Si eres curioso/a y sueles acudir a textos o audios para entender mejor cómo poder ayudarte a ti mismo/a a cuidar de tu salud mental, habrás leído o escuchado muchas veces lo importante que es esto de identificar y entender tus necesidades, pero ¿en qué consiste esto y cómo se logra? Y es que a veces nos puede resultar una tarea realmente complicada de llevar a cabo. Vivimos tan deprisa, y a veces en un modo tan automático, que nos cuesta parar a ver qué necesitamos nosotros en las circunstancias en las que estamos.

Ampliar conciencia, descubrir y entender nuestras necesidades

Antes de meternos de lleno en explicar qué es lo que ocurre cuando tenemos una necesidad, debemos conocer brevemente el contexto desde el que estamos hablando y en qué se basa una de las corrientes que más ha tratado con esto de las necesidades humanas: la psicoterapia Gestalt.

El enfoque Gestalt hace énfasis en la visión de que cada persona es un ser creativo en constante crecimiento, capaz de guiar conscientemente su comportamiento para desarrollar su máximo potencial. En esta rama que bebe del humanismo, existe un profundo respeto hacia la persona, entendiéndola como un individuo único e irrepetible, capaz de encontrar por sí mismo las soluciones a sus problemas existenciales asumiendo la responsabilidad de manejar su propia vida.

La base de su metodología es la conciencia. Respalda la idea de que a medida que las personas vamos prestando atención a nosotros mismos a través de nuestra vivencia en el presente, ampliaremos conocimiento sobre nuestras propias necesidades y llegaremos a conocer cuál es nuestra verdadera experiencia.

No deja de lado la historia de la persona, sino que esa historia se mira desde el presente, es decir, que trata de aclarar cómo se viven o afectan los hechos pasados a día de hoy; ya que se entiende que la persona es quien es, entre otras, por lo que ha vivido. Así que a su vez, será realmente importante comprender con todo nuestro ser lo que significa vivir conscientemente en el presente (inclusive con nuestras reflexiones, planes y recuerdos que beben del ayer pero que tienen lugar hoy, ahora).

Para lograr ser más conscientes de nuestros estados emocionales, nuestras necesidades y lo que deseamos hacer con ellas en cada momento, un paso que resulta esencial será pasar a la práctica, exponernos a experimentar las diferentes vivencias que encontremos en nuestro camino; porque aunque tengamos un tablero y piezas de ajedrez, nunca lograremos aprender o mejorar nuestra estrategia si nos quedamos mirándolo, sin jugar.

Para los teóricos de este enfoque lo que importa es el individuo “real” en su mundo, la eliminación de la alienación en relación consigo mismo, con los prójimos y con el medio ambiente. Así que, la idea es que, podremos llegar a lograr un funcionamiento integrado si:

Sabemos lo que necesitamos; manteniendo el contacto con nosotros mismos y un compromiso íntimo en el que aceptamos lo que somos en cada momento presente.
Somos nosotros mismos en la interacción con los demás; ya que esto nos posibilitará desarrollar relaciones con los otros más genuinas, en donde nos legitimamos y legitimamos a los que nos rodean tal y como son.
Nos reconocemos como parte del medio; estando en contacto con nosotros mismos, con el ambiente y con las relaciones que se generan entre ambos. Identificando lo que está dentro de nosotros (Yo) y lo que está fuera (Tú).

Con todo ello, ser más conscientes de nosotros mismos (y de los otros) pasa por experimentar, aumentar el nivel de tolerancia al cambio, creer firmemente en la capacidad de elección y de autoactualización que nos caracteriza a las personas, comprometernos con nuestro Yo de ahora y poder identificar cuáles son sus necesidades, aquellas que, si las escuchamos, terminan dando sentido a nuestra existencia.

¿Sabías que cada necesidad es, en sí misma, un proceso?

