¿Que es la escritura terapeutica?

Hoy en día es bastante común entrar en contacto con el estrés y la ansiedad. Los cambios acelerados de nuestra sociedad, a los que se añaden características situacionales y personales de cada uno, pueden darnos más de un dolor de cabeza.

Una buena opción para acercarse a la ansiedad de forma constructiva es la escritura terapeutica. Desde tiempos antiguos las escrituras han sido parte de una necesidad en la evolución humana, llegándose a desarrollar el arte de la literatura. Antiguamente era común el desarrollo de la escritura vivencial, manuscritos que expresaban el sentir y vivencia de una persona. Algunos de ellos narraban la enfermedad y se cree que el principal motivo no era transmitir el dolor sino apaciguarlo y calmarlo mediante su externalización.

La escritura terapeutica puede servir como un primer paso en el proceso de hacer algo para sentirte mejor. De hecho, en el contexto de una terapia psicológica, es muy habitual su uso como herramienta terapéutica. Cuando logramos darle forma al malestar mediante la escritura, el proceso mental que este ejercicio supone es por sí mismo una forma de atacar al problema.

Veamos algunos de los beneficios de la escritura terapéutica:

  • Descubrimiento y comprensión emocional
  • Expresión de emociones retenidas
  • Aumento de una sensación de bienestar, de alivio y mejoría
  • Desarrollo de la creatividad y la motivación
  • Correcto manejo del estrés
  • Beneficios sobre el sistema inmunológico
  • Aumento del autoconocimiento y el autocontrol

Varios estudios confirman estos efectos positivos. El psicólogo social James W. Pennebaker, de la Universidad de Austin, ha realizado un exhaustivo análisis acerca de la escritura terapéutica encontrando que, por estos motivos, el ejercicio de expresar pensamientos y sentimientos de forma escrita puede ayudar a quienes experimentan síntomas de ansiedad y depresión o situaciones personales de dolor, como podría ser la pérdida de un ser querido.

Pennebaker postula que experimentar un suceso traumático y no conectar y expresar las emociones asociadas puede llevarnos a la somatización y, por lo tanto, a necesitar ayuda médica; mientras que expresar la propia visión sobre los problemas experimentados está asociado a menores consultas por malestar fisiológico.

Necesitamos que nuestra mente asigne un significado a lo que ha ocurrido para que pueda descansar. Según Pennebaker, el hecho de escribir ayuda a que nos obliguemos a ordenar los pensamientos de forma coherente, dando por tanto esta sensación de sentido a las cosas. Además, el utilizar concretamente determinadas palabras como “porque”, “entender”, “no” o “causa” tiene una consecuencia directa sobre la capacidad del relato para ordenar las ideas, ya que implican un esfuerzo cognitivo por parte de quien las escribe.

CUATRO CONSEJOS PARA SACARLE MAYOR PARTIDO A LA ESCRITURA TERAPEUTICA

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En su libro Expresive Writing: Words that heal, sintetiza cuatro consejos para sacarle el mayor partido a la escritura terapéutica:

1. Pregúntate cuánto tiempo llevas sintiéndote así.

Si la respuesta automática es “demasiado”, es momento de pedir ayuda. Comenzar a escribir puede suponer el primer paso.

2. Comprométete a escribir al menos veinte minutos durante cuatro días consecutivos.

Los estudios muestran que es el tiempo suficiente para construir un relato coherente sobre aquello que provoca el malestar.

3. Escribe sin parar a fijarte en la sintaxis ni en la ortografía, ni tampoco en si lo que estás escribiendo puede ser entendido por alguien más.

Esto es algo personal que tiene el objetivo de servirte a ti.

4. Intenta construir una narrativa que conecte con otros aspectos de tu vida.

Repasa lo que te está pasando en relación a aspectos importantes como tu trabajo, tus relaciones familiares y afectivas, u otras áreas que puedan dar contexto a tu relato. A veces resulta útil estructurar el relato mediante un inicio, un desarrollo y un final, como si fuese verdaderamente una historia.

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