El efecto Pigmalión o el error de la profecía autocumplida corresponde a las expectativas que los educadores tienen acerca de los niños, que volcadas sobre ellos pueden influir en la conducta de los menores. El efecto Pigmalión sería entonces la conducta que nos lleva a crear niños al imagen de lo que creemos que son sus capacidades y habilidades.

Si yo creo que mi hija es muy buena a matemáticas voy naturalmente proporcionarle actividades y ocio relacionados, no obstante si creo que mi hijo no es un buen bailarín ni siquiera me esfuerzo para enseñarle unos pasitos de salsa, esto sería lo que llamamos el efecto pigmalión.

Tenemos que ser muy consciente de la capacidad que tenemos de influir en las vidas de los menores, no solo nuestros hijos, también alumnado, familiares, otros niños de nuestro entorno… Tenemos más poder de lo que nos imaginamos e influimos más en sus conductas de lo que nos gustaría admitir! A veces se hace de manera consciente pero hay otras en que intentamos, a través de ellos, realizar nuestras frustraciones y se nos olvidar mirar a quien tenemos delante – sus deseos, sus capacidades, sus aptitudes.

Podríamos también hablar del efecto Pigmalión cuando nos referimos al mantenimiento de conductas de género esteriotipadas. Este comportamiento está igualmente relacionado con las expectativas de la sociedad sobre las niñas y los niños… a parte de los regalos de muñecas y coches está también el refuerzo o no que se les da cuando reciben este tipo de juguetes.

El varón, la niña, aprenden “lo que está correcto o no” observando lo que hacen las personas adultas. Los menores miran mayoritariamente a nuestra conducta no verbal, mucho más que la verbal, por lo tanto no basta con decir, “Ay que coche tan bonito te acaban de regalar, Clarita”, hay que incentivarla a jugar con él. Pablito puede tener Nenucos pero si nadie juega con él a los muñecos… si su abuela o su padre le dicen que los niños no juegan con muñecos… que hará Pablito????

La manera cómo les hablamos y cómo actuamos va a ser esencial en el desarrollo de su autoestima e inteligencia emocional. Si estamos siempre indicando lo que tienen que hacer sentirán que no saben saber las cosas sin indicaciones, que no pueden elegir por ellos mismos, que se equivocarán y, aprenderán que equivocarse es malo, y resulta que NO LO ES! Si nos pasamos de listos y creemos que estamos delante de una Marie Curie o de un Barýshnikov puede ser que les imprimamos una sensación de frustración constante difícil de lidiar, o visiones alteradas de la realidad donde crea que el mundo es malo y está contra él/la.

En conclusión hay que tener cuidado con nuestra manera de estar en la vida. Los niños no aprenden con clases magistrales, aprenden a través de lo que tu haces, como tu te comportas… si fumas y lo sabe, no le digas que fumar es malo y que nunca debe hacerlo… el/la niño lo que pensará es, “Si madre/padre fuma será porque tan malo no será, con lo listo que es si de verdad fuera malo no lo haría.”

Según el efecto Pigmalión el hijo se ve tal y como tu lo ves, así tu manera de interactuar ayudará o no al buen desarrollo del menor.

Pautas que te pueden ser muy útiles:

Refuérzale de delante de los demás; no le critiques. Potencia lo que tiene de bueno, perfectos ya sabemos que no son y, a muchas veces, su manera de hacer las cosas también es correcta.

Acepta sus limitaciones. Si tu crees en él/ella, él/lla creerá en sí mismo.

Fíjate como te diriges a tu hijo; la comunicación No Verbal es es la base, ellos hacen más caso a como lo estás diciendo que propiamente al contenido.

Motívale! Cuidado con las etiquetas de “A Juan no se le dan bien las matemáticas” y por lo tanto te empeñas menos en ayudarle, es como tirar la toalla. NO! Aunque no sea Einstein, motívale, las cosas cambian, se aprenden… dale una oportunidad, seguro que le va a gustar!

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