“Que debo hacer para  si mi hijo no me hace caso?” Pregunta recurrente en las consultas de psicología con niños y adolescentes. La respuesta no es sencilla pero hay algunas conductas y dinámicas familiares en la base del problema que podemos explorar.

¿Por qué mi hijo no me hace caso?

1. Lo primero de todo es averiguar si le estamos pidiendo cosas de acuerdo con su edad madurativa. A veces queremos que aprendan más rápido que su capacidad evolutiva – a una niña o niño de cuatro años no le puedes pedir que ordene sus juguetes, se vaya a lavar las manos y se siente en la mesa para comer, se va a colapsar y no hacer nada. A estas edades hay que ir por etapas y ser más paciente porque no van a registrar todas las tareas, empezar solo con una, paso a paso, de una en una.

2. Tener en cuenta que padre y madre o sus educadores de referencia no se contradigan. Cuando los pequeños se dan cuenta que padres y madres no están de acuerdo tienden a desobedecer porque saben que tarde o temprano van a salirse con la suya.

3. La falta de constancia en las rutinas y normas de la familia también pueden potenciar la desobediencia de los y las hijas. La falta de constancia genera falta de autoridad y por lo tanto la inversión de papeles en el día a día donde los padres y las madres se ven dominados por sus hijos e hijas. Frecuentemente esto genera angustia y ansiedad hasta el punto de reducir la vida social por la dificultad que tienen en hacer que sus hijos e hijas les hagan caso.

4. Las ordenes tienen que ser cortas, claras y de una en una. A veces dentro de la misma frase, los/as adultas se contradicen y demandan tantas cosas que al terminar los niños y las niñas hace rato que han desconectado.

5. La congruencia es muy importante. Somos los modelos de referencia de nuestros hijos e hijas. Si les pedimos que lean pero nosotros no cogemos un libro hace años, no podemos querer que nos obedezcan… nos encantaría, pero no es así que funciona el ser humano.

6. Muchas veces el no hacernos caso es una llamada de atención. Hay que estar atentos a la cantidad de tiempo que les dedicamos. Tiene que ser mucha, ellos y ellas nos necesitan, para sentirse seguros, para jugar, para contar cosas, para mimos… No estar con ellos tiempo suficiente repercute en su autoestima y bienestar.

Hay que pensar que no hacer caso a los adultos en ciertas edades, no se hace por gusto, ocurre porque algo en su entorno está pasando. Pensemos primero que estaremos haciendo para que nuestro hijo o hija no respondan a nuestras demandas.

Como hemos podido ver, el no hacer caso puede ser síntoma de nuestra torpeza a la hora de relacionarnos con nuestros/as peques.

Muchas veces el comportamiento de no hacer caso a los padres y madres puede generalizase a sus grupos de amistad, haciendo que los demás no deseen su compañía. No quieren estar con él/la ya que su manera de interaccionar es hacer solamente lo que le apetece sin tener en cuenta el otro – pierde sociabilidad y capacidades de negociar, por lo tanto se reducen sus habilidades sociales.

¿Qué puedo hacer si mi hijo no me hace caso?

Si mi hijo no me hace caso tenemos que tener en cuenta algunas cosas:

1. Hablarles con contacto físico. Es importante, aunque sea para decirles que hay que ir a cenar, acercarnos y hablar, y no hacerlo desde el otro extremo de la casa. Enseñarles a mirarnos mientras hablamos. Basta un pequeño contacto físico para dar confort.

2. Hablar y no Gritar, sea en que circunstancia sea. Si los padres y madres gritan sus peques también lo van hacer, es así. Si queremos que no griten, tendremos que hacer el esfuerzo de dar el ejemplo.

3. Tener calma, paciencia y escucharles. Si aprendemos a tener en cuenta lo que nos dicen será más fácil entender por lo que están pasando. Por ejemplo hay educadores que apuntan a sus críos en diferentes actividades cada día, sin tener el cuenta las necesidades de su hijo o hija de descansar, como cualquier persona adulta, entonces cuando se quejan de estar cansados/as y querer quedarse en casa, los padres o madres se enfadan diciendo que es un(a) perezoso/a, alegando que “lo que quiere es quedarse en casa a jugar”. Pues esto no tiene nada de malo, aparte de ser verdad, es sano quedarse en casa jugando y descansando. ¡No pasa nada!

4. Las consecuencias tienen que ser inmediatas, para que se den cuenta que están relacionadas con lo que acaban de hacer. No hablo de pegar ni ofender y ojo, llamar tonto/a es ofensivo y humillante. Hablo de hablar sobre lo ocurrido y enseñarle una consecuencia que pueda generar cambios de conducta en un futuro sin ser a través del miedo.

5. Las peticiones han de ser pocas, cortas y fáciles de entender. Como ya se ha referido tenemos que bajar nuestro nivel de exigencia y poco a poco ir haciendo demandas claras para que las dinámicas que generemos no sean de discusión constante.

 

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