O todo es bueno o es malo. O está bien, o está mal. O todo el mundo, o nadie. ¡¿Por qué somos tan absolutistas?! Lo descubrimos que es el pensamiento polarizado en la entrada del blog de esta semana.

¿Qué es el pensamiento polarizado?

El ser humano ha tendido siempre a clasificar y categorizar el mundo para poder ordenar y entender la gran variedad o “caos” de la realidad (en ocasiones es incluso necesario), es cierto. No obstante, hacerlo en exceso supone quedarnos muy cortos, parcelar y reducir a una pequeña parte la enorme variedad y diversidad.

El pensamiento polarizado o dicotómico es una distorsión cognitiva (¿no sabes lo que es una distorsión cognitiva? Te animamos entonces a leer antes la entrada ¿Qué son las distorsiones cognitivas?) o tipo de pensamiento irracional que hace referencia a la tendencia a verlo todo exclusivamente en los extremos o polos (o blanco o negro), como dos absolutos, sin términos medios (sin escala de grises).

Ejemplos de pensamiento dicotómico pueden ser los siguientes: “Todo me sale mal siempre”, “Nunca lo conseguiré”, “Nadie me hace caso”, “¿Me quiere.. o no me quiere?”, “O estás conmigo, o contra mí”, “Es mala persona”… Como bien comentábamos en el anterior post, uno de los mejores “trucos” para “cazarlo” fácilmente es que precisamente suele aparecer con palabras del tipo siempre/nunca, todo/nada.

Se trata, por tanto, de un pensamiento irracional (un pensamiento que no es cierto y que, además, nos suele generar malestar y nos suele bloquear o paralizar) o un error de pensamiento porque limitamos la realidad o a nosotros mismos, lo acotamos en exceso de forma que queda fuera de ese límite una gran parte de la realidad (que, además, la obviamos o no la tenemos en cuenta, como si no existiese, llegando a otro tipo de pensamiento irracional, el filtraje selectivo). Asimismo, tendemos también no sólo a ver el mundo en los dos opuestos, sino también a “encajar” las cosas que nos suceden en uno de los dos, cuando muchas veces no suele ser así. No todo es tan simple ni tan rotundo en la vida, ¿verdad? En realidad, todo forma parte de un continuo (entre esos extremos dos opuestos).

Cojamos uno de los ejemplos anteriores, “Todo me sale mal (siempre)”: ¿cuántas veces hemos pensado que no podríamos hacer ciertas cosas, y al final lo conseguimos? ¿Qué pasa entonces? ¿Dónde quedan los matices? O veamos otro ejemplo mejor: ¿una persona es 100% buena o mala en todas y cada una de las situaciones?

¿Por qué pienso así?

Aunque parezca obvio, más de una vez podemos sorprendernos a nosotros mismos pensando de esta manera sin darnos cuenta. Desde pequeños, aprendemos a poner nombre y a e entender el mundo que nos rodea y a nosotros mismos, en base a aquello que nuestras figuras de referencia nos enseñan sobre cómo funcionan las cosas. Y, tiempo después, de forma automática, vamos interiorizando ese discurso, esa forma de ver y entender el mundo y a nosotros mismos, generalizando, hasta que se convierte en un pensamiento automático (un pensamiento que aparece de repente, sin ser buscado, y la mayor parte de las veces sin darnos cuenta). Ya no hace falta que nos lo digan desde fuera, sino que nosotros pensamos que así funciona el mundo, y actuamos en consecuencia.

¿Puedo cambiar esta forma de pensar?

Rotundamente, ¡sí! Sin lugar a dudas. Es cierto que el pensamiento polarizado aparece de forma automática y cuesta darnos cuenta de su existencia (simplemente, pensamos así, nunca nos paramos a cuestionar siquiera que no sea cierto, como aparece por mi mente, asumo directamente que es así), pero una vez identificado, podemos cambiar nuestra forma de pensar precisamente así, sometiéndolo a duda, a prueba, a un debate. ¿Cómo? A través de preguntas que lo cuestionan, para darnos cuenta de que no es cierto (suele ser de ayuda pensar en porcentajes aproximados de las cosas) y, consecuentemente, cambiarlo por un pensamiento racional.

Es importante en este punto recalcar la idea de que todos nosotros (y sí, todos, en este caso no caeríamos en el pensamiento polarizado porque se ha demostrado que es cierto ;)) tenemos pensamientos irracionales, pero lo importante es darnos cuenta de ellos como primer paso para después modificarlos.

Sigamos con el ejemplo anterior: ¿qué pruebas tengo para pensar que siempre me pasa lo mismo, que todo me sale mal? ¿Al 100%? ¿No hay absolutamente nada que se me dé bien? ¿Siempre, en todas y cada una de las situaciones de mi vida, desde que he nacido? ¿Seguro? ¿Qué pruebas reales del pasado desmontarían este pensamiento –es decir, hay al menos una vez en la que pensaba que eso en concreto se me daría mal y al final resulta que lo conseguí-? Y en último término, ¿me ayuda en algo pensar así?

De esta forma, conseguiremos desmontar el pensamiento irracional, comprobaremos en primera persona que no es cierto y se caerá por su propio peso, ya que nos daremos cuenta de que la vida no es blanco o negro. Pero ojo, cambiar mi forma de pensar que he mantenido durante años requiere práctica, por supuesto.

En resumen, el pensamiento polarizado es un “error” de pensamiento que tenemos todos que consiste en ver el mundo en base a los extremos, sin tener en cuenta los aspectos intermedios. Ahora que ya lo hemos detectado, ¿empezamos a intentar modificarlo y ampliar miras?

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