Una de las creaciones más maravillosas y artísticas que hemos logrado los seres humanos para comunicarnos entre nosotros a gran escala es el cine. Así que hoy queremos recomendaros (sin spoilers) 5 películas sobre psicología que merecen la pena ser vistas, metrajes de los que podamos extraer aspectos psicológicos sin caer en trastornos mentales concretos.

Resulta impresionante cómo equipos de personas que trabajan detrás de los relatos y devenires de personajes ficticios, bandas sonoras e imágenes, consiguen que los espectadores podamos vibrar, identificarnos o simbolizar conceptos; que lleguen hasta nosotros a través de las emociones y que nos muestren fenómenos culturales o psicológicos a través de su ficción. Estas 5 películas nos hablan de lo que hay detrás de nuestras experiencias por el paso de la vida.

Pequeña Miss Sunshine

(Jonathan Dayton y Valerie Faris, 2006)

De primeras, las escenas de los Hoover pueden asemejarse a una jaula de grillos. Se trata de una familia desestructurada en la que cada personaje aportará su granito de arena al caos. Desde una mirada cómica veremos crudas realidades como adicciones, obsesiones, depresión, problemas económicos, sentirse fuera de lugar, fracasos y frustraciones, que se encarnan en este grupo de personas que bien puede reflejar distintas formas de vivir en nuestra misma realidad.

La pequeña de la familia tiene la oportunidad de participar en un concurso de belleza infantil, y todos sus familiares, aparentemente desencontrados, se unen para que pueda cumplir su sueño. Hacinados en una destartalada furgoneta Volkswagen amarilla comenzará su periplo cargado de sorpresas.

Percibiremos que cada personaje tiene su propia lucha, dolor y fracasos y que, a pesar de ello, se esfuerzan por superar. ¿La clave? El cariño y apoyo que se irán demostrando unos a otros en esa lucha individual por conseguir afrontar sus propias realidades. Mostrando que el núcleo duro de esta familia desestructurada, en definitiva, es el interés por el otro y la unión que esto les brinda.

Es una película enternecedora que desprende aceptación de las diferencias individuales, unión y coraje. Para recordar cuando nos encontremos con esa sensación de inseguridad que a veces nos provoca el miedo a fracasar en lo que deseamos proponernos. Su enseñanza: tener miedo y seguir adelante, incluir el fracaso como parte del proceso de aprendizaje y consecución de metas, permitiéndonos compartir nuestros temores y deseos con los demás, así como apoyarlos a ellos cuando estén en situaciones similares.

Joker

(Todd Phillips, 2019)

Película que nos presenta y da a conocer cómo fue la vida de este villano antes de presentarse como tal en los comics de Batman, de hecho, es una historia que trata más el personaje que hay detrás del agente del caos y su proceso de transformación hasta llegar a lo que ya se podía conocer de él.

Antes de nada y por las dudas, es importante aclarar que una persona con tendencias psicopáticas o con un trastorno de la personalidad antisocial no termina sí o sí siendo un asesino. Es tarea de todos informarnos y desestigmatizar algo tan presente en nuestra sociedad: la enfermedad mental no se trata de un factor asociado a conductas violentas como si de causa efecto se tratase. Dicho esto, y dejando a un lado el posible diagnóstico y trastorno de nuestro protagonista Arthur Fleck, encontramos aspectos psicológicos muy interesantes en esta película.

Nos puede sonar esto de vivir con una máscara, mostrándonos sonrientes cuando en realidad lo que sentimos es una profunda tristeza. En nuestra sociedad actual nosotros también nos esforzamos por aparentar que somos felices constantemente como nuestro protagonista, pintándose una sonrisa permanente que no refleja lo que sucede en su mundo interno.

Además, como espectadores puede parecernos inquietante que podamos sentir empatía por un personaje que comete actos tan violentos, pero así lo consiguen en el film. Pese a que Arthur trate de salir a flote en su vida y manejarse con lo que le rodea, cuenta con pocas herramientas; es en este momento cuando nuestra moralidad puede que se flexibilice al descubrir cuánto puede llegar a sufrir una persona a la que su contexto rechaza, ridiculiza y maltrata, sumado al abandono que sufre por parte de las instituciones y sistema de salud.

La película logra que nos pongamos en el lugar del otro y descubramos, con impresión de injusticia, los factores que pueden preparar y detonar a un individuo con escasos recursos personales su desesperación y sensación de desamparo absoluto, dirigiéndole hacia el resguardo de la violencia. Y es que, a pesar de que se trata de una historia de ficción, en nuestro mundo este tipo de situaciones también se dan en personas que sienten un vacío existencial severo, que reciben socialmente indiferencia, incomprensión y abandono, en vez de la atención y apoyo necesario como para continuar manteniéndose en lo adaptativo. Es la estructura social a la que pertenecemos todos, y el cómo la manejemos, la que puede acrecentar la sensación de desarraigo a la realidad comunitaria de estas personas, que, en más ocasiones de las que nos gustaría, terminan encontrando pertenencia y pertinencia en la subcultura criminal.

Un Monstruo viene a verme

(J.A. Bayona, 2016)

Seguro que en más de una ocasión con alguna de las historias ficticias que hemos visto en el cine o en casa nos hemos sentido identificados de una u otra forma, emocionándonos con su banda sonora, poderío visual o el devenir de sus personajes. Un monstruo viene a verme es una adaptación de la novela A Monster Calls, de Patrick Ness, y es una de esas películas que no nos dejan indiferentes.

