¿Que caracteristicas ha de tener una dieta en pacientes con colon irritable?

El síndrome de intestino irritable (SII) es un trastorno funcional gastrointestinal muy frecuente con una alta prevalencia que repercute de manera sustancial en la calidad de vida, la productividad y la vida social de los pacientes; quienes en su mayoría son mujeres adultas jóvenes.

Para su correcto diagnóstico es fundamental una cuidadosa historia clínica que incluya el cumplimiento de los criterios de Roma IV, la exclusión de signos y síntomas de enfermedad orgánica y la realización de los exámenes complementarios que cada paciente individualmente requiera.

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Ciertos datos clínicos apoyan el diagnóstico de SII como son la cronicidad de los síntomas, la asociación con otros trastornos funcionales digestivos y no digestivos y ciertos determinantes psicológicos.

A su vez, este síndrome se clasifica en 4 subtipos según el patrón defecatorio predominante (escala de Bristol): SII predominio estreñimiento (SII-E), predominio diarrea (SII-D), mixto (SII-M) y no clasificado (SII-NC).

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Dieta en pacientes con colon irritable: problema o solución

La mayoría de los pacientes con SII asocian la ingesta de diversos grupos de alimentos con la aparición o exacerbación de síntomas, particularmente hinchazón y dolor abdominal; y aproximadamente el 84% de ellos manifiesta que sus síntomas son provocados por al menos un alimento.

Actualmente sabemos con certeza que las intolerancias alimentarias pueden jugar un papel importante en la causa y los síntomas del SII; por tanto es conocido el papel potencial de la dieta como desencadenante de los síntomas de SII.

Es muy frecuente que para evitar molestias, se excluyan alimentos de la dieta en pacientes con colon irritable por largos períodos de tiempo, se establezcan falsas relaciones causa-efecto entre la ingesta y la aparición de síntomas e incluso que se establezca una relación de temor a comer, ya que “todo sienta mal”. Todas estas conductas en definitiva conducen a un deterioro del estado nutricional y a una frustración al no poder encontrar alivio en los síntomas que se perpetúan en el tiempo.

Los pacientes, hasta el 62% hacen ajustes dietéticos, incluido un consumo reducido de productos lácteos, picantes, trigo, alcohol y ciertas frutas o verduras.

La presencia de los nutrientes en el tracto gastrointestinal afecta la barrera intestinal, la microbiota así como también la sensibilidad y la motilidad intestinal.

Esto puede ocurrir a través de interacciones directas entre los componentes de la dieta y los receptores de la mucosa intestinal que pueden haber sido sensibilizados a estos estímulos; además, son diversos y complejos mecanismos que interactúan a nivel intestinal, pudiendo jugar todos ellos un papel destacado en las molestias que padece el paciente: alteraciones de la flora intestinal, secreción de ácidos biliares y enzimas digestivas, cambios en la morfología de la mucosa intestinal, o una alteración en la señalización entre el intestino y el cerebro.

A nivel del colon, una respuesta motora aumentada a la ingestión de alimentos (hipermotilidad) y la hipersensibilidad colónica a la distensión también pueden contribuir a un aumento inespecífico de los síntomas abdominales después de comer, especialmente alimentos ricos en grasas.

En el SII la distensión resultante de la luz intestinal puede exacerbar la hipersensibilidad visceral. Muchos pacientes con SII reportan síntomas en respuesta a productos que contienen trigo, que recuerdan a la sensibilidad al gluten que caracteriza a la enfermedad celíaca, a pesar de la serología celíaca negativa y la morfología normal del intestino delgado; un fenómeno que se ha denominado “sensibilidad al gluten no celíaca”.

Aunque hasta el 20% de la población de pacientes con SII están convencidos de que son alérgicos a ciertos alimentos, la alergia alimentaria que implica una activación de anticuerpos mediados por IgE a un alimento proteína, no se ha relacionado de forma convincente con la patogénesis del SII.

Actualmente, se emplean dietas restringidas en carbohidratos fermentables, es decir, bajas en FODMAP (oligosacáridos, disacáridos, monosacáridos y polioles fermentables que mejoran los síntomas de hasta el 70% de los pacientes; y se tienen en cuenta las intolerancias presentes para individualizar el tratamiento.

Definitivamente la dieta en pacientes con colon irritable se convierte en parte fundamental del tratamiento integral del SII. Es importante destacar que existen fases en el tratamiento nutricional de este trastorno que va de menos a más; es restrictiva inicialmente para aliviar los síntomas. Inmediatamente después, se progresa en el tratamiento dietético reintroduciendo alimentos en respuesta a la tolerancia y sintomatología del paciente.

El tratamiento debe centrarse en el paciente quien es el mejor experto en su condición y con quien debemos consensuar los pasos a seguir.

La dieta en pacientes con colon irritable deja de ser el problema para convertirse en parte de la solución para mejorar la calidad de vida.

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