Esto es lo que nos viene a contar el ciclo de satisfacción de las necesidades, también conocido como ciclo de contacto-retirada o ciclo de autorregulación, ya que nuestro organismo tiene un cariño natural por el equilibrio y éste se ve trastocado cuando emerge una necesidad, siendo el propio organismo el que tiende a reequilibrarse para de nuevo alcanzar la homeostásis.

Este concepto inicialmente formulado por el neuropsiquiatra y psicoanalista Fritz Perls, viene a ilustrar el proceso por el cual tomamos conciencia de lo que necesitamos y hacemos lo necesario para satisfacerlo o concluir la experiencia.

Es un modelo en el que tienen el mismo valor tanto las necesidades fisiológicas como las psicológicas, y que, en forma de círculo, representa la interacción que se da entre nuestro organismo y el entorno; el camino que recorre la energía desde el instante en que emerge una nueva necesidad hasta verse satisfecha o interrumpida por los diversos mecanismos de defensa que ponemos en funcionamiento.

Las fases por las que atravesamos cuando existe una necesidad son:

1. Reposo: Representa el equilibrio homeostático en el que en un comienzo se encuentra nuestro organismo, preparado para iniciar una nueva experiencia.

2. Sensación: La emoción o la necesidad origina un desequilibrio, esto se traduce a los momentos en los que identificamos internamente un “sentir físicamente algo” que todavía desconocemos, pero que provoca una tensión desde la cual comenzamos a organizar nuestro funcionamiento (pongamos un ejemplo de una necesidad fisiológica básica, sentir una sensación de vacío por la zona del estómago).

3. Toma de Conciencia: En esta etapa logramos aclarar con nosotros mismos el objetivo de nuestra sensación, lo que le pertenece a nuestro organismo y necesita satisfacer. Es el “darse cuenta” de que tenemos esa necesidad y no otra (identificar esa sensación de vacío con la necesidad de nutrirnos “tengo hambre”).

4. Energetización: Nuestro organismo reúne la energía indispensable para llevar a cabo lo que la necesidad demanda, planteándonos la acción y las diferentes alternativas con las que contamos para iniciarla (“¿Qué quiero comer? ¿Acudo a la nevera o mejor llamo para que me traigan comida a domicilio?”).

5. Acción: pasamos a la parte activa en la que conectamos con nuestro contexto, y movilizamos nuestro organismo hacia el objeto o fuente de satisfacción de nuestra necesidad (me dirijo a la nevera, la abro, cojo los alimentos que necesito y me preparo una ensalada).

6. Contacto: Se establece contacto real con el objeto asociado a la necesidad y lo resolvemos (me como la ensalada).

7. Realización: Se da por concluidos los pasos necesarios para satisfacer nuestra necesidad y experimentamos placer (hemos conseguido aliviar el hambre).

8. Retirada: Una vez satisfecha la necesidad se da por saldada y damos el proceso por concluido. Disminuye nuestra energía, antes movilizada, buscamos el reposo y volvemos a un estado de equilibrio a la espera de una nueva necesidad emergente (recogemos, limpiamos lo ensuciado y “a otra cosa”).

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Este proceso ilustra una necesidad que hemos satisfecho, en el que se entiende que no ha habido ningún tipo de interrupción. Pero no siempre se resuelven así nuestras necesidades, en ocasiones aparecen mecanismos de defensa que pueden entorpecer el camino y que forman parte de nuestro inconsciente. Hablamos de:

La postergación.

Que se da entre la fase de reposo y la de experimentar esa tensión que aún no somos capaces de catalogar, dejando para otro momento el poner atención a esta sensación y su posible lectura.
Desensibilización. Cuando bloqueamos nuestras emociones y preferimos no sentir nada.

Proyección.

Se da cuando no somos capaces de establecer claramente nuestros propios objetivos, a veces enmascarándolos, haciendo responsable al ambiente de lo que se origina en nosotros mismos (por ejemplo, cuando creemos que el otro es un egoísta por no querer hacernos un favor, quizás deberíamos plantearnos que cierto egoísmo nos pertenece a nosotros por no respetar su posición, y que el enfado con él o ella puede provenir de vernos cara a cara con tener que solucionar nosotros mismos nuestro problema).

