Ser habilidosos en algo no solamente incluye tener conocimientos técnicos de la materia en cuestión ni practicar hasta la saciedad. Para ser ducho en la práctica de cualquier actividad, y más si hay otras personas implicadas en ello, es imprescindible atender a lo que desde hace escasas décadas se denomina habilidades blandas. ¿Qué son realmente las habilidades blandas y para qué nos sirve potenciarlas?

Las competencias del ser humano

El significado de las competencias tiene su origen en los estudios realizados por David McClelland en 1987, en donde analiza cuáles son los motivos que orientan, energizan, y determinan los comportamientos de las personas. Este autor hizo importantes avances identificando 3 sistemas motivacionales que nos encaminan a la acción: motivación por el logro, motivación por el poder, motivación por la afiliación.

Seis años después, y continuando con estos estudios, Spencer y Spencer señalan que la competencia es una característica del ser humano cuya causa está relacionada con un modelo de efectividad y/o con un desempeño superior en una situación de trabajo. Definen competencias como formas de comportarnos o de pensar que se presentan en distintas situaciones y que son generalmente estables en el tiempo. De esta forma agrupan las competencias en distintas categorías: Motivación, características físicas o respuestas consistentes a una situación, concepto de uno mismo, conocimiento y habilidad. De acuerdo a estos autores la parte visible y por tanto más fácil de identificar y de desarrollar son los conocimientos y las destrezas; y la parte no visible, y a su vez más difícil de desarrollar e identificar son: el concepto de uno mismo y los rasgos de personalidad.

Diferencia entre habilidades

A raíz de estas líneas de trabajo, las competencias o pueden ser clasificadas en dos grandes grupos según sus características:

  • Las llamadas habilidades duras, tradicionalmente representadas por la formación académica, que engloba los conocimientos técnicos aprendidos y la destreza específica de su práctica.
  • Y las habilidades blandas, que serían las que nos diferenciarían a unos y otros en la puesta en marcha de las habilidades duras: aptitudes, rasgos de personalidad, valores, motivaciones…

Por ejemplo, no es lo mismo aprender el código de circulación y el manejo de un vehículo (fruto de las habilidades duras), que posteriormente conducir prudente o temerariamente (desempeño práctico en el que las habilidades blandas están jugando su papel).

¿Qué importancia tienen las habilidades blandas?

Según el autor que consultemos puede que encontremos algunas diferencias, pero, en general, los investigadores se han centrado en la importancia de los beneficios que nos brindan las habilidades blandas a la hora de relacionarnos con los demás, sobretodo en el mundo laboral.

Por eso hay investigadores que han descrito las habilidades blandas enfocadas a atributos personales, esencialmente de tipo interpersonal, tales como: habilidades de trabajo en equipo, habilidades de comunicación, la ética, habilidades de gestión del tiempo, y el aprecio por la diversidad.

En 2014 el Diccionario Collins define el término habilidades blandas como “cualidades deseables para ciertas formas de empleo que no dependen de los conocimientos adquiridos: incluyen el sentido común, la capacidad de tratar con la gente, y una actitud positiva y flexible”.

En el siglo XXI, las habilidades blandas son importantes en todos los sectores. Así, mientras que las habilidades duras son conocimientos relacionados a la educación y nivel de experiencia, que permiten el manejo de datos, equipos y sistemas, las habilidades blandas como habilidades no técnicas e intangibles (gracias a las cuales podemos continuar aprendiendo, afrontar cambios y oportunidades), determinan el potencial de una persona como un líder, oyente, negociador y mediador de conflictos.

¿Cómo potenciarlas?

Ser una persona que se adapta a las circunstancias, que se autodirige, que presenta una sólida autoestima e integridad, se relaciona empáticamente, que desarrolla autocontrol, autonomía y que parece aprender continuamente no son aspectos con los que se nacen, sino que se hacen.

Pese a que las habilidades blandas hagan referencia a nuestras características de personalidad, se pueden desarrollar y afianzar a través de la práctica. Simplemente hay que tener en cuenta que:

  • Al contrario de las duras, el aprendizaje de una competencia blanda puede tardar muchos años.
  • Pueden entrenarse desde muy temprana edad.
  • Algunos rasgos de la personalidad pueden modificarse en función a los roles o experiencias que las personas afrontan a lo largo de sus vidas. El ser humano tiene la capacidad de auto-actualizarse.
  • Es muy importante brindar continuamente espacios de práctica, puesto que solo la repetición de lo aprendido consigue una automatización de la conducta. Sé constante.
  • Entender que se aprenden a través de una gran cantidad de experiencias en el mundo real, por lo que será importante la práctica dentro y fuera de la zona de confort.
  • Es importante escuchar la retroalimentación constructiva y positiva que puedan darnos las otras personas que nos rodean en la comunidad de práctica.

Apuntarnos a actividades artísticas, talleres de lectura, clubs de cinéfilos, debates, cursos de cómo hablar en público o acudir con regularidad a eventos donde se favorezca la comunicación, dominio del lenguaje oral y escrito, el lenguaje corporal, y habilidades de presentación y relación con el resto de personas, benefician la práctica con la que ir afianzando nuestras habilidades de comunicación interpersonal, el pensamiento crítico y la creatividad.

Formar parte de actividades que genera una filosofía de esfuerzo y logros compartidos, y un compromiso pactado con la colectividad antes que en lo individual, como deportes de equipo, colaborar con asociaciones que trabajan para un colectivo o proyecto común, voluntariados o actividades que requieran compromiso para conseguir metas de forma conjunta, facilitarán que podamos vivir otras realidades, afiancemos nuestros valores éticos, y entrenemos el deseo de aprender y crecer, manejo de conflictos, toma de decisiones, relación-colaboración y trabajo en equipo.

Por último, los juegos, ya sean competitivos o colaborativos, son otra estrategia importante para desarrollar habilidades blandas: ser justo y promover un trato equitativo y objetivo a todos los participantes, motivarse a desarrollar estrategias alternativas para poder acceder a la victoria, y el poder socializar disfrutando en compañía son aspectos que practicamos cuando jugamos. Aunque de adultos a veces se nos pueda olvidar, jugar es importante para el desarrollo de la auto-eficacia, auto-aprendizaje, y la reflexión sobre el rendimiento, además de favorecer el crecimiento de habilidades interpersonales como la cooperación, comunicación, y negociación, todas ellas necesarias para la resolución de problemas y construcción del liderazgo.

 

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