El lenguaje está presente, de uno u otro modo, en todos los asuntos humanos. Todo lo que nos rodea, la interpretación del entorno, la visión que tenemos de nosotros mismos, es un proceso verbal. El lenguaje, quizá es aquello que más nos hace humanos. Y no podía ser menos en las terapias psicológicas, donde el terapeuta puede echar mano de diferentes recursos del lenguaje en cualquier momento, con finalidades terapéuticas actuando no sobre la capacidad de razonamiento de la persona, sino sobre su imaginación o sensibilidad, facilitando de este modo el acceso al conocimiento o a la reflexión de un modo indirecto, y esto se puede lograr en terapia mediante el uso de las metáforas.

¿Qué son las metáforas?

El término metáfora proviene de las palabras griegas “meta” y “pherein”. “Meta” hace referencia a algo común que se comparte, mientras que “pherein” suele traducirse como llevar o transferir. Una metáfora es una forma lingüística que hace una comparación implícita entre dos entidades diferentes.

De este modo podemos definir la metáfora como una “asociación semántica entre dos objetos o experiencias en base a una analogía (parecido o semejanza) sensible”. A veces la analogía se expresa como:

• una comparación: “nuestras vidas son como los ríos”
• una equivalencia: “nuestras vidas son los ríos”
• una sustitución: “el río de la vida”.

La base sensible de la metáfora hace que ésta en realidad sea una imagen que nos permite representar un concepto abstracto de forma sensible (sonora, visual, táctil, etc.), no por sí mismo, sino por referencia al objeto material del que toma el parecido.

Algunas metáforas tienen un carácter tan universal que casi parecen remitir a algún arquetipo inconsciente de modo que su presencia suele repetirse en sueños, como por ejemplo la experiencia del viaje, representado en forma de algún vehículo: carro, coche, barco, tren, avión, etc.; la de volar sobre la tierra o el mar, o la de caer por un precipicio o por el hueco de unas escaleras, etc.

Otras pertenecen claramente a grupos culturales, por ejemplo, imágenes asociadas a las estaciones del año allí donde éstas estructuran los ciclos anuales y que no son aplicables a otras latitudes, como, por ejemplo: en “la primavera de la vida”, en “la flor de la vida”, si bien puede darse que por el fenómeno de la globalización cultural lleguen a ser compartibles en todo el mundo.

¿Cómo se crean las metáforas?

El proceso de creación de una metáfora sigue tres pasos fundamentalmente:

1. Se parte de una experiencia vivida (por ejemplo, sentirse pisoteado en el trabajo).

2. Se busca o se halla una imagen de algún objeto o situación donde se produce la acción y el efecto de pisotear, y viene a la mente la imagen de una alfombra.

3. Se establece el paralelismo, parangón o similitud entre la alfombra y la experiencia de sentirse pisoteado: “mi jefe/a me trata como una alfombra, me pisa y me humilla”.

Con estos tres pasos una experiencia da origen a una metáfora que puede expresarse con toda vivacidad: “me he convertido en una alfombra”.

El uso de las metáforas en terapia

La metáfora terapéutica se usa como un recurso dramático que captura la atención y provee un marco alterado a través del cual la persona puede considerar una experiencia nueva.

En terapia se usan tres estilos básicos de metáfora:

• Las metáforas o anécdotas referidas a la experiencia personal del terapeuta o historias de pacientes.

• La metáfora que hace uso de verdades obvias, en donde se relatan experiencias de vida tan universales, que el paciente no puede rechazarlas, y crean una “dirección de aceptación” hacia el tratamiento.

• Las historias metafóricas adaptadas a la situación del paciente, o buscando crear papeles y componentes que son paralelos a los aspectos de las circunstancias del paciente.

Ventajas del uso de las metáforas en terapia

Las metáforas poseen algunas características que las hacen especialmente útiles en la etapa de tratamiento:

• No implican una amenaza.
• Captan el interés del oyente.
• Como el paciente tiene que conferirle un significado, fomentan su independencia ya que promueven una acción por propia iniciativa. El cambio proviene desde el interior y no de la directiva del terapeuta.
• Permiten eludir la resistencia natural al cambio.
• Son un modelo de creatividad para el paciente.
• Su impacto en la memoria es mayor, haciendo más rememorable la idea expuesta

Respecto a la utilización de un discurso lógico para promover la reestructuración cognitiva a través del debate, las metáforas presentan una serie de ventajas. Recordemos que las metáforas nos llevan a significados más allá de las palabras que contienen.

Afloran las emociones: En ellas, como en los cuentos, las fábulas o los sueños, desaparece la exigencia de veracidad y predomina la imaginación, permitiendo introducir puntos de vista alternativos. Las metáforas permiten entrar en contacto con las emociones, y cuando se habla metafóricamente, las emociones surgen con mayor facilidad que cuando se utiliza un discurso lógico.

Promueven el cambio: Mediante el uso de metáforas no se pretende entretener o jugar con el lenguaje, sino ayudar mejor a dar forma a conflictos, sentimientos o creencias, promoviendo el cambio, así como ofrecer imágenes de solución de problemas desde una nueva perspectiva.

Cambio de perspectiva: Puesto que todo asunto humano está mediado por el lenguaje y que el contexto verbal resulta envolvente, la ayuda pasaría por promover alguna forma de distanciamiento y desmantelamiento del contexto mismo; en algunos casos de redefinición radical del problema. El distanciamiento que se pretende consiste en situar a la persona en otra perspectiva respecto de su problema. En definitiva, el discurso analógico-metafórico puede propiciar una solución, o cambiar sustancialmente el enfoque del problema por otro, más adaptativo y funcional.

Ejemplo de metáforas en terapia

Un ejemplo de metáfora prefabricada a la que podemos recurrir en el caso de tratar a una persona con depresión es la siguiente:

Imagínate una gárgola en tu hombro, como las gárgolas son de piedra, esta gárgola de depresión te hunde y te dificulta moverte para realizar cualquier tipo de actividad. Además, te está constantemente susurrando al oído. Los mensajes son negativos, humillantes, te culpabilizan por todo. Si te encuentras mal, la gárgola te afirma rotundamente que así te sentirás siempre. Y lo peor es que tú te crees todo lo que te susurra. En las próximas semanas, deberás aprender a identificar cuáles son estos mensajes y ser consciente que vienen de la gárgola”.

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