Introyección.

Cuando utilizamos “los deberías” o “tendría que” que sentimos requisitos indispensables para llevarnos a la acción. Algo que suele frenar nuestro camino a la satisfacción de necesidades, porque solemos sentirnos dinamitados por nuestras propias exigencias.

Deflexión.

Cuando evitamos que nuestra energía localice el objeto que resolvería esa necesidad identificada y la dirigimos hacia sustitutivos. Suelen ser conductas de evitación o desviación (en este último caso, por ejemplo, una vez conseguida mi meta, sentirme insatisfecho porque “podía haberlo hecho mejor” o “me podría haber sentido más tranquilo haciéndolo”).

Confluencia.

Cuando perdemos los límites con los demás y nos disolvemos con ellos, es decir, hablamos del momento en que no distingo para qué, o mejor dicho, para quién estoy intentando resolver esta necesidad. Suelen ser muy recurrentes frases como “me da igual” o “como tú quieras”.

Fijación.

Cuando sentimos que no podemos evitar que la energía continúe su recorrido, quedándonos fijados a la permanencia, a la par que negamos la retirada (por ejemplo, seguir comiendo cuando ya no se tiene hambre).

Satisfacer nuestra necesidad

Una vez que hemos diseccionado el proceso que siguen nuestras necesidades, y conocemos algunos de nuestros mecanismos mentales que nos ponen la zancadilla, tenemos que entender que identificar nuestros anhelos más genuinos y procurar satisfacerlos es una gran tarea que se nos presenta a todos.

De hecho, la interrupción de necesidades importantes, da como resultado asuntos inconclusos que se manifiestan como ansiedad, dolor, insatisfacción, sufrimiento… Y al contrario, concluir el ciclo se acompaña de satisfacción, bienestar y refuerzo de nuestra identidad.

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Tengamos en cuenta que el esquema que hemos presentado muestra un único proceso, pero las personas, con el paso del tiempo y de las experiencias, vivimos una serie de necesidades encadenadas que se ilustrarían de la siguiente manera:

Así que las fases que se saltan o se bloquean forman la base de un funcionamiento aún falto por integrar, mientras que si vamos trabajando por entender nuestras necesidades, nuestra experiencia será una progresión de crecimiento, en la que sentiremos que cada vez somos más dueños de nuestra propio proceso.

En esa tarea, será importante distinguir lo que creemos que nos vendrá mejor a corto plazo (por ejemplo permanecer tranquilos, en nuestro círculo de confort) de una necesidad más íntima que juega realmente su papel a medio-largo plazo (como la de ampliar mi mundo interno, viajar y conocer otras maneras de vivir u otros lugares; o la de cuidarme de verdad tomando distancia o no accediendo a las peticiones de esa persona con la que a veces me siento realmente herida); porque a veces ambas pueden resultar incompatibles y, al elegir cuál satisfacer, tendremos que ser más conscientes de qué es lo que realmente deseamos.

Y en ese acto por concienciarnos de estar presentes, podemos hacer frente a nuestros temores y a la angustia, ocuparnos de ellos, y aprender a tolerar la relación con los sentimientos desagradables. Con la puesta en práctica, seremos capaces de permanecer activos a pesar de los obstáculos, no porque nos convenzamos de que todo marchará siempre bien, sino porque nos arriesgaremos sabiendo que la solución será tan satisfactoria como lo permita la situación y porque lo haremos lo mejor que sepamos con los recursos con los que contemos en ese momento.

Porque somos seres individuales que en la práctica de vivir en comunidad podemos llegar a realizarnos sin “disolvernos” en los demás, y lograr conservar nuestra esencia individual; pero para ello debemos escucharnos, entender nuestras necesidades, aislándolas de las de los demás (porque son las mías), y tratar de resolverlas con el mayor respeto, paciencia y cariño posibles.

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