La amaxofobia o el miedo intenso a conducir

Es domingo por la noche. Estoy en la cama, pero no puedo dormir. No paro de darle vueltas, de pensar una y otra vez, una y otra vez, que mañana por la mañana tengo que coger el coche para llevar a los niños al colegio. Nadie más puede. Siempre intento evitarlo, buscar una alternativa, pero esta vez es diferente: nadie me puede ayudar. Estoy yo sola ante el peligro.

Sólo con imaginármelo ya me pongo nerviosa. Empiezo a notar hormigueo y una especie de sensación de cosquilleo por todo el cuerpo. Mis manos sudan. Hay veces incluso que aparece por mi mente de forma automática una imagen de mi coche estrellado. ¿Y si les pasa algo a mis hijos? Me muero. No podría soportarlo. Me da un vuelco al corazón. No. No. NO. No puedo. No soy capaz. Me siento insegura. No quiero hacerlo. NO QUIERO.

[…] Es lunes por la mañana. Apenas he dormido esta noche. He tenido pesadillas incluso. Ya es la hora. Me monto en el coche, y noto cómo estoy rígida al volante. Como agarrotada. Arranco y empiezo a conducir. Voy conduciendo lento, por mi carril derecho, sin adelantar, y manteniendo una distancia prudencial de seguridad. Así al menos me siento un poco más segura. Juraría que mis hijos están canturreando algo, pero no me entero. Intento distraerme hablando con ellos, después poniendo la radio y escuchando música… pero nada, es imposible. Estoy atenta a cualquier mínimo cambio en mi cuerpo. Ya viene. Ya está aquí. Como siempre. Sin darme cuenta, en apenas segundos, noto cómo mi respiración se acelera.

Nunca podré superarlo. Es terrible. No puedo más. Soy un peligro al volante, voy a perder el control. ¿Y si tengo un accidente? ¿Y si atropello a alguien? No estoy en condiciones para conducir. No puedo más. Busco la salida más cercana, dejo el coche en doble fila. Necesito salir. Y coger aire fresco. Mis hijos me miran extrañados, no entienden nada. Busco frenéticamente el teléfono móvil, necesito salir de aquí. Llamo a mi marido, nerviosa. Viene a buscarme en cinco minutos, me lo ha prometido. De repente, sin saber por qué, siento alivio momentáneo”.

Sí. Soy E. Y tengo pánico a conducir.

¿Se puede superar el pánico a conducir?

El caso de E. es un ejemplo prototípico de lo que piensan, sienten y hacen las personas que tienen miedo a conducir. ¿Te has visto reflejado/a o identificado/a en él? No te preocupes, la amaxofobia tiene solución. La terapia cognitivo-conductual es la recomendación más eficaz para tratar este problema de ansiedad. Aprender estrategias para manejar la ansiedad (como técnicas de relajación o modificación de pensamientos negativos -como la anticipación catastrófica de un posible accidente o choque, así como la idea irracional de que soy un peligro al volante-) y, sobre todo, exponiéndonos a la conducción, de forma progresiva y controlada, harán que podamos superar este miedo y volvamos a conducir con independencia y libertad, como antes.

En definitiva, si sientes pánico a conducir, no estás solo. Frena tu miedo. En Amadag podemos ayudarte.

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