¿Qué puedo hacer para superar este miedo? Te proponemos 10 claves para la hipocondría que seguro te ayudarán a conseguirlo. ¿Quieres saber más?

La hipocondría, esa “enfermedad” imaginaria

¿Qué es la hipocondría? La hipocondría es un problema psicológico que se caracteriza por una preocupación extrema por la salud y un miedo intenso a padecer o la convicción de tener una enfermedad, generalmente grave, en el momento presente. Las personas con hipocondría tienen auténtico pánico por enfermar. Está muy relacionada con los problemas de ansiedad, y afecta en torno a un 5% de la población.

La hipervigilancia y autochequeo continuo de cambios corporales (reales o imaginarios), que son interpretados catastróficamente como síntomas “inequívocos” de una enfermedad grave, así como el peregrinaje médico buscando segundas (y terceras) opiniones médicas que tranquilicen son conductas muy características de las personas con hipocondría.

¿Cómo puedo superarla? Atento a estas 10 claves para la hipocondría

¿Crees que puedes tener hipocondría? No te preocupes, tenemos una buena noticia. Los investigadores Mathews, Gelder y Johnston (1981; 1985) proponen 10 claves para la hipocondría y los ataques de pánico.

1. Las sensaciones no son más que una exageración de las reacciones corporales normales al estrés.

O, en otras palabras, los cambios corporales no son síntomas sine qua non de enfermedad, sino que hay otras explicaciones posibles. Por una parte, el cuerpo humano está en constante cambio y autorregulación (la llamada homeostasis), por lo que cualquier cambio corporal puede deberse simplemente a este proceso homeostático. Por otra parte, los cambios corporales pueden ser consecuencia también de un momento de ansiedad. Todos estos cambios corporales son normales e inocuos o inofensivos.

2. “Las sensaciones no son en absoluto perjudiciales ni peligrosas, solamente desagradables. No sucederá lo peor”.

Todos estos síntomas son temporales (salvo que, sin darnos cuenta, los mantengamos). Hagamos una prueba: si estás durante más de media hora analizando y observando detenidamente tu dedo índice, muy probablemente al final sientas una especie de hormigueo en él. Este es un ejemplo claro para demostrar que, cuanta más atención prestemos a un síntoma, más rápidamente aparecerá o se intensificará. No obstante, aunque son síntomas molestos (a nadie nos gusta tener el corazón acelerado o sentir que nos falta el aire), si dejamos de prestarles atención veremos cómo por sí solos desaparecerán, siendo esta una de las claves para la hipocondría más importantes.

3. “Deja de aumentar el pánico con pensamientos atemorizadores”.

Es muy común que, al detectar un nuevo síntoma, automáticamente nos pongamos en lo peor y pensemos catastróficamente (pensando incluso que nos vamos a morir en ese momento). Estos pensamientos irracionales –porque no son ciertos-, lo único que hacen es aumentar más aún nuestros niveles de ansiedad y, consecuentemente, intensificar los síntomas (o hacer que aparezcan incluso nuevos síntomas), entrando sin darnos cuenta en un círculo vicioso (si los síntomas ahora son más fuertes, seguro que tengo esta enfermedad). Nada más lejos de la realidad. Los pensamientos son sólo eso, pensamientos. Tenemos que asumir que estos síntomas más intensos o la aparición de otros nuevos son solamente síntomas de ansiedad, por lo que si cambiamos los pensamientos catastróficos negativos pensando que son síntomas de ansiedad inofensivos, terminarán desapareciendo.

4. “Observa lo que está sucediendo realmente en tu cuerpo, no lo que temas que pudiera pasar”.

Relacionado con lo anterior, parece que siempre estamos viviendo en el futuro, y no centrándonos en el momento presente, aquí y ahora. Nos imaginamos lo peor, que estamos incluso en la cama de un hospital moribundos o incluso nuestro entierro y, lógicamente, esto asusta a cualquiera. Por el contrario, si nos centramos en la explicación real a los síntomas que tenemos y no nos dejamos llevar por el catastrofismo, no perderemos tanto la perspectiva de la situación real. Prueba a pensar: “Aquí y ahora no me está pasando nada grave”.