Connor O’Malley es el niño de 12 años que, con la ayuda de un monstruo y cuatro historias, entenderá y se enfrentará a sus miedos. Un proceso complejo que se entremezcla con imágenes de un mundo de fantasía de gran belleza. A pesar de que se trata de la historia de un chico, “un chico demasiado mayor para ser un niño y demasiado joven para ser un hombre”, y de cómo intenta sobrellevar situaciones complicadas en su fuero juvenil, conectamos emocionalmente con él. Sentiremos la confusión y lo inesperado, la falta de control frente a los acontecimientos que supone vivir, la impotencia y el sufrimiento de nuestro protagonista, emociones que también experimentamos como adultos.

Esta historia nos habla por un lado del sentimiento de indefensión que podemos llegar a experimentar ante acontecimientos en nuestra vida que se nos hacen difíciles, creyendo que no podemos hacer nada para cambiarlo. De hecho, podemos comprobar cómo la aparente falta de miedo parece ser la actitud general de Connor ante la vida. Y por otro lado nos habla del miedo. Un miedo que, ya sea infantil o adulto, nos paraliza, confunde, carga de rabia y frustración, y que se siente como una emoción tan devastadora que negamos lo que deseamos en el fondo, a veces mintiéndonos a nosotros mismos por no querer o no ser capaces de aceptar algo que nos duele.

Un monstruo viene a verme es la escenificación del no poder tener controlado lo que sucede, pero sí decidir qué hacer con ello: agarrarnos con fuerza y negar o aceptar y soltar. Un proceso en el que expresar, tomar conciencia y despenalizar las intensas emociones que nos generan las situaciones que se están viviendo, será lo que nos ayude a crecer.

Las mujeres de verdad tienen curvas

(Patricia Cardoso, 2002)

Además de representar la presión de lo estético en nuestra sociedad actual tanto en los hombres como en las mujeres (algo de lo que tanto parece que deseamos huir, o no), aparece ante el espectador la diferencia de inquietudes entre distintas generaciones, de los deseos y preocupaciones que les abordan. Diversas maneras de ver la vida y lo que consideran que debe o no acontecer en ella.

Ana es una chica que está a punto de acabar los estudios de secundaria y es la primera de su familia que puede atreverse a soñar con ir a la Universidad. Sin embargo, su madre, que será la coprotagonista de esta historia, tendrá otros planes para ella encarnando unos valores muy distintos a las de Ana.

Este viaje cinematográfico nos invita a reflexionar acerca de las expectativas que colocamos en los seres queridos y, observándolo desde el lado opuesto, la presión que podemos llegar a sentir por querer cumplir con lo que se espera de nosotros. Cuando la situación se configura como una elección entre cubrir tus necesidades o las mías ¿qué elegir y qué consecuencias esto puede conllevar? ¿Hasta qué punto renunciar a nuestros deseos porque el otro no se sienta recompensado en lo que espera?

En esta relación madre-hija el chantaje emocional es algo que está muy presente; algo que es fácil de ver en esta historia de ficción, pero puede resultar complejo de identificar en historias de nuestra realidad. Y es que mientras se permanezca bajo su dominancia, las consecuencias pueden ser sentirnos frustrados y poco partícipes del rumbo que deseamos tomar con nuestra propia vida, sensaciones de poco control y de ausencia de responsabilidad personal sobre nuestra toma de decisiones.

La mayoría de las ocasiones no es que nuestro ser querido decida conscientemente coartarnos y poner un techo a nuestro propio desarrollo. Posiblemente deseen protegernos y que tengamos una vida grata. Pero no perdamos de vista que siempre será desde su parecer y su manera de valorar lo que es la vida para él o ella, algo que no tiene por qué coincidir con la nuestra.

Parásitos

(Bong Joon-ho, 2019)

Estamos ante una película coreana en la que no extrañaremos discrepancias culturales, es más, el eje central que relata esta historia acerca de la diferencia entre clases sociales puede que no lo sintamos como algo tan lejano a lo que puede suceder en occidente.

Parásitos nos cuenta la historia de dos familias y cómo llegan a conocerse: los Kim, una familia que vive en un piso en el entresuelo, en condiciones de salubridad dudosas, intentando buscarse la vida y las “comodidades” como pueden; y en contraposición los Park, una familia con un gran poder adquisitivo que viven acomodados en una preciosa casa y que contratan diferentes servicios domésticos y personales sin dificultad.

El resultado final es una entretenida comedia, en ocasiones tirando de humor negro, a pesar de reflejar una realidad tan dramática. Mentiras y engaños se sucederán uno tras otro, como tomas de decisiones y búsqueda de soluciones extremas para salir delante en situaciones de supervivencia. Y es que, cuando al nacer ya parece que una parte de nuestro camino está pautado por nuestra clase social, los Kim intentan luchar contra todo pronóstico, con las artes que hagan falta, más allá de lo moral. Algo que no deja de ser una muestra de persistencia y proactividad para cambiar su “destino”.

En varias ocasiones también se habla de la importancia de tener un plan. Programar lo que hay que hacer para conseguir el objetivo deseado. Sin embargo, la historia nos muestra cómo a veces la realidad conlleva factores que no habíamos imaginado dentro de la situación, aspectos sorpresivos con los que no contábamos y que reflejan una realidad más que vivida por todos: la necesidad de flexibilizar, desarrollar nuestra creatividad y poder tomar decisiones rápidas, ya sean acertadas o no, para afrontar la sensación de pérdida de control en la que nos podemos ver inmersos a pesar de tener nuestro plan. Porque para conseguir nuestros propósitos es necesario un plan y ponerle esfuerzo, pero también librarse de la vergüenza, desarrollar el ingenio y saber que, por naturaleza, seremos capaces de sobrevivir a los envites.

Porque, más allá de lo evidente, esta historia nos hace cuestionarnos quiénes pueden llegar a ser los verdaderos parásitos.

Share This