Trabaja duro y conseguirás tus objetivos”, “Con esfuerzo y perseverancia podrás alcanzar el éxito”… en nuestro día a día nos bombardean con éstas y muchas otras frases parecidas, pero casi nadie nos dice lo realmente importante: cómo aprender a ser constante.

¿Qué ocurre si soy una persona con poca paciencia? ¿A la que le gusta todo lo inmediato, que quiere resultados “ya mismo” y le cuesta esperar? ¿Qué puedo hacer para conseguirlo? En la entrada del blog de esta semana aprenderemos unas sencillas pautas para ser constante.

¿Cómo aprender a ser constante?

Imagínate que quieres aprobar una oposición. O seguir a rajatabla una dieta y acudir diariamente al gimnasio. ¿Qué tal dejar de fumar? Todos estos nuevos hábitos requieren tiempo, esfuerzo y dedicación. Aunque muchas veces le demos muchísimo “poder” a lo innato (“Yo soy así”, “No tengo fuerza de voluntad”) en realidad se puede aprender a ser constante y perseverante para conseguir mis objetivos. ¿Cómo? Siguiendo una serie de estrategias:

Posterga o demora la recompensa

Visualiza el resultado que deseas. Vivimos en la época de la inmediatez y la rapidez, del aquí y ahora; sin embargo, tolerar la demora del tiempo y no dejarnos llevar por la tendencia cortoplacista nos ayudará a valorar y disfrutar más aún la recompensa a medio y largo plazo. No todo lo inmediato es lo mejor (a veces, las mejores cosas tardan su tiempo). Por otra parte, imaginarte alcanzando ese objetivo que tanto quieres conseguir te ayudará a no abandonar en el camino y seguir “luchando” por lo que quieres. Cree en ti y en tus posibilidades.

Divide y vencerás

Planifica y prémiate cada paso que das: llegar a la meta o la cima es la consecuencia de la consecución de pequeños pasos o logros. Haz factible o asequible en pequeñas metas fáciles aquello que inicialmente consideras que es algo inalcanzable. Asimismo, valora cada pequeño progreso que has ido consiguiendo, poco a poco, y que te acerca cada vez un poco más a tu ansiado objetivo. De esta forma, con cada pequeño escalón que alcances y la recompensa en forma de premio o elogio que te des irás motivándote más aún para continuar en el camino. Lo importante es el proceso, y no sólo el resultado.

Repite, repite (y repite)

Insiste. Ser constante no significa hacer un sobreesfuerzo desmedido o un sacrificio intenso cada día, sino simplemente adoptar una rutina pequeña de forma frecuente o diaria. Para conseguirlo, puede ayudarte marcarte pequeños recordatorios para conseguir realizarlo cada vez más a menudo.

Mantén a raya los pensamientos negativos

Sobre todo, las excusas o autojustificaciones (“Bah, si por un día que no lo haga no pasa nada”, “Si ya total.. en el fondo lo sabía, es imposible”, “No valgo para esto”), ya que nos boicotean y nos hacen abandonar en el proceso más fácilmente.

Sustitúyelas por otros pensamientos racionales o autoinstrucciones positivas más realistas (como, por ejemplo, “Puedo conseguirlo”, “Paso a paso conseguiré alcanzar la meta”, “Un día sin rutina es un día perdido”, “Un error puntual es normal, y no pasa nada por ello. Mañana compenso”).

En resumen, la falta de constancia no es algo innato, sino que está relacionada con cierta falta de confianza en uno/a mismo/a, la urgencia por lo inmediato (focalizándonos sólo en el resultado y no en el proceso), el establecimiento de unos objetivos poco alcanzables (cayendo en el error de no dividirlos en pequeñas metas más asequibles) y la resignación y abandono por creernos y dejarnos llevar por los pensamientos negativos.

¿Probamos a aprender a ser constantes cambiando estos pequeños hábitos, paso a paso?

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