No falla. Abres cualquier red social y sólo ves publicaciones de gente siendo productiva: practicando deporte en casa (o ya fuera de ella), actualizándose con cursos, convirtiéndose en auténticos MasterChefs de la repostería y la panadería… Y a ti lo único que te apetece es quedarte en la cama y no hacer absolutamente nada. ¿Soy yo o estoy más negativa en cuarentena? Pasan las horas y sigues igual. Te cuesta todo. Lo ves todo más negativo.

Si total… ¿para qué?” “Esto no acabará nunca, el día de la marmota, una y otra vez”, “Vaya mierda de futuro nos espera… ya lo verás”, “Todo el mundo lo está llevando bien, están haciendo mil cosas y mírate, tú aquí sin hacer absolutamente nada, como un/a antisocial, poniendo excusas y evitando hablar con la gente”, “No paras de perder el tiempo, ahí tumbado/a, ¿no te da vergüenza?”…

Es inevitable pensar: ¿soy el/la único/a “raro/a” aquí?

No te preocupes. Es perfectamente normal –y muy común, también hay que decirlo- tener esos días de “bajón” o de negatividad en esta cuarentena. Y si no, echa un vistazo al siguiente post: “No tengo ganas de hacer nada”. Aunque no todo el mundo lo admita. Aunque pareciera que la sociedad de la productividad nos autoimponga tener que estar siempre activos, siempre haciendo algo, siempre produciendo. Siempre mantenerse ocupados, aprovechando al máximo el tiempo, sin tiempo que perder. Total, es a lo que estábamos acostumbrados, ¿verdad? Y ahora, de repente, en un abrir y cerrar de ojos, ¡pum! Paramos de golpe. Tenemos tiempo de sobra. Y eso nos asusta, porque nos “obliga” a parar, a reflexionar, a descubrir aquello de nosotros que con el automatismo de antes intentábamos ocultar. Porque nos hacía vulnerables.

Pero esta presión frenética agota. Y podemos caer en el fenómeno opuesto, en la apatía, en la desgana. Nuestros días de “bajón”, de no querer hacer nada, de negatividad, los tenemos todos. Frente a toda esta sobrecarga de información, somos tajantes al respecto, con este simple manifiesto u “oda a la improductividad” (si es necesario, repítete estas frases como un mantra todas las veces que te haga falta):

Puedes sentirte mal o más negativo/a en cuarentena
Puedes estar sin hacer absolutamente nada

¿Y sabes qué es lo mejor de todo? Que no pasa nada. Absolutamente nada. Si sientes que necesitas estar un día sin hacer nada, hazlo. Si te notas algo más negativo/a que lo normal, permítetelo. De verdad. No es malo. Y mucho menos tienes que sentirte culpable por ello. Todo lo contrario. Te contamos por qué.

La negatividad en cuarentena

Se ha demostrado que, en época de aislamiento, las personas podemos experimentar la tríada emocional negativa: miedo/ansiedad, tristeza e ira. Y estas tres emociones son perfectamente lógicas y válidas, entendidas como respuestas adaptativas a una situación tan excepcional como en la que nos encontramos.

Si nos centramos en la tristeza, es normal tener pensamientos más negativos, alimentados sobre todo por la incertidumbre y las innumerables profecías catastróficas que se oyen sobre lo que vendrá después, lo que nos deparará el futuro. Al igual que es normal que la falta de contacto y apoyo social real, unida a la restricción impuesta de la práctica de determinadas actividades con las que disfrutábamos antes, pueda traer consigo momentos puntuales de tristeza.

Pero… ¿y si quiero dejar esta negatividad a un lado, qué puedo hacer?

…Ahora bien, en el equilibrio está la virtud, como todo en la vida. Esto no quiere decir que nos abandonemos a estar tristes, inactivos o negativos a todas horas todos los días de la semana. Una cosa es darme permiso para estar así durante unos días –algo más que necesario- y otra muy diferente abandonarnos a la apatía y la negatividad durante toda la cuarentena. Una cosa es asumir que es cierto que estamos pasando por una época difícil, y otra muy distinta es ser nuestro propio enemigo o verdugo, hiriéndonos constantemente con pensamientos muy negativos y, obviamente, poco ajustados a la realidad.

La clave radica, precisamente, en permitirme sentir, aceptar y validar lo que siento, comprendiendo su porqué, y no tratar de reprimirlas o sentirme mal por ellas, pero no por ello dejar que nos dominen.

Por este motivo, si ves que pasa mucho tiempo y te notas “enganchado/a” a ese bucle negativo, te recomendamos que intentes buscar otras alternativas de pensamiento más realistas a la situación (sí, es cierto, es complicado pero, ¿realmente es tan terrible? ¿Me ayuda en algo pensar así o, por el contrario, me genera más malestar?) y, en la medida de lo posible, recuperar esas actividades gratificantes dentro de casa, manteniendo el contacto social con otros.

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