes clasificaciones de la motivación, pero en términos generales, existen dos grandes tipos de motivación, la motivación intrínseca y la motivación extrínseca. La motivación extrínseca o externa hace referencia a aquellos motivos o razones que vienen de fuera, del entorno, del exterior (por ejemplo, el dinero o la aprobación social de terceros); se trata, por tanto, de recompensas o reforzadores externos que la persona quiere alcanzar, a través de la acción o conductas intermedias que escasamente tienen su interés principal. Por contra, la motivación intrínseca o interna hace referencia precisamente a aquellos motivos o razones que vienen de dentro, del propio individuo (por ejemplo, la realización personal); se trata, por tanto, de reforzadores internos que la persona quiere alcanzar disfrutando directamente de la acción o conductas que realiza, independientemente de su fin.

¿Cómo puedo aumentar mi motivación?

Tenemos una buena noticia: la motivación se puede aprender. No es una capacidad con la que sólo algunos pocos “privilegiados” pueden contar, sino que se puede entrenar, desarrollar o potenciar y aumentar. ¿Cómo? A continuación te ofrecemos 5 claves para aumentar tu motivación:

1. Identifica el objetivo y, después, las principales razones para alcanzarlo.

El primer paso es tener claro qué quiero hacer, ¿verdad? Delimitar claramente qué quiero conseguir es importante, ya que si no lo tengo claro no tendré mucha motivación para alcanzarlo. En un segundo tiempo, plantéate lo siguiente: ¿por qué quiero yo realizar esa acción o conseguir ese objetivo? Haz un listado de todos los beneficios o recompensas, tanto externas como internas, para conseguirlo (por dinero, por promoción laboral, por aumento de estatus, por logro personal, por salud, etc). En este punto es importante centrarse en uno mismo, en qué me aporta, ya que si mi objetivo sólo lo concibo como obligación impuesta por terceros (o incluso por uno mismo), eso me desmotivará enormemente (sabes bien de lo que hablo, ¿verdad?).

2. Visualízate en positivo alcanzando ese objetivo que tanto deseas conseguir.

La imaginación es una gran aliada para motivarnos, sobre todo al inicio. Piensa, con todo lujo de detalles, en la situación en la que estás tú mismo/a disfrutando por fin de aquello que quieres alcanzar, y concéntrate en la sensación de orgullo y satisfacción personal que sientes. Cuanto más lo pienses, mejor.

3. Elabora un plan práctico y realista, detallado en pasos, que te acercarán progresivamente a tu objetivo.

Y… recompénsate. Muchas veces creemos erróneamente que nuestro objetivo es demasiado “ilusiorio” o inalcanzable, lo cual frena nuestra motivación para perseguirlo. Planear de antemano pequeños sub-objetivos en forma de retos nos ayudará a motivarnos y, sobre todo, a mantenernos motivados con el paso del tiempo, ya que la consecución de los mismos nos impulsará a dar el siguiente paso.

Durante el proceso, suele ser más fácil comenzar la tarea identificando motivación externa (refuérzate al principio con un pequeño premio físico como recompensa ante cualquier paso, por muy mínimo que sea, sobre todo si es muy difícil) para después, de forma progresiva, ir comenzando a disfrutar de la tarea en sí, independientemente de recibir también algo externo como “extra”, para finalmente eliminar ese premio externo inicial, al sentir que ya no necesitamos nada externo, sino que disfrutamos de la tarea en sí (motivación intrínseca).

4. Identifica los principales obstáculos o barreras.

Es importante anticipar de antemano que durante el proceso no va a ser todo fácil y bueno, sino que aparecerán problemas; tenlo por seguro. La falta de constancia o pereza, el desánimo si un día no alcanzamos un sub-objetivo propuesto y, sobre todo, los pensamientos negativos suelen ser malos consejeros y disminuyen enormemente la motivación, alejándonos de nuestros objetivos e incluso en ocasiones desmotivándonos hasta el punto de hacernos tirar la toalla y abandonar nuestras metas (“Total, ¿para qué?”). En estos momentos recuerda todos tus progresos y avances (te recomendamos apuntarlos en una lista, a modo registro o seguimiento), ya que pararte un momento a mirar atrás y recrearte en todo lo conseguido hasta ahora es realmente motivador y, además, acompáñate de un pensamiento realista positivo -el optimismo puede resultar de gran ayuda- durante todo el camino.

5. Y una de las cosas más importantes… comprométete con ello, de forma íntegra.

Ello requiere también de constancia y dedicación, para alcanzar ese sentido, en consonancia con mis valores. Si lo conseguimos, habremos conseguido un gran camino lleno de motivación intrínseca.

En definitiva, la motivación se puede entrenar y aumentar. No es una tarea fácil, es un camino que requiere tiempo y esfuerzo (compromiso, constancia y dedicación, visualización positiva y recompensas durante el proceso) pero que, sin duda, merece la pena. Y bien, ¿empezamos a motivarnos con estos pasos?

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