Transitar el camino de la ansiedad, no solo es sentir miedo. No sólo son síntomas o dificultades para realizar diversas tareas de la vida cotidiana. Es también, en muchos casos, lidiar con un yo que ha dejado de gustarme, lidiar con un yo qué puedo incluso acabar despreciando, con un yo del que me avergüenzo y con el que no soy capaz de identificarme. ¡Recupera al héroe que llevas dentro!

Pero ¿cómo voy a quererme así?” Nos preguntamos a veces. Cómo si éste, nuestro padecimiento, se hubiese convertido en el peor de nuestros defectos, cómo si nuestro sufrimiento y nuestros terrores más profundos, nos convirtiesen en seres indeseables y poco apetecibles para el resto del mundo.

Divagábamos hace unos meses un paciente y yo acerca de éste autodesprecio mencionado producto del padecimiento. Suponía, que la mayoría de los cambios (aunque fuesen a peor) de nosotros mismos, solían producirse de forma progresiva, lo que te permitía ir adaptándote poco a poco, incluso a aquello que no te gusta. Hablábamos de la vejez y de cómo poco a poco íbamos observando el deterioro de nuestro propio organismo: “pues cada vez somos más feos, más pequeños y más arrugados, pero te sorprendes cuando te ves en fotos” “¡madre mía como he cambiado!”.

Despacito, sin que duela tanto. La ansiedad, sin embargo, muchas veces es vivida como un brote, es decir, cómo si algo hubiese surgido de la noche a la mañana para condicionar tu vida de cabo a rabo. Esto no excluye, que las personas que hayan vivido su ansiedad de una manera mucho más progresiva, estén exentas de autodesprecio, por supuesto.

Al ser humano no le gusta sentirse diferente. Y los trastornos de ansiedad, provocan vivencias diferentes a muchos de los iguales y eso es innegable. El discurso que pasa por negar el trámite complejo de aceptar que uno padece un trastorno psicológico, supongo que es el discurso de intentar taparse los ojos y mirar hacia otro lado.

Sentirse extraño es normal, sentir vergüenza es normal y sentir que ojalá esto nunca nos hubiese pasado, es también, muy normal.

Ahora bien… Teniendo en cuenta que a la persona afectada, no suele interesarle tanto el motivo de su autodesprecio, sino la solución de su patología y por consecuencia también de su falta de amor propio… ¿Es posible recuperarse odiándose a uno mismo?

Pues teniendo en cuenta, que la recuperación conlleva, entre otras muchas, autocuidado, paciencia y cariño hacia uno mismo, debería invitar al menos a cuestionarnos ésta pregunta.

¿Será por lo tanto ésta una de las piezas indispensables del puzzle de la recuperación?

Recupera al héroe que llevas dentro

Irene Villa, Mamacax, Aimee Mullins, Jason Barnes, son algunas de las caras visibles que han sido admiradas (y no sin razón) por su capacidad de superación. Personas que perdieron partes de su cuerpo y que lejos de vivir una vida de lamentación, decidieron mostrar al mundo que se podía apostar por una vida plena, una vida de orgullo, donde las cicatrices eran las más valiosas medallas que uno podía llevar.

La Rae define al héroe, cómo la persona que se distingue por haber realizado una hazaña extraordinaria, especialmente si requiere mucho valor.

Y supongo que eso son ellos para nosotros, héroes. Personas, que necesitaron mucho valor para adaptarse a una circunstancia que ninguno etiquetaríamos como sencillas.

¿Se puede ser héroe sin heridas?

Al menos de las que se ven.

Cuando la sociedad silencia, el orgullo es más complejo. Qué paradoja, la sociedad: unas veces te condena y otras te salva. Innegablemente y así comenzamos el texto, que la salud mental esté aun tan estigmatizada, dificulta el camino el héroe y dificulta el sentimiento de lucha heroica durante el camino transitado.

Y ateniendo a la definición mencionada de héroe, supongo que esto es también lo que hace ésta lucha extraordinaria, que se sale de normal, que se lucha muchas veces en silencio, desde la soledad de quien siente que nadie más le comprende. Que se lucha desde el que tuvo que desprenderse de sus prejuicios, para mirarse al espejo tal cómo y es y con lo que le sucede.

Que requiso y requiere mucho valor, infinito. La lucha con tus demonios, con aquello que nunca pensaste que tuvieras que afrontar. Que requiere, como decía Pau Donés, mirar la cara mala y limpiar el polvo.

Decía una compañera que no es lo mismo barrer el polvo que esconderlo debajo de la mesa. Y que ponerte a barrer, no es nada sencillo, porque a veces te das cuenta que tienes el terreno hecho una porquería. Eso es valor.

Decía también Bob Dylan, que un héroe es quien entiende la responsabilidad que implica la libertad. Y conseguirlo, sin duda es algo extraordinario.

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