Pensando sobre mis pensamientos… a esto se le llama metacognición. La metacognición se define como el acto de razonar sobre el propio razonamiento o, en otras palabras, a la capacidad de desarrollar conciencia y control sobre los procesos de pensamiento y aprendizaje.

Los principios del modelo metacognitivo

• Las emociones como el miedo y la tristeza son señales básicas que tienen lugar cuando hay una discrepancia en la autorregulación o la persona percibe que su bienestar se está viendo amenazado.

• Esas emociones suelen tener una duración limitada porque la persona suele llevar a cabo ciertas estrategias para reducir o eliminar la amenaza o lo que está percibiendo como tal.

• Los problemas psicológicos surgen cuando esas emociones se mantienen durante el tiempo de forma disfuncional.

• Dichas emociones se mantienen por estilos de pensamiento y estrategias conductuales erróneas (rumiación, hipervigilancia, conductas de huida/evitación, reaseguración…)

• Estas conductas mencionadas, son disfuncionales y son resultado de creencias metacognitivas erróneas que hacen que se mantengan nuestros pensamientos y nuestros estados emocionales. Mantienen y agravan la experiencia emocional desagradable.

Trabajar nuestros pensamientos desde el modelo metacognitivo

Adrian Wells, en su libro Metacognitive Therapy for Anxiety and Depresión propone un modelo donde resulta de gran importancia centrarnos en nuestras metacogniciones. El objetivo es conseguir una nueva perspectiva en la forma en la que juzgamos nuestros pensamientos. Por ejemplo: “Como pienso que me voy a morir, es que me voy a morir“.

Para ello el primer paso es aprender a diferenciar nuestras cogniciones de nuestras metacogniciones. Básicamente, la cognición trata con procesos mentales como la memoria, el aprendizaje, la resolución de problemas, la atención y la toma de decisiones. Sin embargo, la metacognición se ocupa de los procesos cognitivos de orden superior de un individuo, donde una persona tiene un control activo sobre su cognición. Tenemos que tener en cuenta que diferenciar las cogniciones de las metacogniciones no es una tarea fácil, ya que las personas tenemos la tendencia a confundirlas y fusionarlas, al igual que tendemos a fusionar la realidad y nuestras interpretaciones sobre la misma, creyendo que son equivalentes cuando no es así.

Paralelamente se trata de identificar y eliminar todas las conductas disfuncionales que realiza la persona con el falso objetivo de protegerse (hipervigilar, rumiar, huir/evitar…).

Por lo tanto, la terapia metacognitiva se centrará en tres puntos:

1. Eliminación de todas esas conductas cognitivas y motoras que resultan disfuncionales y que están manteniendo el problema psicológico de la persona.

2. Modificar las metacogniciones, es decir, nuestra manera de razonar sobre nuestros propios pensamientos.

3. Crear nuevas formas de experimentar nuestros pensamientos/interpretaciones del mundo que nos rodea.

¿Te acuerdas de esa voz interna que ejecutaste en aquel ataque de pánico? Tus pensamientos automáticos te decían que ibas a morirte, sin embargo, tu mirabas esa forma de pensar y te decías “es mentira, no puedo morirme por un ataque de pánico”. Eso es una metacognición. Cada vez que tus obsesiones te dicen que tienes un cáncer y tú te dices “son solo pensamientos“, eso es una metacognición. Entrenarlas es verdaderamente útil, es llevar a la práctica algo que seguro ya has escuchado en multitud de ocasiones: no eres lo que piensas.

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