5. “Espera y deja tiempo al miedo para que se pase. No luches en contra ni huyas de él. Simplemente, acéptalo”.

Otra de las claves para la hipocondría. Como ya hemos mencionado con anterioridad, el miedo desaparece por sí solo con el paso del tiempo (siempre y cuando no hagamos nada para “alimentarlo”). Esto ocurre siempre, por puro mecanismo biológico homeostático: es imposible que el cuerpo humano pueda estar permanentemente activado.

6. “Cuando dejas de aumentarlo, el miedo comienza a desaparecer”.

El punto 6 es complementario al punto anterior. Como acabamos de ver, si rompemos el círculo vicioso (modificando los pensamientos o interpretaciones erróneas catastrofistas de los síntomas y dejando de prestar excesiva atención a los mismos, así como eliminando el peregrinaje médico), la angustia y ansiedad asociada a los síntomas comienza a disminuir progresivamente.

7. “El objetivo es aprender a afrontar el miedo sin evitarlo. El episodio, por tanto, es una oportunidad de progresar”.

Las conductas de evitación/escape, si bien es cierto que tendemos a llevarlas a cabo porque nos producen un alivio del malestar y una cierta tranquilidad a corto plazo y momentánea, lo único que hacen a medio y largo plazo es mantener el problema, ya que indirectamente “confirman” mis creencias de que estos síntomas son signos de enfermedad. Por contra, sólo si me expongo a ello y afronto mis miedos, me daré cuenta de que son síntomas inofensivos y de que no tengo una enfermedad real.

8. “Piensa en el avance que has conseguido y lo satisfecho que estarás cuando lo consigas”.

En este punto, lo que los autores quieren enfatizar es la importancia del cambio y de valorar el esfuerzo realizado, así como los primeros resultados conseguidos, para permanecer motivado en el camino de superación de la hipocondría. Céntrate en todo lo conseguido hasta ahora, en todas las dificultades superadas, en todos esos momentos de “muerte” segura por padecer esa hipotética enfermedad.. y, a pesar de todo ello, estás aquí. Si hubiese sido realmente así, no podrías contarlo, ¿no? Y aparte, ¿merece la pena estar siempre preocupado/a por pensar que las veces pasadas no fue así, pero la próxima vez “y si sí”? ¿Acaso no sería fantástico poder vivir sin estar condicionado por esa angustia a tener una enfermedad?

9. “Cuando te sientas mejor, mira a tu alrededor y planea qué vas a hacer a continuación”.

Otro ejemplo más de la no-focalización atencional exclusivamente a los síntomas temidos. Una vez que compruebes que son pasajeros, céntrate en otras cosas importantes en tu vida, y no consigas que el autochequeo se convierta en el centro de tu vida. Hay mucho más allá.

10. “Comienza de forma tranquila, relajada. No hay necesidad de esfuerzo ni prisas”.

Como siempre se ha dicho, las prisas no son buenas. Si queremos cambios momentáneos, desde “ya mismo”, muy probablemente nos frustremos. Todo cambio requiere su tiempo. Al igual que si utilizamos las estrategias que se presentan en este decálogo no desaparecerán por arte de magia ipso facto los síntomas. Pero ojo, esto tampoco quiere decir que nos eternicemos con ellos, nada más lejos de la realidad. Lo importante, como bien refleja este último paso número 10, es utilizar todo lo aprendido para mantenernos relajados y no pensar de forma negativa. Paso a paso.

En definitiva, siguiendo este pequeño decálogo, en el que se resumen algunas de las principales estrategias de intervención psicológica de la hipocondría, podremos conseguir grandes cambios. ¿Lo utilizamos como pequeño “mantra” para repetírnoslo diariamente?

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