Hay gente que teme vacunarse, hay gente que se plantea no acudir a su cita de vacunación. Y no, no estamos hablando solo del miedo social que se ha creado por las famosas noticias ¨trombos y Astrazeneca¨ o la incredibilidad hacia el virus de una parte de la población. Hablamos de una fobia que coge peso en los tiempos que corren, hablamos de la fobia a las agujas.

El Covid y la fobia a las agujas

Al principio eran las imágenes de las famosas PCR. “¡Por dios!“, decíamos. “No quiero que me metan un palo así de grande por la nariz” aclamábamos. Nos causaba impacto ver las imágenes por la televisión, nos estremecíamos ante la idea de que esa prueba fuera posible que algún día nos la realizaran. Y así fue, un gran porcentaje de la población nos sometimos a la incómoda prueba (a veces, más de una vez), normalizando algo que hace unos años nos hubiera parecido ciencia ficción.

Ahora estamos en otra fase, las televisiones se inundan de imágenes de personas vacunándose, agujas y brazos por todos los lados. Imágenes que generan una importante aprensión en buena parte de la población: “No puedo ni mirar“, “Me entra debilidad solo de verlo“, “Las agujas parecen inmensas“.

Existen investigadores que afirman que esto podría obstaculizar el proceso de vacunación y alertan a la sociedad de una fobia que en estos tiempos se hace notar, quizá, más que nunca.

No estoy preocupado por la supuesta peligrosidad de algunas vacunas, en absoluto. Lo que no puedo asimilar, debido a mi temor a las agujas, es la imagen de alguien con una aguja enterrada en el músculo deltoides“.

Un análisis de una gran gama de estudios en Estados Unidos y otros países sobre este tema, realizado por investigadores de la Universidad de Michigan ha expuesto que entre el 20% y el 30% de los adultos citaron preocupación por las agujas.

Agujas y desmayos

Son muchas las personas que han experimentado mareos muy intensos o incluso desmayos en la realización de los análisis de sangre, y obviamente, ésta no es una experiencia agradable, marcando irremediablemente las siguientes experiencias con las agujas, condicionando éste escenario y creando un contexto ansioso para la persona.

Los desmayos son uno de los síntomas más temidos por las personas con fobia a las agujas, también llamada tripanofobia. Porque en general, los pacientes no temen el dolor que produce la inyección sino la alta ansiedad a la que se exponen y los síntomas asociados.

¿Por qué nos desmayamos ante las agujas?

Pues esto se produce, por lo que se produce tantas historias de amor y desamor, uno dice una cosa y el otro otra. En este caso, es nuestro cerebro y nuestro corazón los que entran en conflicto, nuestro cerebro dice ¨A¨ y nuestro corazón ¨B¨.

Nuestro cerebro y nuestro corazón son como un matrimonio bien avenido y como los buenos matrimonios tienen que estar en un dialogo continuo. En este caso, se tienen que poner muy de acuerdo en cual va a ser nuestra presión arterial y cuál va a ser nuestra frecuencia cardiaca. Normalmente se van a poner de acuerdo de forma fácil, pero en algunas ocasiones, como en todos los matrimonios, van a discutir, por ejemplo, cuando el cerebro se ve en una situación de peligro en el que considera que nuestro organismo va a ser dañado, es decir, por ejemplo, cuando vemos agujas.

En esta situación el cerebro ansioso le dice al corazón: “¡Estamos en peligro!” Y cuando estamos en peligro ( o eso cree el cerebro), tenemos que aumentar nuestra presión arterial y nuestra frecuencia cardiaca. Y el corazón en un primer momento va a hacer eso, hacerle caso. Pero a los segundos va a decir: “Vamos a ver ¿De qué estamos hablando? ¿en peligro de que?, creo que tenemos que bajar la presión arterial y la frecuencia cardiaca“.

Y aquí es donde viene el problema.

El cerebro de muchas personas, va a aceptar la crítica del corazón y se van a poner de acuerdo otra vez, sin embargo, por el contrario, están los cerebros que en este caso podemos bautizar como los “ofendiditos” que vienen a decir: “¿Cómo? ¿Qué tengo que bajar la presión arterial y el ritmo cardiaco? Perfecto, pero lo voy a hacer a lo grande“.

Así el cerebro va a mandar a su brazo armado, que es el nervio vago, encargándose éste de bajar la presión arterial y la frecuencia cardiaca de manera muy brusca.

Pero como en la vida real, cuando nos hacemos los ofendiditos, esto suele ir contra nuestra. ¿Qué pasa si bajamos de forma muy brusca la presión arterial y la frecuencia cardiaca? Pues que la sangre del corazón sale con menos fuerza y si la sangre sale con menos fuerza, llega bastante peor a todo lo que tenemos por encima del corazón, es decir, llegará peor a nuestro cerebro. Así que lo que nos pasará básicamente, es que nos va a llegar menos sangre al cerebro a causa de una brusca bajada de la presión arterial y de la frecuencia cardiaca.

Y aquí es cuando aparecen los famosos síntomas que todos los que padecen esta fobia conocen: palidez, sensaciones de calor, sudores fríos, mareos, oídos taponados, debilidad, nauseas o incluso desmayos.

¿Y cómo podemos evitarlo? Consejos ante la fobia a las agujas

Al final, como hemos mencionado, todo esto se basa en que nos llega poca sangre al cerebro ¿Y cómo podemos evitarlo? La gente que es propensa a este tipo de síncopes, llamados síncopes vasovagales puede seguir una serie de pautas en el ánimo de evitar el temido desmayo.

Técnicas previas a la exposición:

• Hidratarse previamente a la exposición a las agujas, es decir, estar muy hidratado para tener un volumen mayor en el cuerpo de sangre y permitir que la sangre llegue con más facilidad a la cabeza.

• Practicar técnicas de relajación y respiración en el momento previo e in situ, para favorecer la disminución de los niveles de ansiedad y evitar así, en la medida de los posible que el cerebro mande éste tipo de ordenes al corazón.

En el momento de la exposición:

Reconocer los síntomas iniciales, como suelen ser el sudor frio o el calor intenso e intentar en ese momento favorecer que la sangre llegue a nuestro cerebro con mayor fluidez. ¿Cómo?

1. Cerrar los puños, apretarlos y estirar hacia fuera (postura indicada en la imagen) para así aumentar nuestras resistencias vasculares y permitir que la sangre llegue mejor a nuestro cerebro .

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2. También podemos cruzarnos de piernas y apretarlas, consiguiendo así que la sangre suba para arriba.

3. Ponernos de cuclillas o bajar la cabeza entre las rodillas.

4. Si esto no funciona, tendremos que tumbarnos y que nos suban las piernas hacia arriba.

¡Recuerda! Si conoces tu fobia a las agujas y tu predisposición a padecer síncopes vasovagales házselo saber a tu médico o enfermero. Así, generalmente, pinchan a las personas en posición decúbito supino, es decir, tumbadas y además amenizan la experiencia, ayudando a minimizar de manera significativa la ansiedad del paciente.

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