¿Alguna vez te has sentido ansioso o con sensación intensa de aturdimiento al contemplar una obra de arte? Graziella Magherini lo llamó el síndrome de Sthendal. Un síndrome de lo más sorprendente, al que puso el nombre del famoso escritor francés Henri Beyle, más conocido por su pseudónimo Sthendal, en recuerdo de la experiencia del escritor cuando visitó la iglesia de Santa Crote de Florencia.

En general, podría definirse como un estado de ánimo transitorio, que se manifiesta al observar obras de arte de notable belleza, normalmente en un espacio pequeño de tiempo y concentradas en una misma ciudad.

Esto explicaría que Florencia, una ciudad turística de increíble belleza, sea la ciudad donde más casos se han observado a cerca de este síndrome.

El síndrome de Sthendal: perplejos ante el arte

El síndrome de Sthendal debe su nombre al escritor francés Marie Henri Beyle (Stendhal), quien lo describió por primera vez en su libro de viajes Roma, Nápoles y Florencia hacia 1817. En una de sus referencias a Florencia, ciudad que admiraba particularmente, en concreto a su visita a la basílica de Santa Crote, describe las sensaciones que experimentó al contemplar las Sibilas de  Volterano, exaltado por la emoción, al salir de la basílica sentía  fuertes latidos de corazón y así lo dejó escrito: “la vida se me había desvanecido, caminaba con temor a caer“…”Tenía la necesidad de la voz de un amigo que compartiese mi emoción“.

El viajero Stendhal recorría Italia envuelto en complejas emociones. Pese a que Florencia es la ciudad que se lleva la gloria de sus escritos, probablemente sea Milán su ciudad favorita, donde afirma sentirse “muerto de cansancio“. Al salir a la calle describe lo siguiente: “fuertes latidos de corazón, acompañados de la sensación de que la vida se había desvanecido, caminando con sensación de caer“.

La psiquiatra Graziella Magherini tuvo la oportunidad de estudiar, desde el privilegiado observatorio del Hospital de Santa María Nuova en el centro de Florencia, los cuadros de malestar psíquico que aquejaban a pacientes a su cargo, generalmente visitantes extranjeros de esta bella ciudad italiana. Todos eran cuadros breves, de inicio inesperado y agudo, relacionados con la visita a una ciudad artística, si bien, analizando detalladamente la biografía de cada paciente, el viaje se integraba como un eslabón de una cadena de hechos personales.

Perfil de los afectados por el síndrome

Los estudios parecían revelar un perfil claro, turistas de mediana edad, entre 26 y 40 años, la mayoría mujeres que viajaban solas y que procedían de ciudades tranquilas sin muchos estímulos artísticos.

Parece que son especialmente susceptibles las personas con una gran sensibilidad receptiva y ansia por contemplar la belleza artística, de hecho, éste síndrome se conoce también como “el mal del viajero romántico“. Estas personas, son víctimas de una emoción subjetiva que se manifiesta en un cuadro clínico con sintomatología mayoritariamente ansiosa.

Al describir el síndrome, la Dra. Magherini distinguió tres tipos de perfiles:

• En un 66% de los pacientes identificó trastornos predominantes del pensamiento, dentro de los que se engloban alteración en la percepción de sonidos o colores, sentimiento persecutorio o de culpa y ansiedad.

• En un 29% de los afectados apreció trastornos predominantes de los afectos, de forma que estos sujetos asociaban en grado variable angustias depresivas, sentimientos de inferioridad como inutilidad, precariedad o insuficiencia, o bien sentimientos de superioridad como euforia, exaltación, pensamiento omnipotente o ausencia de crítica de la propia realidad.

• Finalmente, un 5% de los pacientes sufrieron crisis de pánico o proyecciones somáticas de la angustia como dolor precordial, sudor, desvanecimiento, taquicardia o malestar epigástrico.

Las sensaciones de goce y malestar ante el descubrimiento se han descrito en todo tipo de viajes a lo largo de la historia, y cambian en función de las características culturales o artísticas de la época en que estos viajes se llevaron a cabo.

Tras estudiar los diferentes casos clínicos, podría decirse que la presencia de éstos síndromes coincide en tres aspectos:

1. Se desencadena ante un cuadro específico o un artista determinado.
2. Se desarrolla en una ciudad emblemática del arte
3. El síndrome aparece en extranjeros, hipotetizando que la falta de vínculos familiares y la lejanía con el idioma parece importante para que se presente.

Se trataría de un placer de la mente, que, por alguna razón, sobrepasa el límite del placer para convertirse en malestar. Algo así como cuando decimos “te quiero tanto que me duele“. Ya Sthendal, entre sus descripciones hacía alusión a esto de una manera más poética: “no me sentía en condiciones de razonar y me abandonaba a mi locura como a la vera de una mujer a la que se ama” (Sthendal,1999)

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